Capítulo 7 - Eun-Yeong

2560 Words
Me detengo un momento y contemplo el semáforo que cambia de verde a rojo, y la luz del paso peatonal me indica que puedo atravesar la calle. Tomo una honda bocanada de aire y la suelto muy despacio. En medio de mi arrebato pasional, no me percaté que bajé del subterráneo dos estaciones antes de mi destino y por ende me toca caminar unas cuantas cuadras más, y no gracias. En tacones no llegaría ni a la esquina. No sin antes haberme ocasionado un esguince. Así que decido tomar un taxi, para poder llegar rápido. Levanto mi brazo y detengo un vehículo amarillo que me cobra veinte dólares por llevarme al lugar donde se supone debía estar hace dos horas. ¿Veinte dólares por un trayecto de solo ocho minutos? No por la distancia, sino por el tráfico. En fin, los doy como quien compra un par de alas. Lo importante es llegar antes que termine el acto de grado. Durante el corto trayecto no puedo dejar de sentirme mal por haberme dejado llevar, en vez de haber salido corriendo de esa estación del metro y apresurarme a llegar a donde Hyun, pero la sonrisa de idiota que se refleja en mi cara al recordar lo espectacular de estar con un adonis como Noah, borra cualquier atisbo de culpabilidad de mi mente. No todos los días se puede una dar el lujo de estar con alguien así. De igual modo, por momentos, el pensamiento de que soy la peor hermana del mundo, no deja de carcomerme. El auditorio de la preparatoria es grande, y está abarrotado de gente, así que tengo que hacer un gran esfuerzo para encontrar a mi madre y a mi hermanito, en medio de ese mar de caras. Mientras lo hago, no puedo dejar de pensar en Noah, y en su forma de tocarme, besarme y… ¡Madre mía! El solo recuerdo hace que me ponga a mil. Me siento un poco confundida y por momentos llego a contemplar la idea de que lo he imaginado todo, pues este tipo de cosas no suelen sucederme a mí. Soy consciente de que soy todo lo contrario a lo que los hombres buscan. ¡Soy un desastre de pies a cabeza! Aunque bueno, este día estoy disfrazada de persona decente. Tal vez eso sea lo que le llamó la atención de mí, que no parezco un niño de doce años recién salida de una Comic Con. Vamos a estar claros. No soy el tipo de mujer adicta a la moda, al maquillaje, a los accesorios costosos, incluso soy enemiga de pasar largas horas en el salón de belleza para terminar luciendo como una copia barata de una Kardashian. Soy despistada, olvidadiza y muy extravagante a la hora de vestir. Uso camisetas con logotipos de superhéroes de comics, mallas de colores chillones y zapatillas deportivas. Tengo una colección de converse de todos los colores en mi armario, además de Vans y Sk8-Hi. La mayoría de mis pantalones están rasgados a nivel de las rodillas, o muy desgastados. Casi nunca me peino, prefiero usar sombreros o gorros de lana. No suelo maquillarme. Solo uso una base humectante en mi rostro con protector solar para cuidar mi piel. Eso sí. Mi madre, desde pequeña, me enseñó a cuidar mi sistema tegumentario. Tener una piel perfecta, es un requisito indispensable en nuestra cultura: la asiática. Soy delgada, por mera genética, pues no hago ejercicios. Ni siquiera me gusta un poquito la física. De vez en cuando me gusta saltarme las reglas y llenarme de comida chatarra, aunque luego deba soportar los sermones de mi progenitora. Hyun en más de una ocasión me animó a salir del closet, ya que según él, reúno todos los requisitos de una lesbiana en potencia. ¡Y vaya que él no es pre-juicioso! Sin embargo, no puede evitar percatarse que jamás he tenido un novio formal, aunque sabe a la perfección que no soy virgen, porque yo misma se lo confesé una vez que llegué borracha a la casa. Creo que sus dudas incrementaron a raíz de que mi mejor amiga de la preparatoria, Cinthia, y con la cual conservo una linda amistad a pesar de que hayan pasado cuatro años de desde que nos graduamos de la secundaria, salió del closet, declarándose abiertamente homosexual. No soy lesbiana. Aunque debo confesar que hay veces en las que me siento un poquito bisexual, sobre todo cuando de Helena Bonham Carter se trata. Pero digamos que la razón por la que no he estado en una relación duradera con un hombre, es porque no he conocido al que valga realmente la pena. Creo que poseo el don innato de fijarme en los chicos menos adecuados. Lara dice que soy adicta a las relaciones suicidas. Hasta la fecha, no entiendo lo que eso significa. Tampoco he querido averiguarlo. No tengo ningún trauma emocional, no me hicieron bullying en la escuela