Ariel
A la mañana siguiente. No puedo moverme, los brazos de Renzo me tienen atrapada, como si me fuera a escapar.
Tengo ganas de hacer pis, necesito moverme. Él duerme como angelito, a cualquiera engañaría si lo vieran así.
Con un poco de fuerza, logro salir, veo mi móvil, faltan 15 minutos para que suene mi despertador.
Me voy al baño, hago mis necesidades, me cepillo los dientes, me lavo mi rostro y salgo. Cojo mi móvil y tomo un par de fotos a Renzo, se le ve tan tierno abrazado a una almohada.
Empieza a sonar mi móvil y el empieza a moverse. No abre los ojos. Solo murmura.
— Levántate pequeña demonio — Dice sacudiendo la almohada que puse en mi reemplazo. Es bastante gracioso.
— Al escuchar mi risa, por fin abre sus ojos y me ve parada frente a él, mira a la almohada y sacude su cabeza. — me engañaste — Se queja. Respira hondo, se para y empieza a perseguir — Ven aquí, no te salvas de las cosquillas.
Corro por el departamento, rodeamos la mesa del comedor, los sillones, él es más alto y más rápido, estoy por entrar a la habitación y cerrar la puerta pero el coloca su pie.
— Empuja la puerta y yo retrocedo — Te tengo.
— Lo siento, fue una broma — choco con el filo de la cama, ya no tengo donde más.
— ¿Me tomaste una foto o me firmaste? — Pregunta casi a punto de colocarse frente a mi.
— Foto, nada más. — Confieso.
— Bien, entonces seré bondadoso contigo. — Me caigo hacia la cama, sus rodillas se colocan a cada lado y él empieza a hacerme costillas. Me retuerzo por la sensación.
— Basta, ya suficiente — Me rio y tanto es que me salen lágrimas. Es mi punto débil. Y siempre que dice que me va a castigar me hace lo mismo. —Renzo... — Digo con voz ahogada.
— Un carraspeo de garganta, hace que él se detenga. — ¿Que está pasando aquí? — La voz de Antonio resuena, no tanto acusatoria sino más de burla. Sabe que debo haber hecho algo malo.
— Hermano — Él gira y vemos a la pelirroja detrás de él. Quien se tapa el rostro. Debe ser porque Renzo está en boxer.
— Pónganse ropa decente los dos, los esperamos afuera para el desayuno.— habla Anto antes de cerrar la puerta de la habitación.
Ambos nos reímos.
— Salvado por la campana. — Me señala Renzo.
— Eres malo, casi me orino de tanta risa. — Me levanto, cojo mi ropa y me dirijo al baño a ducharme rápido y cambiarme.
Al salir, Renzo ya se cambió y está sentado en el filo de la cama.
— ¿Aún no sales? — Niega con la cabeza.
— No quiero enfrentar solo a la novia de mi hermano.
— Me siento a su lado mientras me coloco los zapatos — ¿Y eso se debe...? — Dejo la pregunta incompleta.
— Renzo suspira — Desde la muerte de mis padres siempre hemos sido los dos, un compromiso, algo más serio, significa que me dejara. — Noto que baja la mirada — Antes de lo que esperaba.
— Vamos — Lo codeo suave. — Que se mudé no significa que te deje. — Él me mira, se le ve su mirada triste. — Vamos a conocer a la chica y tenemos todo el camino a mi escuela para la crítica. — Él asiente y salimos.
Ya el desayuno está en la mesa. Mejor dicho ya está todo el desayuno comprado en nuestro comedor.
— Si que se demoraron. — Dice Antonio señalando nuestros asientos. — La chica nos mira a ambos.
— Así que tú eres Renzo — Dice ella — Mucho gusto — Estira su mano y él corresponde a su gesto.
— Y tu debes ser Ariel — yo asiento — Antonio me habló mucho de ti, aunque no voy a negar que me puse celosa un poquito — hace un gesto con su mano — Pero ahora estoy más tranquila sabiendo que en realidad eres novia de su hermano.
Justo en ese momento, tanto Antonio, Renzo y yo estábamos tomando el jugo de naranja, los tres escupimos el jugo a la vez.
