GRACE Aún sigo sin poder creer lo que el abogado me ha dicho. Ahora entiendo tanto odio que tenían hacia mí, si al final de todo no soy su hija. Por eso no me miraba con ojos de padre y, por supuesto, esa maldita zorra de Ana ni siquiera es mi hermana. Gabriel y Mía volvieron a entrar a la habitación. Por supuesto, Leo estaba enojado porque, de nuevo, no teníamos privacidad. —¿Y es que a ustedes dos no les enseñaron a tocar? —preguntó amargamente. Gabriel empezó a reír, al igual que Mía. No tomaban en serio a Leonardo y eso me dio satisfacción. —Lo siento, pero es que necesitamos hablar con mi amiga y ella es la que manda acá, no tú —le dijo Mía. Yo sonreí y asentí. Quería darle la buena noticia. —¿Me acompañarías a cometer un asesinato? —le pregunté burlona a Mía. —Claro, ¿de quié

