¿¡Compartir habitación!?

2902 Words
—¡Espera! Iré por la última caja. —en cuanto mamá asintió, subí por las escaleras rápidamente y me adentré a mí ahora vacía y antigua habitación. Aún me costaba asimilar como en cuestión de días mi vida había cambiado por completo. Siempre pensé en mudarme, más bien, mamá decía que un cambio de aire me vendría bien, pero por alguna razón no sentía que fuese de esa manera, y mucho menos lo sentí cuando quite la última fotografía en la pared y esta era de mi padre. Las ganas de llorar como una niña pequeña me inundaron, tenía sentimientos encontrados. Desde que tengo memoria suelo aferrarme a las cosas, mamá decía que no debía hacerlo porque el dolor sería más grande cuando tuviese que dejarlo ir, sin embargo, me era inevitable. Ya había tenido una discusión con mamá acerca de esto, acerca del tema sobre mudarnos con los Moore, sin embargo, mis palabras entraron por uno de sus oídos y al instante salieron por el otro. Parecía no importarle mi opinión acerca del asunto, o simplemente no le apetecía discutir sobre algo que sabía que nunca tendría fin. Sujeté a mi gato Energy entre brazos, y antes de que una lágrima traicionera bajara por mi mejilla, me di la vuelta dejando un sinnúmero de recuerdos tras mis espaldas. No quería dejar esta casa, aquí estaba parte de mi infancia, de mi vida. Así que cuando regresé con la última caja con mis cosas, solo pude suspirar con nostalgia viendo la entrada de la casa. Me iría para siempre y por más que lo intentará nada volvería a ser igual... nada volvería a lo de antes. —Vámonos se hace tarde. —mamá sostuvo mi hombro de forma reconfortante. Me di la vuelta montándome en el coche, un deportivo grisáceo que mamá había comprado con su gran esfuerzo, y la mayor parte sus ahorros justo como está casa. Aún recuerdo cuando nos mudamos y lo difícil que fue para nosotros después de la muerte de papá. En esa casa básicamente tuve todas mis primeras experiencias. Mi primera mascota, mi primer corazón roto, mi primera vez conduciendo... básicamente todo lo que alguien puede sobrepasar entre la barrera de la felicidad y la tristeza. Todo lo bueno y todo lo malo, mamá y Aarón siempre estuvieron ahí para mí. Y las cosas se tornaban aún peor para mí, ya que de ahora en adelante no podría visitar Aarón todos los días, dentro de poco solo tendría que conformarme con verlo en el instituto y el verano apenas y amenazaba con su comienzo. Tenía miedo, no iba a decirlo abiertamente porque jure nunca verme sensible frente a alguien, pero en realidad lo tenía. No quería dejar cosas atrás, me aterraba la idea de olvidar. El silencio reinó dentro del auto. Mamá encendió la radio disminuyendo parte de la tensión del ambiente, y cuando una canción de su época salió de ella, únicamente pude rodar los ojos viéndola cantar con una sonrisa aquella balada de amor. Nada era tan malo después de todo, si Rubén la hacía feliz, no podía hacer nada más que dejar que las cosas fluyeran entre ellos. Y por supuesto, si ella pudo poner su felicidad antes que la mía, yo también trataría de hacer un esfuerzo por ello. La raíz del problema de esto no se trataba de la existencia de Rubén, ni mucho menos vivir junto a él, porque estoy completamente segura de que, si Hades no fuese su hijo, yo estaría al menos algo contenta de vivir ahí. El único maldito problema era vivir junto a Hades. El camino lo pasé observando el paisaje de árboles a través de la ventana con los auriculares sobre mis oídos. De vez en cuando acariciaba el grisáceo pelaje de Energy, quien dormía plácidamente sobre mi pierna. Sweater Weather de The Neighbourhood se adentraba a mis oídos, reconfortándome. La casa de Rubén estaba bastante lejos de la nuestra, en realidad, el camino nos llevó casi media hora en coche. Una media hora en la que me pase escuchando música, mirando hacía la ventana y prácticamente durmiéndome sobre la palma de mi mano. Era como estar en otra ciudad, todo era tan elegante tan fuera de mí y eso me