—¡SEÑORITA!... ¿Q-Qué hace usted aquí?
Katherina mira al hombre ignorando su pregunta y esperando una respuesta a la pregunta que dejo en el aire, Pero en lugar de eso, Germán volteo a ver a su mujer con disgusto.
—¿En qué mierda te metiste ahora, Carlota?, acaso no sabes lo que nos va a pasar si el señor Bouvier descubre que sacaste a la señorita Katherina de la mansión...
—Lo sé, lo sé —suspira largo y tendido mientras sus menos se despegan del volante para deslizarse por su cabellera en un claro signo de preocupación.
—¿Entonces?
—No podía dejarla hay... Yo le prometí a su madre protegerla; y soy capaz de hacerlo con mi vida de ser necesario.
—¡Maldita sea Carlota! Esa mujer está muerta, y a diferencia de nosotros, ella no necesita dinero para sobrevivir...
*Breve silencio*
— ¿Qué le vamos a mandar a Rodrigo si ambos nos quedamos sin trabajo? O es que ahora crees que tú madre se encariño con el niño y asumirá sus gastos hasta que encontremos otro empleo.
—¡Claro que sé que mi mamá no le compraría ni un caramelo a Rodrigo si no le enviamos el dinero para eso... Pero no podía quedarme sin hacer nada. Tú mismo escuchaste lo que planea el sr. Bouvier.
—Eso no es nuestro problema, Carlota.
— ¡Si es mi problema, ok!
—¡Ella no es tu hija!
—Yo solo quería ayudar y luego fingir inocencia... —dice desviando su mirada hacia abajo.
—¡Já!... Como si fuera tan simple. Sobre todo tratándose de ti.
—Bueno, ¡YA ES SUFICIENTE! — grita Katherina llamando la atención de Germán y Carlota— Primero —mira fijo a German— no olvides que "esa mujer" a la que te referiste es mi madre, y bastante que les ayudo... A ambos. Así que no la menciones tan descuidadamente.
—Ella no nos hacia ningun favor. Solo pagaba lo que debía —masculla con mucho enojo.
—¿Lo que debía?
—Asi es.
—¡Cállate ya, German! — ordena Carlota después de lanzarle un manotazo al hombro.
— Déjalo hablar, nana.
—Son cosas del pasado y no es necesario que usted esté al tanto de nada...
—¿Según quien?
—Su madre...
La curiosidad de Katherina se aviva ante las respuestas de Carlota, pero cuando está por iniciar un insaciable interrogatorio, el teléfono en su bolsillo comienza a vibrar y ella desvía su atención hacia el aparato.
—Mierda, por un momento olvide por completo que tenía otros planes —musito con resignación Katherina al entender que la conversación que tenía ya no podra seguir.
Katherina vuelve a guardar el teléfono dentro del bolsillo de su pantalón y al levantar su cara, consigue a Carlota haciéndole muecas raras a Germán, y este solo negaba con su cabeza repetidas veces.
—Carlota —la señora vuelve su atención a la joven— no te voy a preguntar nada porque Damián está esperando por mi... Pero ni creas que lo voy a dejar en el olvido.
—Si bien es cierto que, Ya sea ahorita o en otro momento, usted tiene todo el derecho a preguntar todo lo que quiera, sin embargo, que lo haga no significa que yo le deba una respuesta.
—Yo si te puedo responder todo lo que quieras...
—¡Germán! —exclama Carlota en un intento de regaño.
El hombre solo se cruza de brazos y voltea su cara hacia la ventanilla cuan chiquillo molesto.
—Como sea.
Katerina exhala con sus ojos cerrados antes de hablar.
—¿Podemos seguir con el plan que teníamos, o tendré que bajarme y conseguir un taxi?
—Que consiga un Taxi me parece muy buena idea —suelta Germán con desdén.
—Nada de eso. Dije que la ayudaría y eso haré, mi niña —German carraspea con evidente disgusto pero Carlota lo ignora totalmente y enciende de nuevo el motor para volver a ponerse en marcha.
[...]
El trayecto hasta el restaurante de los Bouvier fue bastante incómodo y silencioso.
—Señorita vuelva a cubrirse con la manta por favor —pide Germán con fingida amabilidad al ver que están por entrar al área de descarga del restaurante y cualquiera puede verla.
