LILLY Estaba parada a la mitad del pasillo de un hospital, con mis mejillas rojas, ocres, moradas...bueno, de todos los colores habidos y por haber; tenía mi mano en mi pecho y aún no me atrevía a girar, pese a sentir la mirada de todos los pacientes, doctores e internos que circulaban por aquel frío lugar, y es que, podía haberme dicho cualquier cosa y no me hubiese importado. Pero esa palabra salida de su boca, me pareció un poco fuera de lugar. ¿“Cógeme”? ¡¿En serio?! Lo miré como quien mira a Santa Claus un buen día de verano en una playa, rodeado de sus duendes, y escuché como el elevador se cerraba a mis espaldas. Su mirada se volvió brillante y con rapidez se acercó a donde estaba parada, incapaz de mover un solo pie. Me sujetó de la cintura y unió su sien a la mía. —Ni s

