Ríen a carcajadas una vez más. La velada transcurre entre chistes y una conversación muy amena. Para Eun-Yeong es muy grato saber que Noah es mucho más que una cara bonita. Está fascinada de la facilidad con la que puede pasar de temas triviales, como el último episodio que vieron de The Walking Dead, hasta llegar a hablar de la delicada situación sociopolítica y económica del Medio Oriente, para luego volver a caer en temas banales.
Por su lado, Noah se siente encantado por el sentido del humor tan ligero que posee Eun-Yeong. Se ríe a carcajadas, de todo, al mínimo esfuerzo. Está cautivado con lo espontánea que es y lo increíble que se siente en su presencia. Es el tipo de mujer que no se queda callada, y que cuando un silencio incómodo amenaza con hacerse presente, busca la manera de evitarlo, diciendo cualquier cosa.
¡Lo tiene hechizado por completo!
—Imagina la cara que puso cuando me vio —dice él, entre risas—. Casi se desmaya del susto.
Eun-Yeong se desternilla de risa. La escena que se imagina es hilarante. Noah acaba de relatar cómo le jugó una broma a su hermana, la noche del Halloween pasado. Él se disfrazó de zombie y se escondió debajo de la cama de Vanessa, donde la tuvo que esperar por casi quince minutos, hasta que la ingenua víctima se sentó sobre su lecho, dispuesta a dormirse. La sujetó del tobillo e intentó morderle la pierna, pero su hermana huyó despavorida, gritando como loca.
—¡Dios mío! Si tú fueras mi hermano y me hicieras eso —logra decir entre risas—, te juro que no te hablaría nunca más.
Él se pone de pie y se acerca mucho a ella.
—Por suerte no soy tu hermano —Noah deja de lado las carcajadas, para darle paso a la coquetería—. De lo contrario no podría hacerte nada de lo que deseo hacerte.
Eun-Yeong traga grueso al notar la mirada lujuriosa del hombre frente a ella. Da un respingo al sentir que la mano de Noah le roza la mejilla.
—¡Dios! Eres preciosa —susurra él y se acerca a la boca de ella.
Eun-Yeong jadea y cierra sus ojos, a la expectativa. Se entrega al montón de sensaciones placenteras que le provee la boca de Noah. Su garganta emite un gemido ronco. ¡Dioses! Este hombre la desarma por completo con tan solo tocarla. Él sujeta con delicadeza la nuca de la mujer, mientras que su lengua arremete contra la de ella. Gime también. Se doblega al deseo que despierta esta bella mujer en él.
—Esto no está bien —susurra ella, entre besos.
—¿Y lo que hicimos ayer sí? —jadea Noah. No deja de besarla ni por un segundo.
—Absolutamente —musita Eun-Yeong—. Eso estuvo genial.
—¿Te gustaría repetirlo? —él sujeta el rostro femenino entre sus manos y se separa un poco para mirarla a los ojos.
Eun-Yeong no responde con palabras, tan solo se limita a dejar que un suave gemido salga de su boca.
Noah sonríe ante la delicada invitación.
Vuelve a juntar su boca a la de ella, mientras Eun-Yeong se aferra al cuello de él. Ambos se ponen de pie. No pueden reprimir las crecientes ganas que sienten por tocarse. Eun-Yeong le rodea la cintura con sus brazos y lo obliga a pegarse más a su cuerpo. Sin pensarlo dos veces, Noah la estrecha con fuerza y se embebe con su aliento.
El deseo incrementa con el paso de cada segundo. Ambos se aferran y se funden en un beso apasionado. Juntos caminan hasta llegar a un amplio sofá blanco, donde se precipitan sin ninguna delicadeza. Él cae sentado. Ella de rodillas, negándose a abandonar la boca de ese hombre que hace despertar su lado más pervertido.
Lenguas van y vienen, en un intento desesperado por enredarse la una con la otra. Noah vuelve a tomar ese delicado rostro entre sus manos, para eliminar cualquier espacio entre las bocas. Pega sus labios a los de Eun-Yeong, y con su lengua explora su interior. Gime al saborearla.
