—Eres mía, preciosa.
Hades atraviesa su dedo pulgar sobre mi labio inferior, y frota con apetito de este antes de introducir su dedo dentro de mi boca. Quiero gritar, quiero golpearlo, quiero decirle que no soy un objeto, pero no puedo hacerlo. Estoy tan jodidamente excitada que no puedo pararlo. No me quejo y cedo a la idea de que su dedo se adentre a mi cavidad bucal. Lo lamo y por la forma en la que me mira sé que fantasea que en lugar de su dedo pulgar esté chupando su polla. Jadeó porque el solo pensamiento de estar de rodillas ante él, y chupársela me lleva la locura. Su otra mano hace un recorrido tormentosamente despacio por mi escote, él está torturándome y por la manera en la que sonríe es evidente que le fascina. Mi pecho sube y baja deprisa, estoy tan ansiosa que puedo sentir el cosquilleo en mi abdomen bajo tornándose atormentador. Necesito sentir su tacto sobre mí en un lugar más abajo. No tengo ni idea de porque lo estoy dejando tocarme de esa manera, pero se siente de maravilla. Lo tomo de la muñeca y sin rodeos me aseguro de llevar su mano hasta mí entre pierna. No me pierde de vista, me mira directamente a los ojos como si quisiera ponerme contra la pared y follarme duro. Y yo no puedo estar más jadeante.
—Hades...—gimo con desesperación contra su rostro. Él se relame los labios observándome cauteloso.
—¿Qué es lo que quieres, Bárbara? —su voz suena como un murmuro grave contra mis labios. Él quiere escucharlo salir de mi boca, y eso me pone más cachonda de lo habitual. Arqueo mi espalda intentando buscar parte de la fricción que su mano provoca contra mi clítoris.
—Por favor...—suplicó en un gemido. Tomó de su mano guiándola por debajo de mi vestido y me aseguro de mover sus dedos contra mi clítoris, satisfaciéndome por mi cuenta. Su labio inferior rueda hasta sus dientes, Hades juega con la perforación que tiene sobre el labio y me mira arquearme contra él.
Su mano libre me sujeta de la muñeca y me guía hasta su polla. Por lo duro que está puedo pensar en lo mucho que debe dolerle. Mientras me aseguro de moler mi clítoris contra la palma de su mano, él se apresura a bajar de sus bermudas dejando su erección al aire. Mis ojos inquietos bajan hasta su entre pierna y relamo mis labios. Ni en cien años de mi vida habría imaginado tenerlo así frente a mí: semi desnudo con los labios hinchados y las mejillas ligeramente sonrojadas, sus ojos azules llenos de deseo, plenos de lujuria. En mi vida había visto una polla, en realidad solamente en películas porno, pero nunca había visto una así de grande. Actuó por instinto y nerviosamente lo tomo entre mi mano moviendo la misma alrededor de su extensión. En el momento en que mi mano hace contacto con su polla, Hades cierra los ojos y se muerde el labio inferior. Eso arranca toda duda de mi cabeza. Es la imagen más jodidamente excitante que he visto en mi vida.
Pone su mano sobre la mía y acelera el movimiento. En cuanto Hades quita su mano, yo continúo el ritmo rápido que él me acaba de mostrar. Cierra sus ojos murmurando profanidades, su abdomen se contrae al igual que los músculos de sus brazos. Tenerlo a mi merced hace que me sienta poderosa. Hades mueve mis pantis a un lado y en el momento en que sus dedos hacen contacto con mi piel, me estremezco, arqueando la espalda de nuevo. Un gemido ronco sale de su boca, uno que me excita como los mil demonios. Sus dedos hacen magia moviéndose arriba y abajo, y no puedo evitar pensar, ¿Dónde habrá aprendido a hacer eso?
Su mano se agita rápidamente contra mi coño y puedo sentir lo mojada que estoy, así que me apresuró a aumentar el ritmo de mi mano mientras lo masturbo.
No puedo, ni quiero detenerlo. Mis caderas se mueven contra él, siento como todo mi cuerpo se tensa y puedo notar como la polla de Hades se estremece sobre mí.
—¿Quieres que te folle duro, preciosa? —sus palabras son como fuego para mi cuerpo en llamas. Asiento, sumisa.
Estoy tan cerca del orgasmo y él parece notarlo porque apresura el movimiento de sus dedos sobre mis pliegues y se asegura de acelerar el mío contra su polla. Hades masajea mis senos salvajemente y me mira como un depredador. Está por venirse al igual que yo, y definitivamente no puedo aguantar un segundo más.
—¡Si, Hades! —gimo, sacando mi lengua fuera de mi boca. Él se acerca tomándome del cuello con suavidad y ataca mis labios, me besa como si quisiera devorarme llevándome a la locura. Su aliento a hierba buena se filtra por mi boca. Dejo escapar un jadeo en medio de nuestro beso, y eso le da paso a su lengua hacia mi cavidad bucal. Explora todo a su paso llenándome de placer. Miles de sensaciones jodidamente adictivas me recorren el cuerpo. Hades me sostiene por la mandíbula y se separa, dejando un hilo de saliva entre nosotros.
—Mierda...—jadea poniendo su mano sobre la mía de nuevo, y acelerando mis movimientos contra su polla aún más rápido.—¿Sabes lo que me estoy imaginando, preciosa?
Muevo mis caderas contra él, activando el roce entre mi clítoris y su mano, — N-no, ¿Qué?
Él me mira directamente a los ojos antes de hablar, — Lo bien que se debe sentir ponerte en 4 encima de esa puta mesa, y darte tan duro que no puedas sentarte en una semana.
Jamás pensé que las palabras podían excitarme tanto, pero las suyas lo hacen. Mis piernas tiemblan y luego todo lo demás es completo placer para mí. Todo en mí explota en miles de sensaciones que atraviesan cada parte de mi cuerpo, electrificándome, haciéndome gemir tan fuerte que Hades tiene que usar su mano libre para cubrir mi boca mientras que con la otra se asegura de sostenerme por la cintura. El orgasmo me desarma y estremezco sobre su mano, no es nada comparado con lo que he logrado tocándome yo misma. Hades deja salir un gruñido mezclado con gemido y se viene sobre mi mano. Los dos estamos respirando aceleradamente, con el pecho subiendo y bajando.
Su mano sujeta mi muñeca donde acaba de venirse y la guía hasta mi boca. Por la forma en la que me mira sé que quiere que lo trague, así que no dudo ni segundo en llevar todo el líquido caliente y viscoso que acaba de salir de su polla al interior de mi boca y devorarlo bajo su atenta mirada llena de apetito.
Me toma por la cintura y gira de mi cuerpo apoyándome con rudeza sobre la pared, haciéndome jadear. Hades sujeta ambas de mis muñecas con su mano y las sostiene encima de mi cabeza. Su boca viaja por todo mi cuello dejando besos húmedos y mordidas sobre él.
Su pene palpitando contra mi trasero es todo lo que puedo sentir. Hades alza de mi vestido hasta dejar mi culo al descubierto. Él me da una nalgada, una que me acarrea de vuelta a la locura en cuanto sus manos amasan de mi trasero con deseo. Él está a punto de quitarme los pantis cuando el sonido de la puerta nos alarma a ambos.
—¡Bárbara! ¡Hades! —la voz de mi madre me hace sobresaltarme y el pánico se cruza. Ella se está acercando.
¡Mierda, mierda, mierda! ¿Iba a perder la virginidad con mi jodido hermanastro?