Capítulo 3

1159 Words
Danna y Ediet esperaron impacientes a que don Carlos saliera de la sala de reuniones. Ambos estaban nerviosos y ansiosos por saber su decisión. Ambos confiaban en que su propuesta fuera la elegida. Ambos se miraron con rencor y desafío. Después de unos minutos que se les hicieron eternos, la puerta de la sala de reuniones se abrió y don Carlos salió acompañado de Luisa. Los dos tenían una expresión sería y misteriosa. -Bueno, Danna, Ediet -dijo don Carlos-. Ya hemos deliberado sobre vuestras propuestas y hemos tomado una decisión. -¿Y bien? -preguntaron Danna y Ediet al unísono. -Lo primero que quiero decir es que vuestras propuestas son muy buenas -dijo don Carlos-. Ambas tienen sus puntos fuertes y sus puntos débiles, pero son válidas y profesionales. Habeis hecho un gran trabajo y os felicito por ello. -Gracias, don Carlos -dijeron Danna y Ediet con falsa modestia. -Pero hay un problema -continuó don Carlos-.Un problema que no depende de vosotros, sino de la empresa BioTech. -¿Qué problema? -. Preguntaron Danna y Ediet con curiosidad. -El problema es que la empresa BioTech tiene una condición muy especial para elegir abogados -dijo don Carlos-. Una condición que no nos había comunicado hasta hoy, cuando hemos hablado con ellos por teléfono. -¿Qué condición? -preguntaron Danna y Ediet con impaciencia. -La condición es que sus abogados sean una pareja felizmente casada -dijo don Carlos. Danna y Ediet se quedaron boquiabiertos al oír esas palabras. No podían creer lo que acababan de escuchar. ¿Unq pareja felizmente casada? ¿Qué tenía que ver eso con el caso? -¿Como dice? -preguntó Danna incrédula. -¿Qué broma es esta? -preguntó Ediet indignado. -No es ninguna broma -dijo don Carlos-. Es la verdad. La empresa BioTech nos ha explicado qué tiene una política muy estricta sobre la imagen que proyecta al exterior. Quiere transmitir una imagen de armonía, confianza y estabilidad. Y cree que la mejor forma de hacerlo es contratando a una pareja de abogados casados qué representen esos valores. -Pero eso es absurdo -dijo Danna-. ¿Qué tiene que ver el estado civil de los abogados en el caso? -Pero eso es ilegal -dijo Edie-. ¿Qué derecho tiene la empresa a discriminar a los abogados por su situación personal? -No lo sé, Danna, Ediet -dijo don Carlos-. No estoy de acuerdo con esa condición, pero es lo que hay. La empresa BioTech es nuestro cliente y tenemos que respetar sus deseos. Si queremos llevar el caso, tenemos que cumplir con su requisito. -Pero eso es imposible -dijo Danna-. Ninguno de nosotros esta casado ni tiene pareja. -Pero eso es inaceptable -dijo Ediet-. No podemos dejar que nos impongan una condición tan ridícula e injusta. -Yo tampoco lo veo justo ni razonable -dijo don Carlos-. Pero he pensado en una solución que puede satisfacer a todos. _¿Qué solución? -preguntaron Danna y Ediet con recelo. -La solución es que os caseis entre vosotros -dijo don Carlos. Danna y Ediet se quedaron petrificados al oír esa propuesta. No podían creer lo que acababan de escuchar. ¿Casarse entre ellos? ¿Ellos qué se odiaban desde siempre? ¿Ellos qué eran rivales en todo? ¿Ellos qué no tenían nada en común? -¿Qué? -exclamaron Danna y Ediet al unísono. -Si, habeis oído bien -dijo don Carlos-. Os propongo que os caseis entre vosotros y fingais ser una pareja feliz ante la empresa BioTech. Así podreis llevar el caso juntos y repartiros el trabajo y los beneficios. -Pero eso es una locura -dijo Danna-. ¿Como vamos a casarnos nosotros? ¿Como vamos a fingir ser una pareja? -Pero eso es una humillación -dijo Ediet-. ¿Como vamos a casarnos nosotros? ¿Como vamos a soportarnos? -No es tan difícil -dijo don Carlos-. Solo teneis qué ir al juzgado y firmir unos papeles. Luego podeis alquilar un piso y vivir juntos durante el tiempo que dure el caso. Y por supuesto, tendreis qué actuar como una pareja enamorada delante de los jefes y las familias. -¿Y las familias? -preguntó Danna horrorizada. -¿Y los jefes? -dijo Ediet aterrado. -Si, las familias y los jefes -dijo don Carlos-. Tendreis qué presentaros como marido y mujer ante ellos y convencerlos de que estais felices. No podeis arriesgaros a que se enteren de la verdad y os delaten. -Pero eso es imposible -dijo Danna-. ¿Como vamos a engañar a nuestras familias? ¿Como vamos a engañar a nuestros jefes? -Pero eso es insoportable -dijo Ediet-. ¿Como vamos a aguantar a nuestras familias? ¿Como vamos a aguantar a nuestros jefes? -No es imposible ni insoportable -dijo don Carlos-. Es una oportunidad única. Una oportunidad de llevar el caso más importante de vuestras carreras. Una oportunidad de demostrar vuestra valía como abogados. Una oportunidad de ascender en el bufete. Danna y Ediet se quedaron callados y pensativos. Don Carlos tenía razón. El caso de BioTech era una oportunidad única. Una oportunidad que no podían dejar escapar. Una oportunidad que valía la pena intentar. -Pero hay una condición -dijo don Carlos-. Si aceptais mi propuesta, tendreis qué hacerlo bien. Tendreis qué ser convincentes y creíbles. Tendreis qué ser discretos y cuidadosos. Tendreis qué ser profesionales y responsables. -¿Y si no lo hacemos bien? -preguntaron Danna y Ediet con temor. -Si no lo haceis bien, perdereis el caso y el cliente -dijo don Carlos-. Y no solo eso. También perdereis vuestros puestos en el bufete. Y quizás hasta vuestros títulos de abogados. Danna y Ediet se estremecieron al oir esas palabras. No podían permitir que eso pasara. No podían arriesgar su futuro por un capricho de un cliente. No podían renunciar a su sueño por un matrimonio falso. -Pero hay una ventaja -dijo don Carlos-. Si lo haceis bien, ganareis el caso y el cliente. Y no solo eso. También ganareis vuestros ascensos en el bufete. Y quizás hasta algo más. -¿Qué más? -preguntaron Danna y Ediet con curiosidad. -Quien sabe -dijo don Carlos con una sonrisa-. Quizás ganeis algo que no esperabais. Quizás ganeis algo que no queriais. Quizás ganeis algo que os cambie la vida. Danna y Ediet se miraron con desconcierto. No entendían lo que don Carlos quería decir. ¿Qué podían ganar qué no fuera el caso? ¿Qué podían querer ellos qué no fuera éxito? ¿Qué podía cambiarles la vida a ellos qué no fuera el trabajo? -Bueno Danna, Ediet -dijo don Carlos-. Ya os he dicho mi propuesta. Ahora os toca decir a vosotros. Teneis dos opciones: casaros entre vosotros y llevar el caso juntos, o renunciar al caso y dejarlo pasar. Danna y Ediet se miraron con duda. No sabían que hacer. No sabían que elegir. No sabían que decir. -¿Qué decís? -preguntó don Carlos-. ¿Aceptais o rechazais mi propuesta? Danna y Ediet respiraron hondo y se prepararon para dar su respuesta.
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