Ella se posiciona a horcajadas sobre él, coloca sus suaves manos en el espacio entre sus hombros y sus orejas y mueve sus caderas de adelante hacia atrás. Se restriega con descaro contra la entrepierna masculina que se pone muy dura. No puede aguantárselas ganas de morderle el labio. Él le rodea la cintura con su mano derecha, mientras que la izquierda tantea el seno de la mujer. Ella jadea al sentir como esa mano grande y fuerte da un apretón a su pecho.
Lenguas, dientes y manos de aquí para allá, gemidos y jadeos…
«¿Qué estoy haciendo?», piensa Eun-Yeong. «Lo que viniste a hacer», responde la odiosa voz de su conciencia. «No te hagas la mojigata», continúa. «Deseabas esto con todo tu ser».
Ella jadea y vuelve a menear sus caderas sobre él. Un sonido ronco sale de la boca del hombre que la aprieta con fuerza y la incita a seguir restregándose contra él.
Noah se siente muy deseoso, y hasta desesperado. Anhela arrancarle la ropa y penetrarla con rudeza, hasta ver que se retuerce de placer, grita y pide más, pero sabe contenerse. Muy despacio desliza su mano, recorre la espalda de Eun-Yeong, baja por su costado izquierdo, pasa por su nalga izquierda, luego por la parte externa de su muslo… Se separa de ella y la mira a los ojos.Espera que ella le dé su aprobación. Eun-Yeong asiente con la cabeza. Ella también lo desea con locura. Noah siente que su duro pene puede estallar en cualquier momento, al percibir como la lujuria desborda de estos ojos marrones.
—¡Dios! Me pones a mil, Eun-Yeong —jadea y vuelve a apoderarse de esa deliciosa boca que lo tiene embrujado. Le da un lametón que produce un sonido parecido a un chasquido y vuelve a separarse—. Voy a follarte sin clemencia —musita con la respiración entrecortada.
—Sí —sisea ella—. Hazlo —lo incita.
Noah sonríe contra la boca de ella. Le encanta cuando las mujeres dejan aflorar su lado salvaje, que ante la sociedad mantienen oculto. Continúa tocando esa piel suave que arde contra su mano. Acaricia el muslo de Eun-Yeong, desliza sus dedos entre sus piernas y se cuela en sus bragas. Abre los ojos ante la grata sorpresa de sentirla muy húmeda. Ella está deseosa y anhelante de él.
—Mira nada más —él sisea—. Está tal cual me gusta —se relame los labios con lascivia.
Ella deja escapar una risita, entre tímida y excitada, a la vez que se aferra con fuerza al cuello de él y gime, debido a la repentina invasión de esos dedos largos. Noah mueve sus falanges traviesas entre sus pliegues carnosos, calientes, jugosos y palpitantes. Las posiciona justo en la entrada de ella. Eun-Yeong jadea, se inclina hacia adelante y se adueña del lóbulo de la oreja de Noah con un suave mordisquito que lo hace gemir. Sentir el aliento de esa mujer en su oído lo excita demasiado. Él percibe que una gotita de líquido pre-seminal se riega y recorre la punta de su rígido m*****o.
—Mmm —él cierra los ojos y gime de manera escandalosa al sentir como sus dedos, índice y medio, se deslizan dentro de ella. Los mueve con suavidad y lentitud, mientras ella jadea y pega su frente a la de él. Noah mueve sus dedos un par de segundos más, de adentro hacia afuera, y los saca de manera repentina. Se los lleva a la boca y los lame. La saborea como si se tratara de un delicioso manjar—. Quiero enterrar mi cara en tu coñito, y comérmelo enterito —gruñe y la mira directo a los ojos.
Eun-Yeong siente que en cualquier momento puede prenderse en llamas e incinerarse. Se restriega una vez más contra la hinchada erección que pide a gritos ser liberada.
—Hazlo —jadea—. ¿Qué estás esperando para hacerlo? —lo reta.
Una sonrisa ladina se asoma en los labios de Noah. De manera rauda, la toma entre sus brazos y la recuesta sobre el sofá. Agradece más que nunca que ella se decantara por usar un vestido que le facilita las cosas y que ha estado deseando arrancarle desde el primero momento que atravesó el umbral de su puerta.
