Sabía bien que esto era tiempo perdido, pero algo en mí quería creer en que quizás mi abuelo iba a compadecerse de la única familia que le queda. —Abril, ni siquiera sabe que tengo tu maldito apellido, así que no digas que ella se aprovecha de mí. Esa mujer que tanto desprecias ha sido de mucha ayuda y desde ya te digo que no es pobre, gana demasiado bien. —¿A sí? Entonces, ¿Por qué no tiene las comodidades que una persona de alto estatus social debe de tener? No me quieras ver la cara de idiota porque soy viejo y he visto muchas cosas. —No, sí, no es que te quiera ver la cara de idiota —sonreí burlonamente —. Es que sí tienes cara de idiota. Pero bueno, al final de cuentas ya no pienso seguir perdiendo el tiempo contigo, que piensa que todas las personas con altos recursos económicos t

