Kelan se frotó el hombro donde uno de los guerreros había conseguido descargar un puñetazo en un golpe de suerte. Seguramente no debería haberse enfrentado a seis de golpe, pero le había apetecido un reto. Estaba volviéndose demasiado viejo para cosas como aquella, pensó alicaído, mirando fijamente su taza medio vacía. Acercó otra botella, la quinta que se tomaba del preciado vino curizano. Había tenido que abandonar antes la sala de entrenamiento bajo la mirada desaprobadora de Jarak y se había dirigido al comedor. Antes de que se marchara, Jarak lo había informado en términos que no dejaban lugar a ninguna duda de que estaba cansado de Kelan, de Trelon y de todas aquellas mujeres tan exasperantes. Estaban enviando a todos sus hombres al ala médica, y se le estaba acabando el personal. P