Sin perder tiempo, vuelve a introducir sus dedos entre la tela de las diminutas bragas, la cual percibe que es del mismo color del vestido, las desliza con calma, y al llegar a sus tobillos, se detiene para contemplar esos preciosos pies, ataviados con un par de tacones, no muy altos, pero tacones al fin y al cabo. Las uñas de los pies las lleva pulcramente arregladas y pintadas de color rosa pálido. Siente que su polla va a reventar. ¡Dios! Como le pone una mujer con ese tipo de calzado y más si lleva una delicada pedicura. Arroja la diminuta prenda íntima a un lado, se relame los labios al verla por completo expuesta ante él. Toma una honda inhalación para tratar de calmar su acelerado palpitar, pues lo que ven sus ojos es una hermosa visión.
Ella se remueve sobre el mueble, levanta la falda de su vestido y separa más sus piernas, a la expectativa de lo que está por suceder. Jadea de forma escandalosa cuando Noah posa su lengua sobre su clítoris y comienza a lamer muy despacio. Mueve sus caderas en círculos y sujeta la cabeza del hombre, entrelazando sus dedos entre las hebras castañas de cabello. Se restriega contra la cara de él, sin vergüenza alguna, echa el pudor a un lado y se deja llevar.
¡Santo cielo! Siente que la parte baja de su vientre se contrae, mientras él mueve su lengua de manera frenética sobre el ramillete de terminaciones nerviosas. La sensación la empuja al borde del éxtasis más exquisito. Se retuerce y grita. Menea sus caderas, para lograr más fricción contra la boca que la devora. No logra entender por qué Noah despierta en ella ese instinto de comportarse como una loba en celo.
Gime una vez más y levanta su cabeza para observar mejor como Noah se deleita dándole placer. Un par de ojos azules se clavan en los suyos. Es una imagen muy erótica: él mueve su lengua contra su piel, lame, succiona y masajea su clítoris con movimientos rápidos, sin dejar de mirarla directo a los ojos.
Por más que lo intenta, Noah no puede dejar de mirarla. Verla tan excitada, lo tiene al borde de su límite. Gime al unísono de los jadeos de Eun-Yeong, mientras acaricia su vientre con sus manos y sube a sus senos; los que está dispuesto a mimar también. Lame y succiona, a medida que masajea el pecho femenino.
—Se siente tan bien —musita ella y se sacude de forma involuntaria, entre leves espasmos.
Él sonríe con malicia. Se siente victorioso por tener el poder de hacerla temblar y gemir a su antojo. Ella se pasa la lengua por los labios y frota sus manos sobre las de él, mientras estas rozan sus endurecidos pezones. Él continúa lamiendo y succionando su clítoris, empujándola al borde del precipicio.
—¡Santo cielo! Voy a correrme —susurra Eun-Yeong.
—Hazlo, nena. Dame tu placer. Quiero ser el dueño de tus orgasmos —la apremia y aumenta la velocidad con la que mueve su lengua sobre el botón rosa palpitante.
Eun-Yeong siente que el corazón se le va a salir del pecho, que la piel se le eriza y una corriente eléctrica la recorre de pies a cabeza.
Noah se yergue, al escuchar como Eun-Yeong alcanza el clímax. La mira por unos segundos y se deleita con la imagen que ven sus ojos. Ella se retuerce entre espasmos y suelta un grito ahogado. Se inclina sobre ella y se acerca a su boca. La vuelve a besar con voracidad. Una vez más, lenguas danzan y chocan la una con la otra.
Él se siente desesperado. Necesita quitarse el pantalón y liberarse de la presión que ejerce la tela sobre su abultado pene. Eun-Yeong se incorpora sobre el sofá y posa su mano sobre la hinchada entrepierna de él. El hombre tensa la mandíbula para evitar que un sonido agudo salga de su boca. La mano femenina se cuela entre la tela del bóxer y masajea con delicadeza. Noah cierra los ojos con fuerza y deja caer su cabeza hacia atrás, concentrándose solo en esa zona que siente palpitar y a punto de estallar.
