Todos en algún momento hemos escuchado hablar sobre el efecto mariposa; uno donde con un simple aleteo puede causarse grandes consecuencias en muchos lugares.
Toda accion tiene su reacción, toda causa tiene una consecuencia. A veces no estamos conscientes de que tan grandes pueden ser, que tanto caos se puede ocasionar en la vida de una persona, no podemos intuir que siempre puede pasar algo peor; sabemos que se puede vivir de buena manera, pero también hay que entender que a pesar de estar cayendo por un barranco, hay personas que ya sufren el dolor de la caída.
Un pitido se escucha retumbando en mis oídos, mi vista se centra en las gotas de sangre que no paran de caer una a una sobre el suelo de la habitación, mientras que mi cabeza busca bloquear o confundirse para intentar de alguna forma no sentir el dolor tan fuerte.
- ¡¡puta de mierda!!
Los gritos del ser mas despreciable que conozco se pueden escuchar en el lugar, incluso en toda la mansión, o quizás mas afuera de esta, pero a pesar de eso, nadie se adentra por la puerta para intentar averiguar que es lo que esta pasando.
Seria una estúpida si creyera que alguien lo haría.
- te doy tantas comodidades, te brindo una muy buena vida, y en menos de una semana consigues cabrearme tan fuertemente.
Se escucha enfadado, de alguna forma eso me alegra en gran medida.
Apoyo las palmas de mis manos contra el piso, para de alguna forma buscar un soporte que me ayude a levantar mi rostro en su dirección, no para dedicarle una mirada de miedo o agonía, no quiero darle esa satisfacción; sino para expresarle cuanto asco tengo dirigido hacia su persona.
- quisiera decir que no me sorprende ver esos actos de una puta desagradecida, pero de alguna forma pensé que tu comportamiento seria adecuado, pues tus padres me lo aseguraron.
- y que idiota eres al creer en unos oportunistas como ellos.
Toso con fuerza en cuanto recibo una patada en mi pecho, una que hace que todo mi cuerpo boca arriba se encuentre pegado al suelo, observando el candelabro que cuelga sobre nosotros.
- quizás deberías quitarles lo que te pidieron a cambio de ser vendida, de pronto encuentres una mejor esposa modelo en otra familia - espeto en cuanto recupero el aire.
Puedo escuchar y observar como camina a mi alrededor, trayendo a mi mente esos momentos donde el depredador rodea a su presa.
No saben como detesto ser la presa.
- parece que te diviertes mucho con ser castigada... eso es bueno, siempre pensé que los animales disfrutaban el dolor cuando se les domesticaba, eso traerá muy buenas cosas para nuestro futuro.
Pronto, sin verlo venir lo tengo sobre mi cuerpo, no sentado directamente en mi, pero si dejándome plena consciencia de como no tengo alguna escapatoria.
Si alguna ves has sufrido de ese terror cuando sentimos que nos persiguen por la calle, que llegamos a un callejón y un pervertido se encuentra justo en la única salida, con una sonrisa de satisfacción, teniendo en su mente muy claro cuales son sus planes con respecto a tu persona. Pues ese sentimiento, esa sensación es la que comienza atormentando mi cuerpo, mi pecho, mi mente.
En sus ojos puedo ver una tremenda oscuridad, un deseo, un plan, uno donde mi garganta ya pasa saliva, mis manos ya forman puños.
- no creas que tienes tanta suerte pequeña princesa... - una de sus manos se ubica en mi cuello, estableciendo la perfecta presión para que no pueda moverme, o incluso hablar - eres mi encantadora muñeca, una que estará mas que lista para nuestra boda, una con la cual estaré mas que encantado de moldear.
Su otra mano, aquella con la cual hizo salir sangre de mi nariz y boca, ahora se posa con una extraña ironía, una que estoy segura me estaría haciendo reír por tal accion tan hipócrita.
- será una perfecta esposa, yo me asegurare de ello, serás tan adecuada como me lo imagine la primera vez que mis ojos admiraron este bello rostro - comienza a pasar sus dedos por mi boca, hasta llegar a un sitio donde al hacer presión comienza a provocarme un ardor que nubla mis ojos - ten tranquilidad al saber que no dañare tu cara, no me gustan las marcas en ese sitio, pero tu cuerpo... eso será otra historia.
