Ariel
— ¿Por qué esa cara y ese silencio? — Pregunta curioso Renzo.
— Fue un día desastroso. — Confieso.
— A mi me pareció que tienes ya muchos hombres con los ojos en ti. — Él me abre la puerta de su auto y subo. Al darse la vuelta para sentarse en el asiento del copiloto, noto a las chiquillas como lo observan, le guiñan el ojo y son muy coquetas. Regalonas. Bufo.
— ¿Celosa? — Me observa y tiene esa típica sonrisa de Playboy.
— Me molesta ver a tantas mujeres accesibles. No les da vergüenza. Prácticamente en su frente dicen follame. — Me quejo.
— Vez, yo no tengo la culpa. Son ellas las que me tientan, soy inocente. — Este se burla.
— Ohh si, como no. — Lo miro seria, este coge una botella de agua y la bebe — Vamonos, necesito un baño — De repente se atora.
— Hey cuidado, respira — Saco un pañuelo de mi bolso y le ayudo a limpiarse — No te mueras, aún tienes que llevarme a casa.
— Estoy bien — Dice aún tratando de respirar.
— ¿Que paso? — Lo observo algo enrojecido.
— Nada, no es nada — Niega con la cabeza, tratando de organizar sus ideas.
— ¿Seguro? — Aún estoy preocupada.
— Si, seguro.
Enciende el auto y nos dirigimos al edificio donde están nuestros departamentos.
Una vez que llegamos, nos despedimos en la puerta, dentro de una hora iré a la cocina de su departamento para preparar la cena.
Llegó y me dirijo a mi dormitorio. Me retiro la ropa y la tiré al cesto de ropa sucia. Me voy al baño, lleno la tina con agua caliente, una vez que está lista. Me sumerjo en ella. Tengo todo el cuerpo tenso.
Las clases son muy rápidas, mucha información que procesar y memorizar. Tengo buena base, lo sé, aún así, tener mucha atención por mi origen latino me estresa. La mayoría son de Francia, algunos de Estados Unidos,otros de Londres, de Italia, Suecia, hasta de china pero soy la única latina en mi grupo.
Me dejó remojar bien, hasta que mis deditos se vuelvan como viejitos. Luego salgo y decido ponerme cómoda, me pongo una tanga, me coloco un vestido floral que no necesito usar brasier, unas sandalias chatas, me seco y cepillo mi cabello. Me hago una cola alta, me gusta como se luce mi cuello con este peinado.
Después de estar lista y decente, voy al departamento de los chicos. Tengo llave así que voy ingreso sin tocar. De frente me ubico en la cocina, hoy les voy a preparar una rica lasagna de champiñones y alcachofa, es lo que me pido Antonio ayer.
Empiezo a preparar la comida, ayer que hiciste las compras, no encuentro la nuez moscada, no veo a Renzo, quizás debe estar en su habitación. Voy a buscarlo, no puedo terminar la preparación si no le agrego ese ingrediente. Su puerta está entre abierta, se escucha el volumen de la música, está sonando la canción de Coldplay. Empujó la puerta para preguntarle.
Me detengo de golpe al ver su cuerpo desnudo, se encuentra de espalda y solo la toalla le tapa la parte delantera. Él no nota mi presencia mientras se seca y tararea la canción.
Me quedo estática, no puedo moverme. La vergüenza me invade, he vivido con ellos muchos años, los he visto en ropa de baño, he dormido con ellos sin mayor morbo. Pero verlo casi desnudo, su espalda con los músculos marcados, sus glúteos bien formados para ser un chico, podría competir con los míos sin ningún problema. Ver recorrer las gotas de agua que caen de su cabello por su espalda.
Carajo que estoy mirando, reaccionó y doy un paso hacia atrás, para huir de esa escena casi pornográfica, mi fuga se ve frustrada porque tropiezo con un zapato suyo, ¿De dónde mierda apareció eso?, mi cuerpo se tambalea y mi cuerpo pierde estabilidad y me voy encima contra su pechero intentando sostenerme.
