Nunca había sentido tanto miedo, me sentí aterrada por mi padre como jamás antes lo había sentido, pero si no hubiera estado allí le hubiera hecho daño a mi hermano y me lo había prometido a mí misma, que no iba a volver a permitir que nadie nunca le volviera a lastimar. Me quedé tan asustada que no pude evitar refugiarme en los brazos de Ezra, él nos había defendido, como si toda la pesadilla que vivimos por años se hubiera detenido desde que llegó a nuestra vida. Si algo tendré en deuda con Ezra por el resto de mi vida es que haya ayudado a mi madre a decidir salir de aquel sitio, porque después de lo sucedido, me llevaron a urgencias, donde el médico me hizo un chequeo para saber que todo estuviera bien con los bebés. Allí también fue la primera vez que Ezra escuchó los latidos de su