Mis manos con repentina fuerza de voluntad llegan a él, buscando de alguna forma al menos meterle un dedo en sus ojos, algún mínimo daño o dolor, pero desastrosamente consigue bloquear mi cuerpo de una forma que me deja aun mas intranquila.
Unos segundos, ¿cuantos?, no podría especificarlos, pero si los adecuados para tener mi mejilla derecha contra el frio suelo de la habitación, con las muñecas de mis manos siendo tomadas por una de él en mi espalda, mientras que su cuerpo, su desgraciado ser esta unos centímetros arriba de mi trasero.
Los nervios llegan a mi como una repentina ráfaga, una que quiere apoderarse de toda la fortaleza que tengo, tuve o pretendo tener.
- me encanta verte así, luchando, eso solo hace que cuando cedas, mi victoria sea aun mas gloriosa - siento su respiración en mi cuello, causando un cosquilleo, pero no uno positivo, mas bien uno que te avisa del peligro - debo decir que tus amigos tienen coraje, mucho en verdad, pensé que serian iguales que todos los idiotas que habitan esta manada, pero ya ves... me resulto equivocando muy frecuentemente estos días.
En cuanto se refiere a Jonathan y Samy todo lo que habitaba en mi cuerpo cambia, un terror nuevo me abruma, ya que pensé que la causa de su repentino enojo fue que algún guardia le había comentado sobre los planes de Rosa, incluso llegue a creer que fue porque destruí varias de las cosas de la mansión.
Esta confesión, estas palabras cambian todo, no pensé que ellos llegarían a tanto, creí que solo se iban a proponer a hacerlo, dentro de un tiempo, el exacto para que ya no estuviera en esta casa, y no vieran necesario arriesgarse, no creí que tomarían esas acciones tan pronto.
- bueno, veo que nuestra princesita por fin entiende que el motivo de nuestra charla es un tema bastante serio - alza su rostro, para ahora tenerlo muy cerca de mi espalda, oliendo mi piel, deseando que quiera bañarme cincuenta veces - menos mal que soy muy rápido y evite que esos mal nacidos hablaran con el gran Alpha.
>> ahora que lo pienso me gustaría saber como hicieron para estar a un paso de hablar demás, quisiera descubrir como pudieron entrar a la casa, pero bueno, eso será una incógnita que se mantendrá presente por mucho tiempo, ya que debí encargarme de ellos en el menor tiempo posible.
Encargarse de ellos, ha dicho esas palabras, unas que se repiten en mi mente una y otra ves, deseando de alguna forma que mis oídos me estén traicionando, por ello escuche mal.
- ¿Qué fue lo que les hiciste?, ¡¿que mierdas has hecho con ellos?! - no puedo contener mi miedo, la ira.
- eso es algo que no te concierne, aunque tal ves te atormente esas preguntas en la noche, ya que después de todo la única culpable de lo que les ocurre solo eres tu, pequeña muñeca.
Mi culpa, ¿eso es cierto?, puede serlo, después de todo no le tome mucha importancia, no hice nada para que pararan con esas ideas.
Tal ves debí fingir que estaba viviendo bien, que yo me busque esto, que era solo una oportunista, si solo no hubiera dicho nada la primera ves, ellos en estos momentos estarían pensando mal de mi como todos los demás, pero seguirían sus vidas.
Decir algo no sirve de nada, después de todo lo hice y eso solo apresuro mi llegada al encierro, eso solo causo mas desastre.
Pronto su risa se escucha en la habitación, antes de tener sus dedos en mi pelo, tomando gran parte de este para observar como lo lleva hasta su nariz, como dura así unos segundos, haciendo que todo mi estomago se revuelva por completo.
- es bueno que lo consideres mi muñequita, aunque no tanto, después de todo no deberías estar preocupada por lo que les ocurrió a ese par, sino por lo que esta por venir para ti.