— Después de toser un poco y limpiar el desastre que acabamos de hacer. Antonio se dirige con dulzura a ella — Cariño, somos como hermanos. Ellos no son pareja.
— Pero lo que ví en la habitación. — Se nota confundida.
— Si lo dices por qué este joven estaba en boxer, ya me acostumbré a verlos a ambos así, andando por el departamento. — Explico sin darle mucha importancia. — Y si es porque él estaba encima de mi, me estaba haciendo cosquillas. Se vengan de esa forma, cuando me porto mal.
— Ok — Se nota que aún está confundida.
— A Ariel la conocemos desde que ella tiene 6, 7 años — tantea Antonio. — Luego a los 12 se mudo a Londres. Y desde esa fecha hemos tenido una relación familiar muy cercana. Es como la hermana que nunca tuvimos.
— ¿Pero no llevan el mismo apellido?
— No, mi madre se casó con su tío. Es por eso que nos consideramos familia. Cómo primos. Luego me convertí como su hermana menor y ellos como mis hermanos mayores, fin de la historia. — Le sonrió.
— Ok — Mira a Antonio aún no tan segura, al parecer.
— No tengas celos de mi. Antonio me lleva 10 años y Renzo 7, así que soy muy joven para ellos.
— Oye, tampoco que seamos viejos. — Se queja Renzo. Por fin la veo sonreír a Lorena.
Luego de relajarnos un poco, hablamos un poco de todo. Ella es una hermosa arquitecta, obviamente padres de apellido pomposo. Se conocieron por un proyecto del hotel. Nos contó que tuvo miedo a relacionarse al inicio con él, por su reputación.
— Hey tampoco es que sea un mal hombre — Se queja Antonio.
— Que cara dura eres. — Soy yo quien ruedo los ojos — Te olvidas que me usabas para espantar de esas mujeres que te acechaban.
— Tu mismo lo has dicho, me acechaban, no necesariamente estaba con ellas. Eso quizás hacia Renzo.
— Yo no tengo la culpa de ser tan guapos — Se escoje de hombros.
— De casualidad miro mi reloj y son las 8:30. — Mierda, voy a llegar tarde. Vámonos, lo empujó a Renzo.
— Eyyy esa boquita — Dice Antonio.
— Un gusto de conocerte Lorena y bienvenida a la familia. — Eso hace que ella sonría otra vez y sus ojos brillen.
— Gracias, espero verlos con más frecuencia.
— Claro — Le sonrió — me encantaría, no tengo amigas aquí, estar rodeado de tantos hombres ya estoy perdiendo mi feminidad.
— Pequeña demonio — Se ríe Antonio..
— Chau — Salgo rápido y Renzo va detrás mío.
Al subir al auto y dirigirnos a mi instituto. Rompo el silencio.
— ¿Que te pareció Lorena? — Lo observo mientras conduce.
— Me cae bien, no es alzada, se nota una chica aceptable para mí hermano.
— ¿Aceptable? — me burlo — Que calificativo para una mujer.
— El se detiene en un semáforo — No se ve mala persona y sus ojos brillan cuando lo ve. Parece que si lo quiere y ni que decir de mi hermano. Nunca lo había visto así con alguna chica antes. Debe estar enamorado.
— Si, se ve tierno, no dicen que París es la ciudad del amor. Espero encontrar un amor así en esta ciudad. — Digo mirando al paisaje.
— Piensa en tus estudios, no pienses en bobadas — Lo miro con disgusto.
— Que aguafiestas, rompes todo momento cursi — él se detiene al frente de mi instituto.
— No quiero que nadie te dañe otra vez — Dice acariciando mi mejilla. Suspiro.
— Gracias, tendré cuidado — Me acerco y lo beso en su mejilla — Nos vemos más tarde.
— Hoy iré a la oficina, quizás tenga el móvil apagado por las reuniones, si tienes algún problema aquí, llama a mi secretaria. Dejaré dicho que me pasen tus llamadas.
— Oki, no te preocupes. Se defenderme — Le hago un movimiento de karate — Te quiero.
Cierro la puerta y camino al interior de mi escuela. Espero que hoy me traten un poco mejor.