Así que tenía un enemigo en común con Gabriele, no pensé mucho las cosas y me puse delante de aquella computadora que definitivamente era la mejor del mercado. Una vez que puse mis lentes, comencé a frenar el ataque. Tomé el collar que cargaba y de ahí saqué la memoria USB. No podía esperar que esta persona hiciera desastres tal como había hecho con el sistema del hospital. Las alarmas fueron detenidas en cuestión de segundos después de que metí la memoria y hubo un silencio total. —Bueno, quiero que tomes esto como un favor —le dije a Gabriele mientras guardaba la memoria en su sitio y me levantaba de la silla —. No pienso trabajar para ti, no se me da la gana. Al final me fui con Mateo, ya no tenía nada que hacer en ese sitio al que ni loca pensaba llegar. No era por resentimiento o

