Estefanía fue sorprendida aquella noche cuando ya dormía sobre las secas pajas de su mazmorra, su tobillo izquierdo encadenado a la pared de piedras. Un joven capataz, acompañado por Charlotte, abrió la reja, le sonrió a la bella esclava de los ojos verdes, la hizo entrar, encadenó su tobillo derecho a uno de los anillos sembrados en la pared, la miró directo a los ojos por un breve instante, cerró la reja y se ausentó. –¡Charlotte! Esto es una sorpresa. –Mi amor, no podía esperar más… –Creo que yo tampoco, te he extrañado mucho –mintió Estefanía antes de ser besada en los labios. –Mi niña linda –dijo Charlotte después del apasionado beso–, lo primero que quiero es que me perdones… –¿Que te perdone? –Estefanía fingió desconocer el motivo de las palabras de su hermosa novia, quien ten

