V Saltaré los incidentes de fin de curso y exámenes, pues al lector que más se interese por mis futuros destinos le bastará saber que aquel año aprobé mis asignaturas: las tenía corrientes como una seda. El zamorano logró la misma suerte. No así Portal y Trinito que en algunas fueron perdigones. El cubano lo tomó con la filosofía de su indolencia; Portal en cambio, se arrancaba los pelos, echando la culpa a ojeriza del profesor, a recomendaciones e influencias manejadas por otros alumnos, y cuyo resultado práctico era jorobarle a él. «Me han partido por el eje, me han triturado», repetía el infeliz, totalmente fuera de quicio, olvidado de aquella su benigna teoría de los acomodamientos, las transacciones, las conformidades y las esperas. Su pachorra se convertía en furia. ¡Tan seguro esta

