Todos en la mesa siguieron gritando, nadie más hizo por detenerlos, y todo aquello pasó, cuando por fin la cena fue servida. Mi suegro rió. —El hambre hace estragos —se burló, mirando a su esposa. Ella le siguió la corriente. —De haber sabido que tenían hambre y por eso hacían escándalo, hubiera pedido la cena antes. — se puso a reír. —¿Entonces? ¿Estás embarazada? Su mirada estaba puesta en mí. Miré a Ethan, tomé su mano por debajo de la mesa y negué. —No… estaba nerviosa y por eso vomité… en sus zapatos —le dije avergonzada al señor Park. —Lo siento. Le restó importancia con una mano y negó con bastante tranquilidad, tanta, que parecía que le divertía dicha situación. —No hay problema. Les hacía falta una mejora —Dijo bromeando. Miré a Ethan y él me miró con su típica

