El beso.

2806 Words
—¿¡Es en serio!?—Hades se tomó el atrevimiento de carcajear ante mis palabras. El muy imbécil estaba disfrutando verme enfadada, y de eso no me quedaba duda cosa que aumentaba aún más de mi cólera. —¡Son prácticamente ricos! No lo sé, ¿No existe una habitación para las visitas en esta bendita casa? ¿¡Acaso tengo que dormir con él!? Preferiría mil veces dormir con ustedes que con Hades. Y lo digo en serio. —Mamá no tardó en fulminarme con la mirada. Seguramente esperaba a que me quedase callada, pero era demasiado testaruda para hacerlo. Cuando algo me molestaba, no podía evitar quejarme de ello. Me gustaba protestar por todo. ¿Defecto o virtud? Yo diría más bien que se trataba de un desahogo y mi madre lo detestaba por completo. —Bueno...—Rubén comenzó titubeando sobre sus palabras. Parecía incómodo queriendo cortar la tensión entre mi madre y yo. —Podría hacer que te preparen alguna de las habitaciones lo más rápido posible, y- —No. —mamá lo interrumpió amargamente, entorne los ojos viéndola. Lo próximo que saldría de su boca no me gustaría, y lo tenía bien claro. —Bárbara va a dormir en esa habitación y punto. No quiero escuchar más quejas. —¡Mamá! — repliqué a regañadientes. ¿Cómo podía ser que mi madre no viera la forma en la que Hades me estaba mirando? Él estaba gozando todo esto, y que ella estuviera de su lado lo hacía aún más estúpido... terminaría por matarme en esa casa. —¡No puedes hacerme esto! Estás loca. —Puedo hacerlo. —me tensé y mi expresión se volvió mucho más indiferente de lo normal. Esto estaba sobrepasando la raya, y últimamente eso era lo que solía pasar. Eran demasiadas emociones para mi cuerpo. La rabia estaba pasando por un micro millón de facetas, y al no poder sacar mi frustración solo quería arrasar en llanto. —¡Bien! —me di la vuelta ignorando sus reclamos y con mi pecho subiendo y bajando como si hubiese corrido un maratón, me fui de ahí, dejándola con la palabra en la boca. No tarde en salir a la entrada de la casa dando un portazo detrás de mí antes de que el resplandor del sol mañanero pegaste sobre mi cara, y la soledad de aquel vecindario lleno de gente adinerada me pisoteara. Cualquiera que pasará por allí y observará mi rostro podría notar a simple vista la molestia sobre él. Incluso estando a kilómetros de distancia estaba segura de que mi expresión daba miedo. Me senté sobre las escaleras del porche de la casa. Intenté calmarme, tomando pequeñas respiraciones. Inhalar y exhalar no parecían ser cosas que funcionaran para mí en ese momento. Saque de uno de los bolsillos de mi pijama el inhalador, y di una larga calada de aire al mismo hasta que esté llegó a mis pulmones haciéndome toser. Eso ayudaba mucho a calmarme en situaciones tensas para mí, además de asegurarme de no tener un ataque de asma en una situación como esta. Iba a volverme loca, si es que no lo era ya de por sí. Quería gritar, correr, sacar todo lo que tenía dentro, pero nada salía de mí ni siquiera una estúpida lágrima. —Deja de ser tan dramática, preciosa. —la fría voz de Hades se adentró a mis oídos como una daga sobre el cuello. ¿Qué no tenía mejores cosas que hacer además de hacer de mi vida un infierno? Definitivamente, si volvía a tener su cara al frente mío no dudaría en golpearle como si fuese un saco de papas. —Solo vamos a dormir juntos. Su sonrisa burlona aparece delante de mí. Él ladea su cabeza cuál cachorro mientras me mira directamente a los ojos. —Cállate. —Cállame. —el muy imbécil me guiña un ojo. El doble sentido se cuela por sus palabras, le muestro el dedo corazón y en cuanto él sonríe la única cosa que puedo hacer es huir de ahí, entrando nuevamente a la casa. Tiro un pequeño grito de frustración. Mi madre aparece por