A la tarde siguiente la joven no llegó, sino hasta treinta minutos después de la hora acordada, tenía un aspecto descompuesto, parecido al del día anterior.
__ Discúlpeme por la tardanza, tuve algunos contratiempos __ argumentó sin dejar de mirar los árboles.
__ ¿Está segura de ello? __ mencionó rompiendo el silencio abrumador y mirando la marca rosada en su muñeca, como si fuese producto de un forcejeo.
__ Sí, sí, sí __ asintió en tres formas distintas __ ¿en qué me quedé ayer?
__ En la muerte de su padre ¿en qué año murió?
__ En marzo de 1918. ¿Sabe? No puedo quejarme de mi niñez, después de la muerte de mi padre, mi madre se volcó a nuestros cuidados, teníamos una orquesta en la que yo era la violinista y Eliette la directora, en las navidades Juliette escribía obras de teatro y las interpretábamos para los niños pobres y huérfanos, hacíamos nuestros regalos de cumpleaños y había pijamadas semanalmente, aunque ello no puede exhumarnos de los fuertes conflictos que protagonizábamos, ya fuera por cosas materiales, actitudes o mero capricho de molestar, mamá y Anushka, nuestra nana rusa, intervenían oportunamente, antes de que Alizee le pegará con su palo de hockey a Juliette por leer su diario, o Eliette jalará el cabello de Camile por revolver sus partituras, o antes de que yo mandará a todas la infierno por leer las cartas que les escribía a los chicos que me gustaban, la casa nunca estuvo en silencio por más de quince años. En la escuela recibíamos clases de alemán, mismo que solo Juliette y yo aprendimos, en casa había clases de ruso e inglés, aunque negarse hablar ruso era imposible, era el único idioma que Anushka hablaba, salvo por algunas palabras mal pronunciadas en francés, estábamos propiamente educadas y en todos lados éramos bien recibidas, eso mismo era lo que acallaba los rumores que rondaban a mi madre, nunca una mujer había dirigido una compañía integrada en su mayoría por hombres o criado cinco hijas, que al parecer, no tenían padre. En la escuela nunca me destaqué mucho, Eliette y Camile eran las únicas con calificaciones sobre salientes, las mías eran lamentables, pero Juliette y Alizee fácilmente podían hacer ver peor mis notas; mi especialidad era tener grandes grupos de amigos, mismos a los que les perdí la pista al ir a la universidad, salvo por uno, Pierre Fayolle, vivía a unas calles de nuestra gran casa, al poco tiempo de conocerlo se integró a nuestra orquesta como el único cello, desde el primer año de liceo me divirtió su risa escandalosa y la forma en la que le gustaba hacerse el tonto, había vivido en Lyon hasta el último grado del colegio, con su padre, quien entonces se había convertido en uno de los socios comerciales de la empresa, y su hermano mayor Theodore, un año mayor que Eliette y su eterna enamorada, pese a que él nunca le dio esperanzas, ni siquiera para una amistad, era muy seria para él, tras tres años el amor de mi hermana murió por falta de reciprocidad; a diferencia de Pierre, Teddy nunca se integró a nuestra pequeña secta, hizo acto de esporádica presencia durante tres años y después se marchó a la universidad en Fougères en 1929. Sin embargo, con la partida de Eliette al conservatorio en Lyon ese mismo año nuestra ‘Sociedad de marsellesas’ perdió a un importante m*****o y la orquesta se disolvió, desde entonces todos abandonamos casi por completo la música, especialmente por decidia, poco a poco cada una adquirió nuevos pasatiempos y nuestra organización se convirtió en un agradable recuerdo que cada vez se aleja más y más. Alizée nunca estaba en casa, fiestas, tardes de estudio, clubs de lectura y tiempo de ocio con amistades en la playa la mantenían fuera, por aquellos años yo era una prometedora bailarina de ballet y el núcleo de mi grupo de amigos.
En 1933 cuando ‘bigote cepillo de dientes’ se volvió canciller mi madre afirmó que habría una guerra, pero el club de fumadores en el que hablaba de política se burló de ella, también ese año, y después de que mamá me dijera que no invertiría cientos de francos en mí para que terminará bailando en un cabaret, Alizée y yo vinimos a la capital a estudiar enfermería en el Collège de France, alguna vez Eliette vino a visitarnos y se quedó con nosotras en la pensión, hoy en día es una casa como cualquier otra, resultó que la casera tenía a una familia de judíos escondida por toda la casa, yo les llevaba comida __ dijo esto susurrando y sonriendo un poco. __ Un año después de que Juliette le rogará a mamá por que la dejará aspirar a un puesto en Somerset, Cambridge, mamá nos pidió que volviéramos a casa, Eliette ya se había graduado, pero Alizée y yo estábamos como becarias en distintos hospitales, no volvimos sino hasta año y medio después de que lo pidiera por primera vez; transcurría la primavera de 1938, todos tenían los fusiles a medio cargar en los brazos, pero aguardaban expectantes al primer golpe y quién sería el perpetrador del mismo, mi vida se reducía a vegetar en el jardín trasero leyendo tonterías románticas y fue por eso que comencé a pensar de nuevo en Pierre, desde que nos habíamos ido a París en el 33 no sabía mucho de él, salvo que le había hecho frente a su padre negándose a estudiar administración y en cambio dedicarse a la medicina, tenía unas notas excelentes en el liceo, había llegado al acuerdo de sufragar su hospedaje y alimento a cambio de que su padre pagará la carrera en la Sorbona, al cabo de un año terminó en el hospital por no dormir, nunca me dijo cómo consiguió terminar la facultad, Teddy me lo había contado en absoluta confidencia, puesto que para entonces ya no nos hablábamos, ya no éramos amigos. Tras el año que estuvimos él y yo en un internado en Fuveau algo se rompió o mejor dicho yo lo rompí, teníamos diecisiete y su excesivo optimismo me enfermaba, sus atenciones hacia mí me alarmaban, me miraba cuando estaba distraída y gastaba su mesada en detalles que nunca antes habíamos tenido el uno con el otro; nuestra amistad había estado fundada por sarcasmo, risas, juegos bruscos, planes de viajar por el mediterráneo y literatura rusa, leíamos novelas de Tolstoi desde que podíamos entenderlas y no aburrirnos en la mitad, quizá si esas atenciones las hubiese tenido antes o después habrían sido bien recibidas e incluso alagadas, pero yo seguía enamorada de mi compañero de butaca en el liceo: François Perrault, quien alguna vez me presto su abrigo en invierno y del que había escrito su apellido en el nombre de mis hijos, cuando se fue a Rennes, un año antes, me había enojado con Pierre, porque de habernos dejado volver a casa asolas podría haberle dicho lo mucho que me gustaba y él me habría dicho que le gustaba Alizée. Cuando nos fuimos a París no me despedí de él y no le hablé en los cinco años que estuve aquí. Veámonos mañana en la plaza de la Concordia a la misma hora, me gustaría seguir, pero antes de las ocho tengo una fiesta de la SS __ concluyó ella guiñándole un ojo y levantándose del banco en el que apenas se habían sentado.
Tuya