Eun-Yeong se relame los labios cuando logra despejar el horizonte y visualizar el potente falo frente a ella. Es un pene muy agradable a la vista, de unas siete pulgadas más o menos, de un grosor moderado, con venas marcadas, y… ¡Está circuncidado! Se obliga a tragar para evitar babear, pues comienza a salivar en exceso. Lo sujeta entre sus manos, y sin pensárselo mucho, se lo mete a la boca, lo lame y succiona, tratando de parecer toda una profesional, cuando la verdad es que lo único que sabe respecto a felaciones, es lo poco que aprendió con Jacob Johnson y por lo que ha visto en videos porno por internet, que tampoco es que sea mucho.
Noah es el tercer hombre con el que tiene intimidad, aunque Abel Richardson, su primera vez, la noche de su graduación en preparatoria, no cuenta. El pobre muchacho eyaculó a los quince segundos de penetrarla, dejándola muy insatisfecha. En cambio Jacob... con él sí tuvo una experiencia s****l grata y completa, a pesar de que la relación duró tan solo ocho meses, debido a que él se enlistó en el ejército. Eun-Yeong quiso cortar por lo sano, antes que él la dejara porque se enamoró de alguien más. La sospecha de que él tenía un amorío con una recluta quedó confirmada a las pocas semanas de finalizar el noviazgo. Para su sorpresa, ella no derramó ni una sola lagrima por él. Con el tiempo comprendió que nunca lo amó. Jacob solo fue un chico lindo que la hizo sentir bien y con quien experimento muchas cosas nuevas.
Sacude la cabeza con delicadeza y se obliga a concentrarse en el “aquí y ahora”.
Noah la guía con una maestría excepcional, pero ella no puede evitar sacar a relucir su lado inexperto.
Él lo nota. Es fácil hacerlo, teniendo la experiencia que tiene.
A lo largo de su vida ha tenido sinfín de amantes; una más veterana que la otra. No obstante, percibe la inocencia de esa mujer y lejos de cortarle el rollo, lo excita en sobremanera. Esa lengua tímida lo recorre desde la base hasta la punta, esos labios vacilantes succionan su glande, esas manos indecisas frotan su hinchada erección… esos ojos medrosos se clavan en los suyos… ¡Es una imagen fantástica!
¡Dios! Tiene que apartar la vista para evitar correrse en la boca de Eun-Yeong. Esta mujer lo empuja al borde del abismo con una facilidad increíble. Da un respingo cuando siente que ella desciende con su lengua hasta sus testículos y se dirige al escroto. Extiende sus manos para detenerla. Si deja que ella continúe haciendo eso, se correrá sin remedio alguno. Y no quiere eso. Desea disfrutar más de ese encuentro.
—Ven —masculla él.
La ayuda a levantarse, dando un halón a su mano. Ella deja que él le dé la vuelta y la abrace por detrás. Siente ese duro pecho pegado a su espalda y una dura protuberancia contra su nalga derecha, lo que hace que su corazón se acelere más. Noah pasa sus manos por los pechos femeninos, desciende por el vientre, hasta llegar a la v a g i n a. Tantea con sutileza, moviendo sus dedos largos entre esos pliegues carnosos. Eun-Yeong jadea y arquea su espalda hacia atrás. Él aprovecha para atrapar esos deliciosos labios entre los suyos, los succiona y los muerde. Continúa tocándola, mientras ella gime entre sus brazos.
No puede aguantarlo más. Necesita sentir esa suave piel contra la suya. Se apresura en desnudarla por completo y de igual manera, él se quita toda la ropa. Jadea al sentir el calor del cuerpo femenino, muy pegado al suyo. Con su lengua traza un camino de saliva desde la oreja de Eun-Yeong, baja por su cuello, hasta llegar a su hombro, donde se detiene y da un suave mordisco. Gruñe de deseo cuando ella echa una mano hacia atrás y la frota contra su pene.
—Entra en mí, Noah —ruega ella—. Hazlo, por favor —musita—. Lo necesito.
—Tus deseos son órdenes para mí, preciosa.
Sin más que decir, la inclina un poco hacia adelante. Ella posa sus manos sobre el espaldar del sofá, y se prepara mentalmente para lo que está por venir. Él sujeta su potente m*****o y lo ubica en la entrada de ella. Eun-Yeong sisea a la expectativa. Noah empuja con precisión, clavándose hasta el fondo y llenándola de él.
Un gemido escandaloso da paso a una serie de acometidas lentas, pero concisas, que van acelerando en velocidad a medida que el frenesí se apodera de ellos.