En medio del placer, sus sentidos absorbiendo a plenitud los besos y las caricias administradas de forma sabia y delicada por Zurqui, Estefanía, sus ojos cerrados y haciendo un esfuerzo por acallar sus propios gemidos, sintió cómo un líquido caliente cubría su mentón y gran parte de su cuello. ¿Sería alguna clase de truco del aparentemente experto amante para llevarla más allá del éxtasis por el cual estaba pasando? Pero al abrir los ojos, simultáneamente con la interrupción de los cadenciosos movimientos de su amante, se encontró con un par de ojos abiertos a más no poder, los cuales reflejaban sorpresa y terror, la mano de un hombre cubriendo la boca de Zurqui, y la rajadura en su cuello por la cual brotaba torrencialmente la sangre, aquella misma de la cual había estado convencida de tr