hacía sentir realmente incómoda. Un vigilante le pidió su identificación a mamá antes de dejarnos pasar a la residencia, supuse que era porque la casa se encontraba dentro de un vecindario privado. La gente por las calles vestía tan elegante que me hacían sentir como una informal de mierda porque yo aún seguía en pijama. Las cosas lucían como sacadas de una película, patios grandes, puertas gigantescas y familias perfectas. Ni siquiera note que habíamos llegado a nuestro destino, hasta que mamá rozo mi hombro. Por la música sobre mis odios me costó entender lo que quiso decir, entonces me quite uno de los audífonos y la mire antes de hablar, —¿Qué? —Energy en mis brazos ronroneo. —¿Como qué "qué”? —mamá me fulminó con la mirada, resoplé emprendiendo paso fuera del coche. —Ayúdame a bajar las cosas, Bárbara. —¿Qué no está Rubén en casa? ¿Él no puede ayudarnos? —me crucé de brazos en cuanto mamá abrió el maletero del coche. Dentro había más cosas suyas que mías, y de nuevo la nostalgia me inundó. Estaba dejando mi pasado atrás, todo a mis espaldas para comenzar con mi "nueva" vida, que realmente no me ponía para nada feliz. Tan hundida me encontraba dentro de mis pensamientos, que no me di cuenta cuando Rubén apareció. Tomo a mamá por la cintura y beso su mejilla mientras ella reía de algo que él le decía al oído. Suspire, desviando la mirada. Esto era bastante incómodo de ver para mí y para cualquiera que no fuesen ellos. —¡Llegó mi salvación! — festejé con un evidente sarcasmo, mamá golpeó de mi brazo una vez se separó de Rubén. —Haré que les ayuden. —él me sonrió de una manera energética. Posiblemente, mamá le habría contado el cómo podía llegar a sentirme con el tema de la mudanza, se tornaba difícil para cualquiera así que apreciaba su ayuda a pesar de todo. Lo vi hablar con lo que, ante mis ojos, era un vigilante que se encontraba frente a su casa. Me pregunté por qué tendrían escoltas, aunque era algo estúpido, Bárbara son prácticamente ricos. Unas chicas de servicio salieron disparadas de la casa antes de acercarse a nosotros. Al instante comenzaron a sacar las maletas de mamá y mis cajas de cartón del maletero. Le eché un vistazo a la fachada de la casa, bastante ostentosa si me lo preguntan. Aunque tiene solo 3 pisos de alto, así que podría pasar desapercibida si quisiera. Su color era blanco y el mármol que la decoraba era marrón. Era elegante, bastante. Coches lujosos dentro y fuera de aquella cochera. Desde la entrada podía notar la existencia de una piscina y un patio suficientemente grande repleto de pequeñas luces. Mucho más grande que nuestra casa, bastante diría yo. —Es linda, ¿no? —mamá aparece a mi lado abrazándome por los hombros, asiento con una mueca. Ni por el más retorcido pensamiento de mi cabeza hubiese pensado que viviría en la casa de mi enemigo, nunca y mírenme, esto parecía una pesadilla de la que no despertaría pronto. Veo nuevamente a las chicas de servicio adentrarse a la casa con las últimas maletas, y eso me da el privilegio de observar la elegante sala de estar que la compone. Con los Moore las cosas así, elegantes y misteriosas. Energy sobre mi brazo se refriega la cara, haciendo que ría. Rubén llama a mamá y veo a esta adentrarse a la casa, dejándome sola fuera. El vecindario no parece salir a chusmear sobre sus nuevas vecinas. La realidad es que todo está bastante tranquilo, aunque lo veo normal, en un sábado por la mañana lo que menos quieres es salir de tu casa. A estas horas normalmente yo estaría en mi cama durmiendo, pero no estoy aquí con un gatito bebé entre brazos frente a nuestra nueva catástrofe. Veo a Hades bajar las escaleras y adentrarse en un pasillo de la casa mientras mira su teléfono con una sonrisa. Lleva puesto unos pantalones grises deportivos y por la parte de arriba había dejado su abdomen al descubierto. Me preocupo por desviar la mirada rápidamente, y finjo observar el vecindario intentando evitarlo. Desde lo que pasó en el instituto cuando prácticamente lo