—¿Llegaron nuestros invitados?— se escuchó la voz de Melina— querido, hazles pasar...— y así llegó a la puerta, mirando la escena. —¿Ámbar? —Meli... —¿Alguien puede explicarme que está sucediendo?— preguntó Samuel confundido— no entiendo absolutamente nada. —¡Qué pequeño es el mundo!— gimió Ámbar— ya nos conocemos, cariño. Es solo que no sabíamos en realidad quienes éramos. —No lo comprendo. —Será mejor que entremos y nos sentemos— sugirió Melina y así lo hicieron, sentándose los cuatro en la sala. —Hijo... —empezó Aníbal — ella es Melina— le tomó la mano y depositó un beso— es la mujer que amo y me alegra que al fin se conozcan. Mel, es mi hijo Samuel. —Para mi es un placer— respondió Melina con una sonrisa— estaba ansiosa por conocerte hace mucho. —El gusto es mío, mi padre

