Cinco años de matrimonio y aún no había podido darle un hijo a mi esposo. Sabía que sería difícil en mi condición, pero aun así lo intentamos una y otra vez. Cuando la esperanza empezó a desvanecerse, tomé la decisión más dura de mi vida: le pedí a mi mejor amiga que fuera mi vientre de alquiler. Antonella y yo éramos inseparables desde los cinco años. La quería como a una hermana, quizá más. Habíamos compartido todo: juegos, secretos, lágrimas… por eso creí que podía confiarle mi mayor anhelo..O al menos, eso pensé. —¿Cuándo le diremos a Aurora que este bebé no es suyo? —la voz de Antonella cortó el aire como un cuchillo..Me quedé rígida, de pie en el pasillo, con el corazón latiendo a golpes desbocados. —Tranquila, mi amor —respondió mi esposo con una calma que me desgarró por dentro—
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