Fue en vano porque terminó en el piso junto con el perchero.
— Joder — Dice Renzo al darse cuenta de mi presencia y que estoy tendida en el piso. Se cubre como puede con la toalla y va a mi lado — ¿Que haces aquí? — Coloca sus manos alrededor de mi cintura y me levanta.
—Ayy — Me quejo, con el palo del perchero y una punta me golpee la espalda — Viene a buscarte — Digo entre dientes — No encontraba la nuez moscada — Le digo la verdadera intención de ir en su búsqueda.
— ¿Te lastimaste? — Su voz se nota preocupado. — ¿Dime dónde? — Pide que le muestre el lugar donde me golpe.
— Estoy bien — Miento, me duele horrores — ¿Dónde está la nuez moscada? — Pregunto, que quiero salir de esta escena un poco incómoda.
— Como era una bolita chiquita, la puse en el cajón de los cubiertos. — Responde. —¿Estás bien? — Él aún no me suelta de la cintura, sus ojos me observan con preocupación.
— Si, gracias. — Retiro ligeramente sus manos de dónde está sosteniendo. — Tengo que meter al horno la lasagna. — Menciono mientras me separó y camino, lo más recta posible hacia la cocina.
— Estoy por cruzar el umbral de la puerta, cuando esté habla — ¿Que viste? — hace una pausa — Cuando entraste a mi habitación.
— Trago grueso y respiro hondo — Nada que no haya visto antes. — Y así salgo casi corriendo de ahí.
Al llegar a la cocina, lo primero que hago es llevar mi mano al corazón, este acelera rápido, no pensé encontrar en esta situación. Es incómodo, es como mi hermano. Cómo dije, he visto a varios sin polos, es normal, o en boxer. Incluso a Sebastián en algún momento me encontré en una situación parecida. Pero nunca totalmente desnudo, si Renzo hubiera volteado lo habría visto totalmente desnudo y eso si sería pecado.
Trato de centrarme en la cena, sacar ese momento de mi cabeza. Ahora se porque Renzo actuó extraño luego de verme casi desnuda también. Es como si profanaramos el cuerpo del otro. Somos como hermanos.
Al rato se escucha abrí la puerta principal, ingresa Antonio.
— Hola hermosa princesa — Me saluda él. Se acerca y me planta un beso en mi frente, es su costumbre saludarme así. — Uhmm que rico huele. — Sus ojos van al horno donde está la lasagna ya horneado. — Si no fueras familia, te pediría matrimonio y me quedaría contigo por el resto de nuestros días. — Él me mira con un gesto tierno.
— Tonto, sabes que no necesitas casarte conmigo para que vivamos juntos. — Me rio — Puedes adoptarme y mantenerme. — siempre es la misma broma.
— Sabes que eres a la única que mantendría con gusto, siempre y cuando cocines para mí siempre. — Este se frota su barriga. — Mi estómago te lo agradecería de por vida.
— Ja! — le codeo — Puedes financiar en mi cadena de restaurantes cuando me titule el así siempre comerás la misma sazón en cualquier lugar del mundo.
— Niña ambiciosa — Me señala con el dedo — Me gusta, segura que no te apellidad Borbón. — Siempre dice que mi personalidad audaz se parece a su familia.
— Muy segura. — Saco pecho.
— Hola — Se escucha la voz de Renzo, ya cambiado — ¿De que hablan?.
— De que la pequeña demonio me está convenciendo para poner una cadena de restaurantes para comer su comida siempre. — le cuenta Antonio.
— ¿Cadena?, solo tienes 18, ¿Crees poder con tanta presión? — Cuestiona — Ahora sí, nos vas a contar cómo te fue tu primer día de clases.
Me toca bajar la mirara y suspirar.