El búnker de los Volkova era una obra maestra de ingeniería y frialdad, pero para Evangeline Miller, el silencio de aquellas paredes de hormigón no se parecía en nada al silencio de la catedral. En San Judas, el silencio olía a incienso y esperanza; aquí, el silencio sabía a pólvora y a la presencia abrumadora de un hombre que no aceptaba un "no" por respuesta. Era temprano cuando Eva se encontró sola en la pequeña capilla privada que Robert Volkova había mandado a construir para su esposa Yelena años atrás. Estaba escondida en un rincón del búnker, un pequeño espacio con una virgen de mármol y un par de velas. Eva estaba de rodillas, con las manos entrelazadas, pero cuando intentó cerrar los ojos para rezar, la imagen de Dorian golpeando a su primo Oliver se filtró en su mente. —Padre n