Sus palabras son soltadas, las escucho claramente, casi tanto como mi vista consigue ver el momento en que libera mis manos y pelo para de un golpe oír un fuerte golpe antes de caer en la oscuridad.
...
Olores fuertes y asquerosos.
Sonidos de gotas cayendo a lo lejos, mientras la piel de mi cuerpo se eriza por completo al sentir mas frio del que estoy acostumbrada.
Mis ojos poco a poco se van abriendo, casi que al tiempo en que un fuerte dolor de cabeza se hace presente, uno que me lleva a dirigir mi mano al lugar central del problema, descubriendo así como unas pulseras de hierro rodean mis muñecas, que están pegadas a cadenas contra la pared.
Todo mi cuerpo entra tensión comenzando a inspeccionar en la oscuridad de la habitación donde me encuentro, el mal estado de esta, una donde parece una cárcel, una donde al aplicar fuerza para buscar liberarme solo consigo lastimar mi piel.
No existe mucha luz, ya que solo hay una muy pequeña ventana en la pared, una que brinda un insignificante brillo del exterior, como si fuera mas que nada creado para que no me sintiera tan ahogada con los olores nauseabundos del lugar.
Comienzo a levantar mi cuerpo del pegajoso y sucio piso, logrando identificar una nueva cosa, una donde admiro como lo único que traigo puesto es mi ropa interior.
Intento caminar, para averiguar que tanto me permiten las cadenas, y la respuesta no es muy satisfactoria, ya que a penas me deja dar como unos cinco pasos; unos que no me sirven para llegar a la puerta que esta llena de barrotes.
¿Qué esta pasando?, ¿Dónde estoy?
" Camile ayuda, dime que nos podemos transformar" espeto hacia mi loba, quien no tarda en responder con un tono de voz casi tan angustiado como el mío.
" lo siento Clary, pero algo no me deja, en este sitio me siento muy débil"
Tan pronto como recibo esa respuesta se perfectamente en que lugar me encuentro, uno donde varias veces lo había escuchado, uno que pensé que mas que nada las personas solían hablar demás, inventaban cosas, pero estoy empezándome a dar cuenta que tal ves no sea así.
Por la manada siempre se ha escuchado que aquellos criminales, seres asquerosos que no merecen perdón alguno, eran llevados a un sitio donde sus poderes de transformación eran inútiles, donde entre mas tiempo se pasara, menor fuerza se tenia.
Decían que ahí se realizaban los castigos mas atroces, unos para enseñar a cumplir la ley, unos donde los encarcelados preferían la muerte antes de seguir un día mas con ese sufrimiento.
Un sitio donde no entiendo porque estoy aquí, porque he sido encerrada en este lugar, un lugar donde mis padres siempre me asustaban al decirme que si mi comportamiento no era el correcto, en algún momento terminaría aquí.
Acaso me he comportado mal, acaso he obrado horriblemente.
Diosa Luna, ¿merezco este castigo?
Las palabras del Alpha vienen a mi mente, unas donde comienzo entenderlas, al igual que ha sentir temor por lo que me depara el futuro, uno donde creí que seria grandioso, pero ahora solo se encuentra nublado por todos los deseos de un ser asqueroso y despreciable.
El sonido de la puerta siendo abierta se escucha, para ver como quien será el dueño de mis pesadillas, comienza a caminar hacia mi, tanto que de alguna forma intento cubrir con mis brazos mi piel desnuda.
- mi muñequita, es bueno ver que has despertado de tu encantador sueño... - sonríe - se que debes tener muchas dudas, unas que estoy mas que gustoso de contestar, aunque para todas ellas solo poseo una respuesta.
Camina, da pasos hasta que tiene contra la pared, acorralada.
- este sitio será nuestro taller, uno donde mi bella muñeca aprenderá a comportarse, sabrá lo bueno de lo mano, y entenderá que debe respetar a su único dueño.
Mi cuerpo comienza a temblar, mi voz se pierde entre la angustia, mientras que mis ojos comienzan a nublarse al descubrir todo lo que puede ocultar su mirada.
- bienvenida a las mazmorras cariño, estoy seguro que nos divertiremos mucho.