la sala de estar con un bocadillo en la mano y parece bastante tranquila. Se queda mirándome detenidamente al verme golpear con insistencia aquella almohada que componía el gran y costoso sofá de los Moore. Enfadada, frunzo el ceño y me dirijo escaleras arriba, no sin antes gritarle, —Si pretendes que conviva con el imbécil de Hades, algo como esto será lo más normal que te encuentres en esta casa. Definitivamente, iba a terminar como comida para unos de los Moore y esto no tenía una muy buena pinta. […] —Yo no le veo el lado malo a vivir allí, además dijiste que todo es bastante sofisticado...—Aarón me reprocha por la vía telefónica. Ruedo los ojos y trato de sostener el móvil sobre mi oreja con el apoyo de mi hombro, mientras escribo sobre la libreta frente a mí. —Nunca más vas a volver a tener que hacer tu cama, ¿De verdad eso no es un privilegio? —suelto una pequeña risa, y niego con la cabeza como si pudiera verme. Ahí es cuando recuerdo porque Aarón es mi mejor amigo, definitivamente somos como uña y mugre según mi madre. —¡Oh! Que considerado, gracias. —el sarcasmo puede percibirse a simple vista sobre mi voz, y no tengo que verlo para saber que seguramente está rodando los ojos. —Lo mejor que me puede pasar ahora mismo es que un auto me pase por encima una y otra vez... definitivamente eso sería más ideal que dormir en la misma habitación que él. —No seas pesimista. —¿Cómo no quieres que lo sea? No hay un lado bueno en todo esto. —Claro que lo hay. —¡Ni siquiera lo pienses, Hill! —digo de mala gana. Después de todo era mi mejor amigo, podía incluso saber lo que tramaba sin verle la expresión en el rostro y lo que estaba pasando por su mente definitivamente no era algo que me agradaría. —Tengo que colgar... ya sabes, el lunes tenemos examen de trigonometría y tengo que estudiar. —un quejido perezoso de parte de Aarón resuena sobre la línea. Nuestra charla se extiende por minutos gracias a sus eternas despedidas llenas de insultos, y soy yo la primera en colgar entre risas. Aarón sin duda era de las mejores cosas que podía tener conmigo en la vida y a mi lado en la clase de matemáticas. Mi mejor amigo es un cerebrito en todo lo que tiene que ver con números, mientras que a mí suele irme mejor en clases como literatura. Soy más de escritura o cosas visuales. Dejo mi teléfono sobre la mesa. Estudiar para un examen es complicado, mucho más para mí que no suelo almacenar información de manera rápida, y menos cuando está se trata de matemáticas... ¿Ya mencioné que esa clase es mi favorita para tomar siestas? Pues, lo es. Y supongo que eso lo hace aún más complicado de entender para mí, puesto que la atención que presto es sumamente nula. Y ahora quiero golpearme a mí misma por ello. Pongo mi mirada en la libreta que está llena de apuntes justo frente a mis narices. Números, signos, letras. ¿Por qué las matemáticas tenían que ser tan complicadas? ¿Desde cuándo las sumas y las restas pasaron a ser letras? Ruedo mi labio inferior hasta mis dientes, ¿Los milagros existen? Me preguntó mientras imagino como sería el lunes en el instituto sin un examen de por medio, y con una "A" en mi calificación semestral. Mis pensamientos se alejan en menos de lo que canta un gallo cuando escucho risas masculinas provenientes de la sala de estar. Y conozco las de Hades, esas definitivamente no son sus risas. A medida que pasan los segundos, las carcajadas pasan a pisadas que se vuelven más comprensibles para mí. Se está acercando. Finjo escribir sobre la liberta frente a mí y el ruido cesa por completo. Levantó la vista con la esperanza de estar completamente sola, pero me encuentro con un chico de tés morena. Está guardando su móvil en uno de sus bolsillos mientras me mira. Él tiene