deje con las ganas y una eminente erección, siento su mirada sobre mí de forma frecuente, y a pesar de lanzarle miradas asesinas él sonríe como idiota. Y como ya tengo suficiente en la vida con su presencia prefiero evitarlo por completo. Decido entrar a la casa, no tiene sentido quedarme fuera. No veo a mama ni a Rubén por ningún lado cosa que me desconcierta. Dejo a Energy sobre el suelo, y mi pequeño gato se apresura a olfatear cada parte de la casa. Lo escucho gruñir cuando su nariz choca con una camiseta de Hades, la de su entrenamiento de fútbol que se encuentra sobre el sofá. Le reclamo entre risas y lo tomo entre mis brazos de nuevo. Camino sobre la sala de estar echándole un vistazo. Este podría calificar como el sueño de toda persona común, pero sin duda no sería uno de los míos. Soy realista y sé que todo esto algún día se va a acabar. Atravieso el comedor y me adentro con rapidez a la cocina. Una de las tantas chicas de servicio se encuentra allí, y en cuanto hace contacto visual conmigo sale corriendo del lugar con la cabeza gacha. Suspiró más desconcertada que antes. Un sentimiento de estragos me adorna, todo está tan impecable que no quiero tocar nada. Siento como si no perteneciera allí. Mi madre y yo no tenemos ni la mitad de lo que hay en esta casa. En realidad, mamá trabaja día y noche por darme una vida medianamente aceptable y tener todo esto frente a ti de la noche a la mañana es extraño. Energy sube por la encimera, restregando todo a su paso. Observó una barra de granola sobre la mesada, y me tomo la libertad de robarla, no sin antes estudiar el área para asegurarme de no ser vista por nadie. Cojo un impulso y de un brinco tomo asiento sobre la encimera dando un gran mordisco a mi nuevo desayuno. Realmente estaba muriendo de hambre. Esta mañana no había almorzado porque me tomé el tiempo en terminar de empacar las cosas, y mamá había estado bastante estresada como para preparar algo de desayunar, así que el estómago prácticamente me rugía de hambre. Y para añadirle aún más arrebato a la situación, el día anterior exactamente mientras yo me encontraba en el instituto, mamá se dedicó a «hacer más fácil el tema de la mudanza» y llevarse las pertenencias más grandes consigo como el sofá, el frigorífico, entre otros. Por lo que la noche siguiente tuve que dormir en el suelo, y hoy desperté con un dolor de espalda del tamaño de una casa. Un carraspeó justo frente a mis narices imploró parte de mi estúpida curiosidad y, no demore ni un segundo en regalar una mirada al propietario de este, encontrándome con Hades. Su cuerpo se encontraba recargado sobre el marco de la puerta. Sus serenas facciones me escanearon de pies a cabeza sin pudor, y pensé, que quizá tendría que ser tripolar porque de otra manera nunca entendería sus cambios de humor tan repentinos. Finalmente, cuando me vio arquear una ceja, sus ojos azules se detuvieron sobre en los míos y la estúpida sonrisa ladina que Hades formo me hizo rodar los ojos fastidiada. Ya he tenido suficiente por este día, y él viene a amargarme aún más la situación. Pronto cambia, y me mira desafiante como un cazador mira a su próxima presa. En cuanto lo veo acercarse decidido, trago saliva en seco. Por la forma en la que me mira sé que quiere vengarse, y tengo que pensar con cautela en lo que haré si no quiero terminar como comida para uno de los Moore. Lo tengo cerca de mí, lo suficientemente cerca como para poder atacarlo si es que deseo hacerlo. Pero, solo puedo dedicarme a observar su cuello en el que hay pequeñas marcas moradas parecidas a hematomas, chupetones. Una sonrisa de suficiencia se forma en mi rostro, sé que la causante de ellos fui yo. Y por esa misma razón sé que quiere vengarse de una manera aún peor que la anterior... Su fría mirada pasa de mí a la encimera donde me encuentro sentada. Él hace una mueca de desagrado y luego vuelve a mirarme. —Quita a tu bola de pelos de allí. —ruedo los ojos. Sé que se refiere a Energy, quien nada más puede