—Y está vez asegúrese de no dejar su cabello afuera. Recuerde que van a bajar la mercancía y dudo mucho que los chicos de aquí sean tan despistados como mi marido.
Carlota le guiña un ojo a Germán en un intento por calmar su ira pero este solo la mira con desprecio.
Carlota estaciona la minivan en la parte de atrás del restaurante y un par de chicos salen a su encuentro.
Katherina levanta un poco la manta para ver a su alrededor, y lo primero que ve es a un par de gemelos detenerse frente a la puerta del piloto. Carlota baja y estos se abalanzan sobre ella en un abrazo de grupo.
«Si que han crecido ese par de lagartijas feas»
Piensa Katherina al ver a los jóvenes. Tenía tiempo que no los veía, pero no podía no reconocer al par de chiquillos que la llenaban de barro cuando Carlota los llevaba a la mansión para que jugarán con ella.
—Carlota, hermosa Carlota. Hace mucho que no venías por aquí... —dice uno de los gemelos abrazándola con más fuerza.
—Si... Nos abandonaste por esa chiquilla rica.
—Jajaja... Mi niña es mayor que ustedes, ¿Por qué le sigues diciendo chiquilla, Dennis?
El joven se encoge de hombros sin soltar el abrazo.
German también baja del vehículo y jala a ambos chicos por el cuello de la camisa para despegarlos de su mujer.
que
—Ella es hermosa Carlota solo para mí. Para ustedes es señora Martinez.
Ante la divertida escena, Las palabras que antes dijo Germán: "acaso no sabes lo que nos va a pasar si el señor Bouvier descubre que sacaste a la señorita Katherina de la mansión" hacen eco en la cabeza de Katherina.
«No puedo arrebatarle esto a quien lo ha dado todo por mi. Nana no solo va a perder su trabajo si papá se entera de que me está ayudando»
Con la imagen de su nana riendo mientras Germán jala a los chicos como si fueran sanguijuelas pegadas al cuerpo de su mujer, Katherina decide bajar de la minivan y alejarse sin pedir más ayuda.
No obstante, cuando está por abrir la puerta, su cabello cae sobre su hombro y ella lo ve como si este fuera su enemigo.
«¿Y como oculto esto?»
Soltó en su mente después de caer en cuenta que fácilmente la podían reconocer al ver su cabello colorado.
Tenía que hallar una solución y rápido. Y tal como si Díos hubiera escuchado sus plegarias mentales, una chaqueta negra que Germán dejo sobre el respaldo del asiento del copiloto brillaba ante sus ojos como si le dijera: "usame".
—Con lo mal que le caigo seguro que la va a quemar cuando se entere que la use—musita para si misma mientras se ponia la chaqueta.
Una vez se aseguro de que su cabello quedará completamente oculto bajo la capucha de la chaqueta se bajo de la minivan y camino con sus manos metidas dentro de los bolsillos de la chaqueta.
—¡Hey, tú! —le llamo una voz masculina desde atrás.
Katherina no volteo a ver de quien se trataba, solo se detuvo temiendo ser descubierta y devuelta a su casa sin tener la oportunidad de ver a Damián.
—Esta área es solo para el personal del restaurante.
—Entiendo —dijo antes de alejarse a toda prisa.
[...]
Katherina camino un par de cuadras antes de decidir levantar la mano para hacer detener a un taxi.
—A dónde la llevo, señorita —prgunto el conductor una vez Katherina se subió al taxi.
—E-Ehhh...
*Silencio*
—¿Es turista? ¿No habla ingles?
Katherina estaba indecisa porque no tenía nada de dinero en efectivo; intento entrar a su cuenta bancaria pero su contraseña había sido cambiada así que asumió qué sus tarjetas de créditos tambien fueron congeladas por su padre.
—No soy turista, pero será que le puedo pagar al llegar.
*El taxista se ríe*
—Pues es así como funciona esto.
—Creo que usted no me entiende.
—Señorita, así funciona el sistema: usted me indica la dirección, y al llegar cancela lo que marque el taxímetro —explica con tono burlón.
—Si. Lo sé. Yo me refiero a que yo no le voy a pagar si no la persona que espera por mi.