un tatuaje de una rosa en la parte superior de la mano, es de ojos y cabello marrones. Mi mirada lo recorre de pies a cabeza, puesto que es un completo desconocido para mí. Él lleva puesto unas bermudas playeras y tiene el abdomen marcado al desnudo. No puedo evitar pensar en que definitivamente está bueno... él me mira divertido como si me conociera o supiese lo que estoy pensando acerca suyo. —Bárbara, ¿no es así? —él habla, yo asiento. —Ashton, Ashton Rush. —se aproxima hacia mí y me extiende la mano. Lo observo por unos segundos, él está esperando a que lo salude, así que estrecho mi mano contra la suya sin siquiera dudarlo. Su nombre me parece sumamente familiar, pero no hago ningún comentario acerca de ello. Solo me quedó callada esperando lo que tiene para decir. —¿Te han dicho que eres muy parlanchina? —él forma una sonrisa burlona, y yo simplemente evito rodar los ojos. Hades llega a mi cabeza. Ashton me recuerda a Hades, y luego reflexiono tratando de salvar parte de mis neuronas… ¿Qué mierda hago pensando en ese idiota? Suspiro, y me cacheteo mentalmente antes de contestar. —No, bueno... en realidad sí. —algo indecisa, creo una sonrisa. Él ríe y se cruza de brazos observándome mientras que su cabeza se ladea hacia un costado. Su cuerpo se recarga sobre el marco de la puerta de la cocina. —Es solo que, bueno, no tenía idea de quién eras y que haces aquí. —Ashton recorre el lugar hasta llegar junto a mí. Su presencia no me inmuta, él impone autoridad, sí, pero ante mis ojos es como si estuviese hablando con Aarón. Algo que me transmite comodidad absoluta. —Bien, tienes razón que idiota soy. —rueda los ojos, y ahora soy yo quien ríe burlona. —Comparto clases con tu... con Hades y él nos invitó a pasar el rato en la piscina. La piscina... por un momento había olvidado que tenía piscina. Y por un momento había olvidado siquiera que tuviese más amigos además de Guido, aunque bueno eso es lo que trae la popularidad y la fortuna cuando asistes al instituto. Y Hades prácticamente está podrido en ambas cosas. ¿Él los había invitado a pasar el rato? ¿Cómo es que no lo había mencionado en ningún momento? Quizá se lo habría dicho a su padre antes de nuestra llegada esta mañana. —Claro. —intento no ser lo suficientemente seca, pero ninguna otra palabra cruza por mi cabeza o sale de mi garganta en el momento. Ashton se inclina revisando la libreta frente a mí, y una de sus sonrisas de dientes perfectos no tarda en aparecer, —Examen de trigonometría con el profesor Lennon, ¿eh? —Si, no sabes cuánto lo odio. —ruedo los ojos junto a él. —Agradezco que mis días de estudiar trigonometría terminaron. —Ashton recarga su ante brazo sobre la mesada mientras habla, —Deberías plantearte no estudiar, es estúpido. Yo le di una botella de vodka el año pasado a Lennon y adivina quién saco una "A" en su último examen. Dime que no soy el mejor y definitivamente no te creeré. Suelto una carcajada ante su ocurrencia y él me sigue con otra más. Me doy cuenta de que es un tipo bastante simpático. A diferencia de Hades, Ashton expresa cada una de sus emociones con facilidad. Su rostro se conmociona y no te deja nada a desear. Me reconforta con su presencia, y me da un aire de despreocupación. Quizá podríamos ser buenos amigos en un futuro… Nuestras risas se detienen en cuanto el cuerpo empapado de Hades aparece por el marco de la puerta, y él carraspea para hacernos notar su «apréciese el sarcasmo» agradable presencia. Su cabello azabache se pegaba a ambos lados de su cara, y su abdomen al descubierto derramaba agua sobre el suelo al igual que el resto de su cuerpo, él definitivamente había estado dentro de la piscina. Su expresión reflejaba menos afecto del habitual, estaba enfadado y se