Ariel
— Pero que putada es esto, ¿Cómo se atreve a hacer diferencia de tu país de origen? ¿Dime el nombre del docente? — Renzo está alterado después de contarle mi día — Mañana mismo hago que lo despidan y que coma mierda.
— Renzo, no hagas eso — Le digo frustrada.
— Es verdad hermano, actuar impulsivamente solo hará que la señalen más a nuestra pequeña. — Antonio, que también está molesto, es más razonable.
— Exacto — Apoyo a mi primo — Ya suficientes miradas robe hoy. No solo por lo hermosa o bien culo que tengo — ambos me miran — Si, que miradas de muchos no iban a mi rostro — aclaro. — Ser latina, les molesta. No a todos, pero si a muchos, soy una competencia evidente. No quiero que sepan que soy una princesa que no se sabe defender. No me voy a intimidar — aseguro.
— Si, lo sabemos, aún así, tienes nuestro respaldo. Un apellido detrás del tuyo que está a tus pies para hacerte la vida más fácil. — Renzo me recuerda.
— Lo sé, Borbón e incluso Martinez, el de Karla. Por otro lado, quiero obtener todos los méritos por quien soy. No por un legado o apellido que no es mío en realidad.
— Si te casas con uno de nosotros, lo obtienes muy rápido — Menciona Antonio y se que va su insinuación por Sebastián.
— No busco matrimonio a corto plazo — Niego con la cabeza.
— Una humilde sugerencia — Se ríe Antonio — Yo ya te lo propuse — Me guiña un ojo.
— Para ser tu esclava en la cocina. No gracias, pasa.
— Renzo, te noto callado — Dice su hermano.
— Nada, estaba pensando un poco — está medio distraído.
— ¿Alguna mujer en mente? — Anto eleva una ceja como si tratara de decifrar que piensa.
— No — Responde.
— Te cuento — Me dirijo a Antonio — Hoy este c*****o me fue a buscar hasta la puerta del salón.
— ¿Así? — se ríe.
— Ajá, ahora que son mayores de edad, creo que pretende ligar con alguna de mis compañeras. — Suelta una carcajada su hermano.
— Waoo, no pensé que estabas corto de chicas. Que vas al instituto de tu hermanita.
— Cállate idiota — Se queja Renzo.
— Bien, ahora que ya cenamos. — empieza a hablar Antonio — Por cierto Ariel, estuvo riquísimo — asiento y le sonrió — Quiero pedirles un favor.
— ¿Un favor? — Lo miro algo confundida, que podría pedir él a mi.
— Si, los involucra a ambos. — Este mira su reloj. — Les comento, se acuerdan de Lorena.
— ¿La peliroja? — Renzo la describe y ahora sí me acuerdo de quién habla.
— Si, ella misma, hemos estado saliendo por casi 6 meses. Así que hemos decido formalizar, como novios algo así.
—Ok... — Digo aún sin entender cuál es el favor que desea.
— Saben que no solemos traer mujeres al departamento. Es un acuerdo que hicimos. Todo queda afuera. — Explica más para Renzo que para mí.
— Sigo sin entender — Renzo observa a su hermano y este le sonríe — ve al grano.
— Como es algo más formal, ella me preguntó si podríamos vernos en el departamento, ver unas películas y obviamente pasar la noche aqui.
— ¿Vas a traerla a la casa? — Antonio asiente la cabeza.
— Es esta noche. Me gustaría a dónde llega esta relación. Obviamente no hemos tenido una situación parecida en todos estos años, es por eso que te pediría que hoy no estés. — Los ojos de Renzo se abren, ¿sorpresa? — Ahí entras tu Ariel, no quiero mandar a mi hermano a un hotel, quizás hoy el puede quedarse en tu piso.
— ¿Quieres que me quede con ella? — ahora su voz suena más alarmada. — Ella solo tiene una habitación.
— Hey no hagas escándalo, no es la primera vez que duermes con ella, incluso yo. Su cama es una king, espacio suficiente para ambos. — Junta sus manos en forma de rezo — Solo está noche.