ni nada por el estilo, es solo que me cuesta un poco relacionarme con personas del sexo opuesto. Soy tímida, aunque ávida conocedora de temas sexuales. Cinthia y Lara me han puesto al tanto. Además, en los últimos años de mi vida he estado tan enfocada en mantener a flore el negocio familiar, que un romance o amorío con alguien, no se encuentra entre mis prioridades. El amor y la pasión por la pintura si forman parte de mi lista de cosas importantes. Es mi refugio cuando necesito escapar de todo. Ella no es traidora ni malagradecida, sino al contrario. Soy feliz entre colores, oleos, lienzos y caballetes. Sueño con el día en que mis cuadros sean exhibidos en una prestigiosa galería. De preferencia The Bushwick Collective en Nueva York. Siempre me ha gustado apuntar a lo alto. —Hola Eun-Yeong—la voz de mi hermano me hace dar un respingo—. Creo que llegaste tarde —dice con sarcasmo. —¡Hyun! —Exclamo y me abalanzo entre sus brazos—. Lo lamento mucho. Traté de llegar, pero hubo un contratiempo en el subterráneo y además mi móvil… —lo saco de mi bolsillo y se lo enseño. —¿Qué rayos le pasó? —él abre los ojos. Sé que está sorprendido de ver el aparato destrozado. —Es una historia muy larga —indico con una mueca de pesar. —Bueno, tampoco es que te hayas perdido de mucho. —¿Hace cuánto terminó? —no puedo evitar sentir mucho remordimiento por haberme dejado arrastrar por mis más bajos instintos, en vez de estar al lado de mi hermano en su día especial. —Habrá pasado más o menos una hora—masculla él. «De igual forma no habría llegado», la vocecita en mi cabeza trata de convencerme de que no soy la peor hermana del mundo. —Prometo compensártelo —expreso—. Te llevaré a comer en ese lugar que tanto te gusta y… —Como sea —él me interrumpe—. Estaré afuera —musita con cierto deje de congoja en su voz—. Mamá está por allá —señala con su dedo índice—, con los padres de Chris. Están organizando una fiesta para los dos y yo de verdad ya estoy harto de todo. Tan solo quiero irme y olvidar que alguna vez vine a esta preparatoria de mierda. —¡Oh vamos! No creo que haya sido tan malo —le pongo una mano en el hombro. —¿Bromeas? —él abre sus ojos de manera exagerada, horrorizado—. Fue una puta pesadilla. Los cuatro años más horribles de mi vida. Mi pobre hermanito se encoge de hombros y clava su mirada en un punto lejano. Sé que está recordando los últimos meses. Ha vivido un infierno desde que Katie, la chica por la que suspira desde noveno grado, se enteró que le gustaba. Sin querer, lo supo cuando su mejor amigo, Christopher, lo comentó en voz alta mientras almorzaban. La chica pasó justo en el momento que Chris le decía a Hyun que debía animarse a decirle a Katie Jones que la amaba. La cara de la muchacha fue un poema y desde entonces trató de evadir a Hyun, de cualquier manera. Aunado a todo esto, tuvo que hacerle frente a los repentinos cambios corporales de la pubertad. Estuvo padeciendo de un terrible acné, que le impidió vivir a plenitud como cualquier otro adolescente, ya que mirarse al espejo representaba una tortura psicológica terrible. Todo esto lo sé, porque él mismo me lo contó hace un par de semanas con lágrimas en los ojos, durante una de nuestras tantas noches de Netflix y palomita de maíz. Tener que ver a la causante de sus sueños húmedos, tan radiante, con ese vestido azul que lleva puesto, acompañada de toda su familia, solo incrementa su ansiedad de salir corriendo del recinto. Él quiere cerrar ese capítulo de una vez por todas, y olvidarse de la forma en que esa chica malvada se burló de sus sentimientos. Anhela meterse en su cama y no salir de ella, a menos que el planeta se encuentre bajo amenaza extraterrestre o nuclear. Lo sé. Lo percibo en su triste mirada. Se me parte el corazón de ver a mi pequeño monstruo tan abatido, y aunque deseo abrazarlo de nuevo, no lo hago. Él no es del tipo de chico de dar ni recibir afecto en público. —Iré a hablar con mamá. Espéranos afuera —le digo y le guiño el ojo. Hyun sonríe con desgana—. Ve encendiendo el coche de mamá. —Pero no tengo las llaves —balbucea él. —Déjame y se las pido—le vuelvo a guiñar el ojo. Hyun asiente con la cabeza y se aleja lo más rápido que puede. Yo me dispongo a buscar a mi madre para cumplir el deseo de mi hermanito. Sé a la perfección lo mucho que a mi progenitora le gusta celebrar. Siempre encuentra una excusa perfecta para hacer una cena, un asado, una reunión, una fiesta, un agasajo y todo lo que se le parezca. Youra Lin Sang es mi madre. Llegó a los Estados Unidos siendo apenas una niña de ocho