⚠️Las reglas⚠️

1683 Words
¿Que podría ser lo difícil de un trato? Ginebra pensaba en algunas reglas mientras comía en la cafetería junto a Lucas y Asley. Asley escuchaba atentamente a Lucas a medida que dramatizada de una manera divertida y chistosa una película. Reglas... definitivamente, nada de sentimientos. No quiero nada de compromiso. Desde que murió su esposa, Ginebra no había querido tener una relación amorosa formal. Era feliz estando en la soltería, sin ninguna complicación, y sin tener que dar explicación a nadie. Una sola noche será suficiente para bajarnos la calentura. Prohibido volver a repetir la noche de cama. Ya nos convertiriamos en amantes y no quiero eso. Solo será un encuentro casual y pasajero. Repetir la noche más de una vez podría traerle cercanía, y la chica trataba de evitar a toda costa eso. —¿Estas bien?—preguntó Lucas sacándola de su ensimismamiento. —Ah, ah. Si claro—murmuró respirando hondo. —¿Que opinas de todo lo que acabamos de hablar? La muchacha no había escuchado absolutamente nada de lo que habían hablado. —¡Súper!—mintió. Asley se le quedó mirando curiosa. —¿Estas bien?—está vez consultó su amiga al verla tan distraída. —Si claro, por supuesto, porque no lo estaría. —¿Que tal la clase de esta mañana?—formuló el chico cambiando de tema. Para Gin fue un alivio. —¡Aburrida! la señora Caldera siempre explica esa clase que dan sueño y más si es tan temprano. —Coincido contigo—habló Asley frotándose un ojo —. Las clases deberían ser dinámicas y no tan magistrales, y más si son las 7 de la mañana. —¿Tienen más clase ahorita?—inquirió el muchacho. —Luz—respondieron ambas en unísono. —Por cierto, ya es hora de irnos—la muchacha miró el teléfono haciéndole señas a Asley de que ya era horas de irse. Las dos caminaron rumbo al salón riéndose de la profesora Caldenas y de como estuvieron a punto de quedarse dormidas en medio de la clase. Al entrar al salón, la profesora Luz estaba en su escritorio con un vestido rojo largo, sus uñas bien pintadas del mismo color y su boca. Sus ojos se encontraban fijos en el celular tecleando como si estuviera escribiendo un mensaje. Asimismo, Ginebra se le quedó mirando sin poder evitar que sus pensamientos volaran a una imagen que pudiera ser tan real y a la misma vez irreal: Luz y Cam teniendo relaciones y escribiéndose mensajes sucios. Acto seguido, movió su cabeza de un lado a otro apartando todo mal pensamiento de su mente, aunque los celos ya estaba dominando su corazón. Como toda niña juiciosa, se sentó en su puesto al lado de su amigo, sacando su material de apunte. Nuevamente, dirigió su vista hacia la maestra que ahora se reía con ver la pantalla del teléfono. Ella blanqueó los ojos. Evocó el momento donde Vam y ella se estaban besando con intensidad, a punto de quitarse la ropa y comerse vivos en ese sitio. Algo en común que Ginebra tenía con su profesora era que iban a compartir al mismo hombre; la diferencia era que Luz lo tenía cada vez que quisiera y la muchacha solo por una noche. Una noche que disfrutaría al máximo, que se lo comería, y le haría sentir vivo. Por un momento, quiso reírse al recordar a la esposa del profesor: estaría en estos momentos revolcándose en la tumba porque su alumna y su mejor amiga deseaban a su marido. La clase inició. Luz elegantemente dejó el teléfono a un lado con una felicidad que le iluminaba el rostro. Estaba tan radiante como el mismísimo sol en plena primavera. Comenzó a escribir en el pizarro sin dejar de hablar. Todos miraban atentamente a la pizarra menos Ginebra que había recibido un mensaje extraño, nada normal y mucho menos convencional. Profesor: ¿Tienes algunas condiciones para hacer el trato? La chica trató de disimular una risita coqueta que se le estaba escapando. Ginebra: Si... ¿y usted? De inmediato le respondió. Profesor: Solo dos condiciones. ¿Cuantas tienes tú? Ginebra: Dos o tres. Profesor: Okey, ¿cuáles son? digo: para agregarlas a contrato. Ginebra: 1, Nada de sentimientos, ni amor el uno por el otro. Totalmente prohibido. Una vez hayamos terminamos, seremos lo que seremos, el profesor y su alumna. Profesor: Bien, me parece justo. Así debe ser. ¿segundo? Ginebra: Nada de palabras románticas, ni promesas. Creo que ambos somos adultos y somos consciente de lo que vamos hacer en un hotel (si es que nos veremos en un hotel) Profesor: Bien. Anotado. ¿Tercero? Ginebra: Solo estaremos una vez, nada de dormir juntos, ni quedarnos abrazados. Solo vamos a lo que vamos y lo disfrutamos al máximo y nuestras vidas seguirán como si nada. Profesor: Entendido. Ginebra: ¿Cuales son sus dos condiciones profesor? Profesor: Te lo diré cuando