Alexander no podía creer lo que Cecil le acababa de decir, la voz de ella diciendo su nombre retumbó en sus oídos, ¿Cecil acaba de llamarme Alexander? pero… ¿Como? — Amor ¿Dónde estás? — repitió pero no encontró respuesta del otro lado de la línea. Cecil no podía seguir hablando o estallaría nuevamente y prefería ser una cobarde en ese momento. Con la poca fuerza que le quedaba cerró la llamada y bloqueó el número de Alex, sabía que hacerlo era inmaduro, necesitaba pensar, y para eso necesitaba paz. — ¿Estás bien? — preguntó Valentino y ella se abrazó a él, ya se le estaba haciendo costumbre y hasta que él le dijera que no lo hiciera no pararía, pero esta vez no lloro, ya no volvería a llorar. Había sido una semana intensa, y aún no acaba su aventura en New York, pero ahora tenía