El taxista se lo piensa un poco pero termina cediendo ante la mirada suplicante de Katherina.
—Esta bien. Siempre y cuando no salgas corriendo al llegar no tendremos problemas.
—No se preocupe —le sonríe agradecida.
[...]
Después de una hora de viaje, finalmente Katherina estaba a punto de encontrarse con Damian.
—Donde la va esperar la persona que me va a pagar.
—Ehhh...
Katherina comienza a buscar con la mirada a Damian a través de la ventanilla mientras el auto sigue en movimiento.
—No estás intentando buscar la forma de bajar sin pagar... ¿No es así?
—Claro que no, señor —sigue buscando con la mirada— solo déjeme hacer una llamada.
—Esta bien. Pero solo para que sepa, no me voy a detener. Si planeas huir no será tarea fácil.
—Si si. Está bien.
Katherina marca el número de Damian y luego de dos repiques, el contesta:
Llamada:
Damian: ¿No vienes? —cuestiona con voz triste.
Katherina: ya estoy aquí pero no te veo por ninguna parte.
Damian: ¿En serio?
Katherina: si, pero hay un problema.
Damian: ¿Qué problema?
Katherina: estoy en un taxi, creo que mi papá ha congelado mi cuenta ... Necesito que le pagues al taxista.
*Damian suspira*
Damian: Pensé que me dirías otra cosa —rie aliviado— ¿Dónde están?
Katherina: Dando vueltas alrededor de la plaza porque el taxista no se va a detener hasta que te veamos.
Damian: ¡oh, vaya!, ya voy para allá.
*Se escucha como una puerta se abre y luego bullicio*
Katherina: date prisa amor.
Damian: oye... Te amo.
Katherina sonríe como tonta aunque Damian no la puede ver.
Katherina: yo te amo mucho más.
Fin de la llamada:
—¿Y? ¿Su enamorado ya viene?
—Si, señor —katherina distingue a Damian entre la pequeña multitud— allí está.
—Bien. Me voy a estacionar por aquí solo porque estoy confiando en ti, niña. No me hagas arrepentirme.
—Claro que no, señor.... Y muchas gracias.
Damian finalmente se acerco al taxi, canceló el monto que marcaba el taxímetro y Katherina se bajó del auto totalmente embobada por la imponente presencia de su novio.
[...]
—Entonces tu papá te bloqueo todo el acceso al dinero.
—Si.
—Bueno —la abraza— ya estás aquí y eso no lo pudo evitar.
—Si, Pero no tuve tiempo de ir a buscar lo que te quería regalar.
—¿Y eso era?
—Lo sabrás cuándo te lo entregué.
—Esta bien —dice al tiempo que la alza en volandas y gira lento.
—Me vas a marear.
—No seas exagerada —se detiene y la baja con cuidado para terminar dejando un pequeño beso en su frente.
—Mmmm.... Amor.
—¿Si?
—¿Para que querías que nos encontramos hoy? tu también estás al tanto de lo que mi papá está planeando...
—Yo solo necesitaba verte.
—Que tonto. —Sonrie tierna.
—Pero que planea tu padre, digo, aparte de dejarte sin dinero.
—Casarme.
—¿Como que casarte? No estamos en el siglo diecinueve...
—No sé mucho. Carlota y Germán no me dijeron mucho. Solo sé que es el hijo mayor de los Hoffmann.
—¿¡Qué!?... ¡Acaso tú papá perdió la cabeza!
—Supongo —suelta cabizbaja.
—¿Y tú qué piensas?
—¿Como que que pienso, Damian? —expresa enojada— obviamente estoy en contra. Si me voy a casar va a ser contigo y con nadie más.
Damian le regala una amplia sonrisa llena de satisfacción.
—Entonces me alegra haber traído esto conmigo.
Katherina, sin enteder lo que está pasando, ve como Damian se arrodilla ante ella y saca del bolsillo interno de su americana una pequeña cajita de terciopelo.
—¿Que está pasando, Damian? —pregunta, aún cuando su mente se ha anticipado a la respuesta.
Damian está nervioso, ella lo sabe por su sonrisa al revés pero cuando el abre la cajita y ve el contenido, se queda totalmente sin palabras.
—¿Quieres casarte conmigo, Katherina Bouvier?