te vea. No se si puedas escaparte y verme en mi oficina para llegar a un acuerdo ambos. Ginebra: Estoy en clase con la profe Luz. Veré lo que puedo hacer. La chica levantó la mano inhalando aire por la boca. —¿Si Ginebra? —¿Puedo ir al baño? Luz la miró curiosa y a la vez algo molesta por haber interrumpido la clase. Algo que le molestaba a la profesora eran esas interrupciones. —Anda. Con una sonrisa disimulada, se levantó librándose de una clase que no entendía en lo absoluto. Se mordió los labios mientras desviaba su ruta para ir a la oficina de su profesor. Una vez estuvo en la puerta, tocó. —¡Adelante! Cam soltó una risita cuando vió a su alumna entrar. —Pensé que te tardabas más. Interrumpir a Luz mediante sus clase es catastrófico. —Lo sé, solo fingí que necesitaba ir al baño El profesor se rió con ganas. —El contrato está casi listo. Estas son mis dos condiciones: uno, no le dirás a nadie, absolutamente a nadie de lo que sucederá entre ambos. Si alguien llegara a enterarse sería terrorífico para ambos, pudiéramos ser expulsados o yo despedido. Y segundo, usar protección tanto por tu parte como por la mía. No quiero un embarazo ni nada por el estilo. ¿Estas de acuerdo? —Totalmente. Cam tecleó las últimas acotaciones del contrato. —Estas sanciones creo que son indispensables para darle vida al contrato. Si hablas o le dices a alguien de lo que ocurrió pagarás una indemnización de 50 mil dólares. Ginebra peló los ojos. —Si yo soy el que abro la boca, te pagaré a ti. Y en casos extremos un embarazo, que no debe ocurrir por ninguna estancia porque seremos precavidos; te practicarás un aborto. Perdón si es incómodo, pero quiero que ambos seamos claritos. —Bien; esas sanciones de todas formas son innecesarias porque nada de eso va a ocurrir, menos un bebé. —Es un caso extremo. ¿No se si quieras añadir algo? Gin movió la cabeza de un lado a otro. —Bien...—Cam imprimió el contrato poniéndolo encima de la mesa—. ¿Estas de acuerdo? este es tu consentimiento. La chica lo miró dudosa, sin embargo, tomó el bolígrafo y firmó, asimismo, Cam hizo lo mismo. Después de plantear las reglas, las sanciones, y las firmas, se quedaron mirando un buen rato. Cam se mordió ligeramente los labios con una alegría inexplicable en su pecho, finalmente, esa alumna con la que había fantaseado un monto de veces seria suya. —¿Te parece si nos vemos en un motel? Ella se encogió de hombros con el corazón palpitante. —¿Te paso recogiendo? —No sería prudente, alguien pudiera vernos. Lo mejor sería es que yo llegue sola. Cam curveó sus labios hacia abajo. —Me parece bien. Que tal mañana en el hotel Royal a las 7:00 pm. La chica hizo como si lo pensara. —Bien, en el hotel Royal a las 7. Cam por un momento se levantó de su escritorio acercándose a su alumna. El corazón de Ginebra comenzaba a latir con tanta fuerza que por poco se le sale del pecho. Cuando quedó a centímetros de ella, la besó. —Los besos van en la parte de los sentimientos en el contrato—habló la chica con dificultad. —Es parte del apetito s****l que tengo por ti—siguió besandola, ahora con mayor intensidad. —¿Que tanto es su apetito profesor? —Mucho, tengo años fantaseando contigo. Ginebra abrió los ojos como plato. —¿Años? —Después de morir mi esposa te consideré muy atractiva, aunque inalcanzable. —Ahora ya estoy a su alcance—apenas pudo murmurar Ginebra antes de quedar atascada con la lengua de su profesor con esos besos apasionados. —Debemos parar o terminaremos haciendo cosas indebida en su oficina. —Eso me excita más. Subirte a mi escritorio y demostrarte todo lo que he pensado hacerte—otro beso. —¿Que quiere hacerme?—Cam sonrió de medio lado. —Le aseguro que no necesitaremos ropa. Los besos eran cada vez más candente, más atrevidos, más fogosos. Las manos de Cam tocaban el trasero de su alumna y de vez en cuando masajeaba sus senos. —¿Que fantasía tiene conmigo?—le murmuró la chiquilla en el oído, eso de inmediato lo incendió. —¿De verdad quieres saber? Ella se mordió los labios con una sonrisa traviesa. —Que te quito las pantys medias; toda la ropa, y te hago culpable de provocarme de esta manera, de encenderme con solo una palabra tuya... Tú eres una manzana que quiero comer aunque con eso me este condenando a un infierno. Otro beso apasionado y intenso se pronunció hasta que se despegaron cuando tocaron la puerta. Ambos estaban con las respiraciones fuera de sí, buscando la manera de calmarse. —¿Quien?—consultó Cam regresando a su postura normal en el escritorio, mientras que Ginebra fingía que sacaba algunas copias. —Soy Lucas... ☆☆☆☆ ¿Que tal? jajajajajaa
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