— Renzo niega con la cabeza — No, si quieres verte con ella, vayan a su depa o a un hotel.
— Hermano — Súplica Antonio.
— Suspiro, se que si no intervengo es posible que se peleen. — Está bien, no hay problema. Puede quedarse en mi habitación.
— Ariel... — Me mira Renzo, confuso.
— Vamos Renzo, deja a tu hermano crecer. Quizás pronto suenen las campanas de bodas. Y te quedes con el depa para ti solo.
— Oye — Se queja Antonio — Ya quieres deshacerte de mi. — hace un puchero
— Solo para dejar en claro — Le señaló a Antonio — Dile a la chica, qué yo seré siempre tu prioridad y si chasqueo los dedos tu estarás ahí siempre para mí. — Él me sonríe.
— Siempre, pequeña demonio. — Estiró mi mano no ambos nos damos un apretón como sellando el pacto.
— Bien, como yo cocine, ustedes lavan. Te espero en casa. — Me dirijo a mi piso.
Al cruzar. Me coloca la pijama, acomodo la cama, alistó mis cosas para mañana la clase. No quiero salir apurada y olvidarme algo.
Acomodo los peluches y observo el osito blanco. Lo extraño, de una u otra forma lo extraño. No sé cuánto tiempo me quedo aferrada, hasta que una voz resuena a mis espaldas.
— Pensé que ya dormías. — giro a mirarlo y su mirada baja al peluche. — Si dices que lo olvidarás, deberías eliminar eso. — Apunta con su dedo el oso.
— Lo sé, aún me cuesta desprender de mis recuerdos.
— Él camina y se sienta a mi lado, acomoda mi cabello rebelde y lo coloca detrás de mi oreja — No digo que borres tus recuerdos, si te trajeron felicidad, pues es válido conservarlo. Más no vivir de el. — Lo miro con mis ojos cristalizados — Hey — Su pulgar limpia una lágrima rebelde que se escapa — Eres una mujer hermosa, muchos hombres están dispuesto a ponerse a tus pies. Solo tienes que mirar más allá. Pueden amarte igual o mejor que él.
Lo abrazo, Renzo es mi refugio. De quién he recibido más abrazos de consuelo. Él me envuelve con sus brazos fuertes mientras acaricia mi cabeza, juega con mi cabello. Lloro un rato. Hasta que por fin me calmo.
— Vamos a dormir, mañana tomaremos desayuno con la peliroja. — Me comenta
— Está bien, dónde quieres dormir, lado derecho o izquierdo. — Le señaló.
— Izquierdo — señala.
— Bien — Me voy a derecho y me meto a la cama.
— Voy a calibrar la calefacción, no quiero que amanezca desnuda a mi lado — hace una broma, quien hace efecto rápido y me río.
— Tonto. — Me cubro hasta casi cubrir la cabeza. Escucho su risa intensa. Giro a mirar y noto que se quita el polo. — ¿Que haces? — mi voz tiembla.
— Sabes que duermo sin ropa, aunque está vez dormiré en boxer si es que no te molesta. — Dudo antes de responder.
— Ok — Respondo y me giro a mirar la pared, siento como se hunde la cama a mi costado. Aunque igual está lejos, una sensación extraña me invade.
— Buenas noches — Se escucha su voz ronca.
— Buenas noches — respondo.
Ha sido un día muy agitado para mí así que no dudo en dormirme rápido.
Un estruendo hace que salte de la cama.
— Tranquila — Escucho la voz de Renzo, es solo un trueno, está que llueve afuera.
— Dios, como odio eso, no termino de acostumbrar a sus tormentas. — Me remuevo incomoda en la cama.
— Ven pequeña demonio — Él me atrae a su pecho. Dónde no dudo en poner mi cabeza. — No te pasará nada. Aquí velare tu sueño. — Besa mi frente.
Su olor es bastante varonil, su piel es suave.
— Gracias — Me acurrucó con él. Siento un como me aprieta ligeramente a su cuerpo.
— Duerme mi amor — Es lo último que escucho decir antes de volverme a dormir.