Sonrío con amplitud al ver como ella se aleja. Sé que está huyendo. Me evade porque no es capaz de hacerle frente a todas las cosas que le hago sentir. Aunque… Yo también siento cosas muy intensas por ella, y no logro entender porque me tiene tan fascinado.He visto muchas mujeres como ella en mi vida. Y no, no es porque se haya mostrado renuente a la hora de aceptar tener una cita conmigo. No. No es mi ego herido el que habla. Es algo más.
No puedo evitar rememorar cada segundo junto a ella, una vez se ha alejado de mí. Lo que sentí al verla llegar al observatorio fue muy intenso, la manera en que me hace sonreír con un simple comentario… ¡Tiene un poder impresionante sobre mí! Estas ganas incontrolables de abrazarla, besarla, mirarla… jamás las sentí con alguien más. Al menos no de esta manera tan… recalcitrante.
«¿Qué tiene esta mujer?». Me lo cuestiono, mientras me pierdo entre mis cavilaciones.
Su manera divertida de cantar, me contagió de una extraña magia, que aunque ese tipo de música no sea mi favorita, sentí un impulso sobrehumano de cantar. Admito que la canción no es mala, y mucho menos si ella la canta con la pasión que lo hizo.
¡Dios! Es juguetona, risueña… y endiabladamente bella.
La forma en que me miraba, mientras yo fingía estar atento al camino, como se humedecía los labios con su lengua… y la forma en que su piel se erizó cuando me acerqué a ella.
—¡Oh vamos! ¡Canta conmigo!—dijo. «¡Jamás! Ni en un millón de años cantaría algo como eso», fue lo que pensé—. Debes sabértela. Todo el mundo se la sabe.
—Pues yo no soy todo el mundo, dulzura —recuerdo que respondí.
—¡Oh! Discúlpame por ser tan común —comentó ella con cierto tono burlón.
¡Por Dios! «Eres una mujer fuera de serie. No te pareces a ninguna que haya conocido». Me vi tentado a decirle, pero gracias al cielo pude controlarme y no hacerlo. De lo contrario, no sé qué habría pasado a continuación. Le habría cedido el control por completo a ella.
Sin embargo… Eun-Yeong notó mi amague e insistió en saber lo que cruzaba por mi cabeza. ¡Fui astuto! Volví a poner el juego a mi favor. Es mejor que conozca esa parte de mí; la parte que vuelve loca a todas las mujeres. Y no más.
Eun-Yeong me hace sentir algo muy raro; una necesidad inmensa por saber más de ella, por tener mucho más de su ser. Es una sensación de bienestar absoluto; unas ganas locas de reír con ella, de charlar con ella, de mirarla y de sentirla…
Sacudo mi cabeza con fuerza al darme cuenta que estoy parado en medio de la acera, con cara de idiota y mirando hacia la nada, pues hace rato que Eun-Yeong ha desaparecido del horizonte.
Mi móvil suena, una vez más.
Respondo la llamada sin molestarme el mirar la pantalla. Estoy obnubilado por pasar un rato tan agradable en compañía de Eun-Yeong.
—Aquí Levesque —musito.
—Hey, Noah —es Ryan—. Ya hice todo lo que me dijiste.
—¿Ya tiene el tiempo necesario? —me aseguro de que siga la receta al pie de la letra.
—Sí. Ya tengo la cebolla con el ajo y estoy sofriéndolos.
—Vale. Cuando comiences a ver que la cebolla se cristaliza, agrega las alcaparras, las aceitunas, los piñones, los tomates troceados y las anchoas, también picadas en trozos muy pequeños. Mézclalo bien y déjalo sofreír por unos minutos, hasta que comience a secar el jugo de los tomates…
—Luego el vino y… —interrumpe Ryan.
—Sí, y dejas evaporar un poco, a fuego fuerte. Pero no todo. Lo suficiente para que te quede un caldo espeso. Cuando comience a espesar, baja el fuego y cocina por unos diez minutos más.
—Vale. Te vuelvo a llamar en cuanto haga todo eso —comenta.
—No hace falta. Lo que quedaría por hacer es una tontería. Solo debes agregar el bacalao, ya macerado a la cazuela, con el laurel y agregas agua suficiente para que cubra el pescado. Dejas cocer y sazonas a tu gusto. Y listo, ya podrás deleitar a María con una rica burrida ligure.
—Gracias, Dan. Sin tu ayuda, seguro que la habría llevado a comer, otra vez, al mismo restaurante que la llevé el año pasado.
—Nada que agradecer, casanova. Disfruta. Y por cierto, no te olvides de llamar a la diseñadora.
Me siento aliviado de que Ryan no esté molesto por haber faltado a la reunión que teníamos y que decidiera reprogramarla para después.
—¡Vale! Lo haré en media hora, cuando llegue a su casa.
—Es importante que finiquitemos eso esta semana, Ryan.
—Bien —me tranquiliza—. No te preocupes, amigo.
—Saluda a María de mi parte.
—De acuerdo —susurra—. Por cierto, ya hablé con Timothy, y pospuso la reunión de hoy para el martes. ¿Está bien?
—Sí, muy bien. Así podré dedicarme a otros asuntos, hoy.
—¿Otro asuntos? ¿Cómo cuáles?
—Después te cuento. Pásala bien con tu esposa.
—De acuerdo.
Dicho esto, finalizo la llamada.
Tomo una gran bocanada de aire y lo suelto de golpe. Sonrío al imaginar lo que sucederá en la noche. Prepararé una rica cena para Eun-Yeong, charlaremos un rato, y al final de la noche estaremos follando sobre el mesón de la cocina.
¡Dios! Esta mujer me prende como arbolito de navidad.
Tengo en mente todo lo que va a suceder en un par de horas, así que escribo el mensaje con mi dirección y lo envío.
Trato de mantener mi cabeza despejada, lejos de asuntos que competan a la inauguración de mi restaurante y al hecho de que debo pagar para que gestionen otro permiso que exige el ayuntamiento, alejo mis pensamientos de las filmaciones, de la reunión que tengo con los ejecutivos de Brazzers para la próxima semana…
Esta noche es solo mía… y de Eun-Yeong.