Al día siguiente de su encuentro el caballero asistió al lugar acordado, ella demoró y para no verse más sospechoso entró al recinto y escuchó atentamente cómo un grupo de hombres trajeados susurraban órdenes y números, mercado n***o, comida y órdenes de ropa, conforme las personas concurrían al lugar los hombres uno a uno se iban.
__ Venga __ le ordenó ella desde la banca de atrás. Una vez fuera, caminaron y ella habló. __ Mi madre, Katya Arkadievna Oblonskaya, era una princesa rusa aristócrata, inteligente, bonita y perspicaz, usted me recuerda a ella, siempre tuvo mucha facilidad para relacionarse con personas importantes y para generar negocios exitosos, no alcanzaba la estantería de arriba ni poniéndose de puntillas, pero su presencia era lo suficientemente imponente para hacer silencio cuando entraba en una habitación, le gustaba alzar su nariz respingada, creía que eso la hacía ver sofisticada, sus ojos eran verdes, recuerdo que era lo que más le gustaba de su aspecto. Mi padre se llamó Mattiew Lassarre, era un francés de Burdeos, había estudiado ingeniería civil aquí, en París, donde conoció a mi madre, era simpático, inteligente y de una familia respetable, su cabello castaño y rizado sobre salía de su figura, solía decir que esos rizos despertarían los más sucios deseos en una mujer, aunque a mi madre nunca le gustaron, su nariz era de un perfil perfecto, tenía pecas por todos lados y sus ojos eran muy azules, mi padre cortejó a mi madre por cosa de tres meses y después se casaron en la Catedral de Notre dame, una boda con más de quinientos invitados, a pesar de la indiscutible belleza de la capital decidieron moverse a Marsella, a donde se transportó la constructora de medios de transporte de la que mi padre era dueño, planeaban crear una línea de barcos a vapor que viajarán por el mediterráneo.
__ En ese caso su familia estaba muy bien situada en sociedad ¿cierto?
__ Sí, mis padres tuvieron cinco hijas consecutivas, el 28 de junio de 1910, nació mi primera hermana mayor, Eliette Lassarre-Oblonskaya, el fiel retrato de mi madre, una niña hermosa y en extremo seria. Alizée Lassarre-Oblonskaya nació el 16 de abril de 1913, en honor a la abuela paterna de mi padre, quien murió meses después del nacimiento de la niña, desde que aprendió a caminar se convirtió en el dolor de cabeza de la nana y de mi mamá, era curiosa e impulsiva, tenía una risa escandalosa y un carácter fuerte, también se parecía mucho a mi mamá. La mañana nevada del 23 enero de 1915 nací yo, el nombre de Olympia no le gustaba a mi padre por lo que basándose en el libro que mi mamá había leído por nueve meses me nombraron.
__ ¿Qué libro era?
__ La historia de dos ciudades de Charles Dickens, puede sacar sus conclusiones acerca de mi nombre.
__ Usted actualmente tiene veintinueve años ¿cierto?
__ Así es, aunque según la ley tengo veinticinco; poco después de mi nacimiento mi padre fue reclutado por el ejército francés, necesitaban a un ingeniero que construyera aviones, submarinos, barcos, tanques y todo tipo de armas que se pueda imaginar, antes de irse sugirió a mi madre que saliera del país, que fuera a Rusia o a un país neutral, la primera opción fue descartada rápidamente puesto que semejante viaje no solo no sería nada barato, sino que viajar en medio de la guerra y con una recién nacida sonaba más a una forma de perder la vida que a una en la que mantenerla, por lo que mi madre rentó una hacienda en un pueblito fronterizo de Italia, que hasta febrero de 1915 había permanecido neutral o al menos con respecto a Francia, en ese pueblo vivimos cerca de dos años y medio, al año siguiente le dieron un permiso a mi padre y nos visitó, le alegró encontrar a un traviesa y alegre niñita que no era nada más que su réplica exacta, pasé a convertirme en la favorita de papá, él permaneció con nosotras un año completo, durante el cual nació una de mis hermanas menores, Juliette, nació el 25 de agosto de 1916 se parecía mucho a mí, solo que su cabello, piel era más clara que la mía, su nariz era un poco menos respingada y sus ojos eran de un azul vidrioso, era tímida y suspicaz, pasar tiempo con Alizee la alteraba, era muy ruidosa para ella, aunque de igual forma era traviesa como una niña que no conoce el mundo en el que vive, a raíz de su forma tan sensible de ser mamá la llamaba Beth, como al personaje de mujercitas. Con cuatro hijas a bordo mi papá se marchó, recuerdo que lloró al despedirse de una familia así, esta vez no lo enviaron a París como antes, sino que lo enviaron como general de un regimiento que avanzaría a Verdún, la idea aterrorizó a mi madre que ya había leído los periódicos, pero confiada en que alguna deidad protegería a su esposo se dedicó a criar a sus hijas, la última vez que nos visitó fue en el otoño de 1917, llegó de improviso con su sonrisa habitual, para entonces July ya caminaba y el hecho de ver a tan lindas niñas le conmovió, no recuerdo hasta ahora un momento tan feliz como ese mes que papá nos visitó, le habían disparado en un brazo y su pie derecho tenía una infección, eso alteró a mamá, pero sintiéndose muy orgullosa de su marido no protestó, dos semanas después de que papá se marchará mi madre supo que de nuevo estaba embarazada, se esperaba que le sucediera como al zar y que su quinto hijo fuera un varón, durante los primeros meses del embarazo se mantuvo correspondencia con mi padre, después de diciembre dejamos de recibir sus cartas y él tampoco recibía las nuestras, en el quinto mes volvimos a Marsella, no había necesidad de permanecer más en Italia, mi madre se ocupó en tantas cosas que la falta de comunicación con su amado no le distrajo, el 15 junio de 1918 nació la tercera rubia de la familia, mi madre la llamó Camile, se esperaba a papá para la navidad, pero no llegó, se supuso que habría algún contratiempo que le retuviese en París, por el fin de la guerra, conforme pasaban las semanas en las que no había noticia alguna de mi padre los nervios de mamá empeoraban, la compañía necesitaba liderazgo y mi madre lo asumió, las cosas simplemente no mejoraban porque necesitábamos a una mamá que no perdía la cabeza porque la tenía pegada a los hombros, es en el peor estado que la he visto. Una mañana de enero de 1919 llegó a manos de mi madre una carta que decía que mi padre había muerto durante la ofensiva de primavera, llegó acompañado de una bandera francesa y cerca de cinco medallas militares. Había sido herido gravemente y agonizó un largo rato hasta morir__ concluyó con la voz ahogada.
__ ¿Está bien? __ dijo al ver la expresión de dolor en el rostro de su interlocutora.
__ No, lo siento, continuemos mañana en La Place des Vosges, por favor __ respondió limpiándose las lágrimas con la mano y caminando por la avenida hasta desaparecer.
Tuya