Vistiéndome no dejaba de pensar en él. Mientras Jacqueline me hacia una clineja que rodeaba mi cabeza, yo me miraba al espejo perdida en mis pensamientos. Después que nos besáramos salí corriendo de la biblioteca. Él no intentó detenerme, se quedó ahí `parado, inclusive con los ojos cerrados y yo corrí a mi habitación, para mi sorpresa, sin dejar de sonreír. Mi pecho encerraba a este corazón galopante y una esperanza viva de que podía vivir ahora lo que no viví cuando recién nos casamos. Tenía muchos asuntos que atender, así que se quedó en la biblioteca el resto del día, yo comí algo ligero antes de que Jacqueline actuara como mi peluquera y después me ayudara con el maquillaje. –¿Quiere que la ayude con el vestido? –Sí, por favor, Jacqueline. –Volví a mirarme en el espejo, resaltamo

