Narrador. Saber que Reynier no había regresado esa noche a la manada hizo que Ayalen durmiera tranquilamente y aunque su subconsciente le traía la imagen de él a la cabeza igual, eso no le impidió descansar. Ahora se encontraba viendo la bata blanca que estaba sobre su cama y se sonrió al pensar que podrá ver a David una vez más, y aunque ese hombre le dejó claro que él no es su prometido igual, verlo sintió que le hace bien. —Mark, el mundo es impredecible, si estuvieras aquí dirías que ese doctor es tu gemelo— habló a la nada sin dejar de sonreír, sabiendo con exactitud que el espíritu de su esposo no la podría escuchar, pero sintió la necesidad de expresar su impresión. En medio de su fascinación y de revivir todo lo sucedido del día anterior, ella volvió a percibir esa sensación e