quedarse inmóvil. Y de nuevo, todo estaba bien con él, hasta que abría la boca. —Eres tan insoportable. —¿En serio? —Hades se toma la barbilla como si lo estuviese pensando. Maldito egocéntrico. —Tú eres un amor. —lo veo guiñarme un ojo, y mi cara ahora mismo debe ser un monumento por la expresión de burla que se forma en su rostro. —Ya lo sabía. —sonrió con suficiencia a pesar del claro sarcasmo en sus palabras. —Detén lo que sea que tu estúpida cabeza esté intentando hacer, Hades. —¿Y si no quiero? —cruzo mis brazos debajo de mis pechos y su mirada rápidamente baja hasta ellos. Estoy a punto de decirle que es un cerdo cuando lo veo morderse el labio inferior, pero su voz se me adelanta, —¿Te molesta, Babi? —Nadie te cedió autorización de llamarme "Babi". —gruño en molestia. —Y si, me fastidia más bien. —Que lastima. —un puchero se crea sobre sus labios. Sé de sobra que intenta burlarse de mí. Suspiró intentando contener algo de mi autocontrol para no tirarme encima de él y golpearle la cara como desquiciada. —Si que misericordia carecer de neuronas como tú. —¡Oh, vamos! Sabes que te encanto. —Quisieras. —Créeme no lo quiero, pero lo sé. —en cuanto Hades guiña un ojo, yo gimó en frustración. No hay réplica ante eso, y sé que, por mi mirada de pocos amigos, tampoco la espera. No sé cuánto tiempo permanezco en silencio, sin embargo, sé que es el suficiente como para que él, de un momento a otro se encuentre tan cerca de mí que su aliento a hierba buena golpea mis fosas nasales, y lo único que puedo escuchar es su respiración teniendo una batalla contra la mía. Sus manos viajan con cautela sobre mis muslos descubiertos, desconcertándome. Me mira directamente a los ojos cuando habla, su sonrisa desaparece y puedo ver rastros de algo que no me queda muy claro en sus ojos, —¿Puedo? —frunzo el ceño ligeramente hasta que lo veo inclinarse a un paso de mi cuerpo posicionándose entre mis piernas, y quedando incluso a centímetros de mis labios. Mi respiración se agita cuando su mano va directamente hacia mi cabello y sus dedos pasan un mechón de este detrás de mi oreja. Su calor emana contra mi piel, y mi corazón amenaza con salir de mi pecho. Rogaba porque él no pudiera sentir la intensidad de mis latidos o eso haría disparar su estúpido ego. Agradecí haber tomado asiento, porque su altura no me intimido como lo hacía normalmente. Hades se relamió los labios a paso de tortuga con su mirada sobre los míos, mi impulso quería tomarlo por la nuca y pegar de nuestros labios como si de mi vida se tratase, pero solo puede quedarme quieta intentando contener la respiración. Podría morir de un paro cardiaco y a este punto no me sorprendería. Él jugueteó con la perforación de su labio inferior. Extrañamente sabía lo que intentaba hacer, sin embargo, tampoco lo intente parar... y esto definitivamente está mal, pero dejarse llevar por las hormonas era tan jodidamente adictivo... —¡Míralos! —la voz de mamá hace que salga de mi trance, y empuje el cuerpo de mi hermanastro lejos de mí en cuanto ella da una mirada por encima de su hombro. Hades ríe, socarrón. Lo veo sujetar el vaso de jugo de naranja que está a mi lado en la encimera, dando un trago a este con burla absoluta. Ruedo los ojos, como es que ni siquiera había notado la presencia de ese vaso. —Ya se están llevando bien. —ella sonríe dándonos una mirada de aprobación al igual que Rubén. Boquiabierta trago saliva en seco, y él sonríe como el idiota egocéntrico que es. —Eso me alegra, porque mientras arreglan las cosas que faltan en tu habitación, tendrán que compartir. —Rubén me mira, por lo que deduzco que habla de mí. —¿A qué te refieres? —frunzo el ceño. Rubén está por hablar, pero Hades abre la bocota antes de que algo salga de la garganta de su padre, —A que vamos a compartir habitación, Barbie. —él sonríe con tanta suficiencia que sé que lo hizo a propósito... ¡Maldición!... ¿¡Compartir habitación!? ¡Ah, no! Esto es demasiado.
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