años de edad. Es hija de inmigrantes coreanos que llegaron a Estados Unidos huyendo de la guerra y que lograron establecerse en el país luego de establecerse la ley de asilo para inmigrantes de zonas en conflicto. A la edad de diecinueve años conoció a mi padre, Abraham Hadwin, americano. Con el tiempo, mi abuelo, con trabajo duro, compró una gasolinera, la cual por muchos años nos dio el sustento. Al morir, se la heredó a mi papá. Mis padres se casaron al cabo de siete meses de noviazgo. De ese matrimonio nacimos tres hijos: Yo, que soy la mayor, seguida por Helen, quien lamentablemente falleció cuando tenía diez años, debido a una enfermedad congénita del corazón, y Hyun, quien es el menor. Sin embargo, hace dos años, mi padre murió, a manos de un asaltante que le disparó a quema ropa para robar doscientos dólares que había en la caja registradora. Sacudo mi cabeza con fuerza para sacarme esos tristes recuerdos de la mente y carraspeo la garganta, haciéndome notar. —¡Oh! ¡Cariño! ¡Llegaste! —dice mi madre, muy emocionada. Se acerca a mí y me abraza. —Sí, madre. Tuve un percance en el subterráneo y… —Escuché que hubo una avería en el sistema —interviene la señora Gilmore, la madre de Chris. —Eso es correcto, señora Crystal —finjo una sonrisa, pues lo cierto es que no me agrada la mamá del mejor amigo de mi hermano, ya que suele inmiscuirse en asuntos que no le corresponden. Además, es una persona muy mezquina, a pesar de darse golpes de pecho todos los domingos en la iglesia. —Un placer verte, Eun-Yeong —comenta el señor Frank. El padre de Christopher es la antítesis de su esposa. Es amable, servicial y muy dócil. No entiendo cómo diablos sigue casado con la Medusa que tiene de mujer—. Grabé a Hyun recibiendo su diploma —continúa él—. Cuando lleguemos a casa lo descargo en la computadora y te lo envío a tu correo. —Muchas gracias, señor Gilmore —respondo y le obsequio una sonrisa gentil—. Madre —miro a mi progenitora—, Hyun nos espera fuera. No se siente bien. —¿Qué le sucede? —mi madre se muestra preocupada. —Dijo que se sentía mareado —miento. Es la única forma de que mi madre deje de hacer planes de fiesta con la pesada de Crystal y terminemos largándonos de una buena vez. —¡Oh! Pobre —masculla la mamá de Chris—. Debe ser todo el estrés de la graduación, el pensar en lo que serán sus años venideros en la universidad… —le pone una mano en el hombro a mi mamá—. Deberías darle algunas vitaminas. Yo se las doy a Chris para evitar que se sienta agobiado. Además, desde que empezó a entrenar con el equipo estatal de baloncesto, su salud ha mejorado mucho. Es una lástima que a Hyun no le gusten los deportes —percibo cierta malicia en sus palabras. Para ella, solo su hijo es merecedor de elogios —Sí, una lástima —contesto de manera mordaz y simulo estar abatida—. A él le va más el rollo informático, programar, crear software… quizás no termine jugando para la NBA, pero algún día, tal vez, llegue a crear una aplicación para Android o Apple, valorada en millones de dólares. Una sonrisita se asoma en los labios del señor Frank. —Cariño —la voz de mi madre denota cierto tono de advertencia. Sabe que tengo una hojilla en vez de lengua y que a veces no mido mis palabras—. Será mejor que nos vayamos —le guiño el ojo para apaciguarla—. Te llamaré en la noche para ponernos de acuerdo y hacer algo el domingo, en honor a los chicos —dice, girándose hacia Crystal. —De acuerdo —concuerda la mujer. —Hasta luego, señor Frank —hablo con claridad—. Adiós, señora Gilmore —digo entre dientes. Puedo tratar de ser diplomática, pero jamás soy hipócrita. Mi madre y yo nos alejamos entre la multitud de jovencitos que se disponen a tomarse fotos con sus familiares, amigos y profesores. —Recuérdame porque sigues siendo amiga de esa señora —solicito saber. —Porque es la mamá del mejor amigo de tu hermano y… —¡Vaya amigo que resultó ser Chris! —murmuro al ver al nombrado en compañía de ciertos muchachos que sé que no aprecian a mi hermano. —¿Por qué dices eso? —mamá no entiende mi comentario. —Por nada, madre —respondo. No tengo ganas de explicarle que desde hace meses he notado cierto alejamiento entre Chris y mi hermanito. Una vez afuera, divisamos a Hyun. Está recostado en el carro, al otro lado de la calle. Mi pequeño monstruo tiene la mirada clavada en el suelo y se ve muy desanimado. Se me arruga el corazón de verlo así. Sé que está atravesando una etapa difícil de su vida. Lo comprendo. Al fin de cuentas, yo también fui adolescente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD