Los guardias de seguridad me detuvieron bruscamente, aunque gritaba su nombre ella no volvía, otra vez había perdido a la chica de mi vida. A la única mujer que amaba ahora, a aquella que por años no había notado. Esa que había sido mi mejor amiga. — Tranquilízate, Jess. Mencionó Ángel tomándome de los hombros e indicándoles a los guardias que me soltaran. — ¿Cómo puedo hacerlo? Si ella ya se va de nuevo. Pregunté desesperado. El rastro de aquel delicado perfume se desvanecía poco a poco, así como mi oportunidad de hablar con ella. Solo si hubiera llegado antes, tal vez habría podido verla y abrazarla como solía hacerlo ella. Con decepción me di por vencido, dejé de luchar con los guardias, quienes me soltaron y me entregaron con Ángel. Quien les agradecía una y otra vez. — ¿Por qu

