LEONARDO Lidiar con los cambios tan repentinos de una mujer embarazada es muy duro. No tenía idea de que vivir con alguien como Grace, estando embarazada, sería peor que enfrentarme a mi archienemigo. Desde los antojos extraños que se le meten a la cabeza hasta la forma en que la puedo tratar. A veces, si subo un poco la voz, cree que le estoy gritando, y cuando trato de no elevarla tanto, dice que seguro no quiero hablar. La verdad es que me va a volar la cabeza si sigue así. Hoy se había levantado con antojos de hamburguesa con papas fritas, así que vengo de un McDonald's que queda un poco cerca. Lo bueno es que Grace había aceptado estar conmigo durante su etapa de embarazo. Al llegar a la casa, lo primero que escucho es música fuerte. ¿Pero qué carajos está pasando en esta casa? Ci

