—¿Estás durmiéndote? —Aarón cuestiona, ceñudo. Mi mejor amigo me da una mirada extraña, como si fuese un cavernícola y no terminara por comprenderme. Ni siquiera yo me termino por comprender realmente, nunca voy a saber cómo es que puedo dormir tanto, es terroríficamente alucinante. No puedo deshacerme del mal hábito de dormir durante las tardes, es una maldición bastante fabulosa de llevar a cabo. El pensar demasiado extrañamente hace que me dé más sueño del habitual. No me apresuro por responder. Mis parpados se cierran involuntariamente, como si pesaran demasiado para mi exhausto cuerpo. Gruño, tomando la almohada para protegerme del sol del atardecer que llega a mí gracias a las estúpidas persianas de la habitación de Hades. Ups, mala idea de los decoradores de interiores... de he