podía notar a simple vista. Al menos esa era de las únicas cosas que si puedo notar en él. Hades se atraviesa de brazos con una mirada de pocos amigos, y al vernos juntos todo en él se tensa con facilidad empezando por su mandíbula. Ashton ríe y por la forma en la que lo hace sé que se está burlando de su amigo. —Hermano… —Ashton es quien habla primero, alejándose de mí al instante. Y yo no puedo sentirme más incómoda en medio de ese duelo de miradas en el que claramente ahora pertenezco. —¿Por qué no vas afuera, Rush? —su voz es demandante, y lejos de ser una pregunta suena más como una afirmación. Ashton sonríe con engreimiento y yo no puedo estar más confundida con todo esto. —Claro. —él se gira a verme antes de cruzar por la puerta de la cocina, quedando a un costado de mi hermanastro. —Nos vemos, nena. —se despide con un movimiento de manos, sonrió en despedida y veo a Hades rodar los ojos con aburrimiento. Él permanece en completo silencio hasta que Ashton sale por la puerta que da hacía el patio, —Y tú...—Hades se dirige a mí, dándome un vistazo indiferente. —No te acerques a él. —¡Oh, en serio! —simulo asombro, antes de levantarme del taburete para encararlo. —¿Qué te hace pensar que haré lo que tú me dices, Hades? —él se tensa aún más en cuanto su nombre sale de mi boca, pero yo continúo. Me tomo el atrevimiento de unir de nuestros cuerpos, y recorrer perezosamente con mi mano partes de su abdomen empapado. —Mmh…—de mi boca sale algo parecido a un jadeo que, por la forma en la que se estremece su cuerpo, parece estimular a Hades. —¿Te gusta tener el control? Pues conmigo las cosas no son así. —¿Así? —él se mofa de mí y lo sé por la forma en la que arquea una de sus cejas. Me toma de la muñeca deteniendo mi tacto sobre su abdomen, y sujeta mi cintura pegándome todavía más a su cuerpo, como si no estuviésemos lo suficientemente cerca. Yo no retrocedo a pesar de su amenaza, pues trato de mantener la compostura aun cuando mi corazón late desenfrenado. Él arroja de mi cuerpo a la encimera antes de que pueda quejarme. Mi espalda roza con el filo de esta, pero sus manos toman de mi vestido y me dan la vuelta. Él apoya su húmedo abdomen sobre mi espalda y puedo sentir todo su cuerpo mojado sobre mí, empapándome. Hades me aprieta contra él, haciendo que su erección se frote contra mi trasero. —¿Te gusta desobedecerme, Bárbara? —su voz es más ronca de lo normal y hace que algo dentro de mí se encienda. Su mano viaja dolorosamente lento sobre mi espalda hasta llegar a mi trasero, y eleva su mano dándome una nalgada con fuerza, tanta que estoy segura de que debajo del vestido debo tener la piel roja. Me muerdo el labio inferior intentando permanecer callada, sin embargo el sonido de un gemido escapa de mis labios. —Sí. —yo giro la cabeza para mirarlo y me detengo sobre sus labios, relamiendo los míos. Y aquello parece bastar para que él me tomé con fuerza de la cintura y gire de mi cuerpo quedando cara a cara. Me mira como si quisiera devorarme en un abrir y cerrar de ojos, y lejos de asustarme me hace querer más. —¿Te gusta portarte mal? Mmh, ¿Te gusta ser una niña mala? —sus palabras estimulan el cosquilleo en la parte baja de mi abdomen. Él se acerca hasta que su respiración choca con mi rostro, y puedo notar los oscuros que ahora se ven sus ojos llenos de lujuria. Una de sus manos se posa sobre mi cintura y la aprieta como si su vida dependiera de ello, mientras que la otra va directamente a mi cuello oprimiendo del mismo hasta hacerme soltar un gemido. Me mira directamente a los ojos, y no espero lo próximo que sucede. Pues, sus labios se encuentran con los míos y él no duda ni un segundo en besarme ferozmente.
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