Ana pasó la mañana en su cuarto de oración, estaba pidiéndole a Dios que le dieron las palabras adecuadas para hablar con su hijo, rogando que le diera la manera más asertiva de comunicarse con él para hacerlo entrar en razón, se negaba completamente a aceptar que su hijo rompiera sus votos eclesiásticos, se negaba a quedarse de brazos cruzados mientras él arruinaba su vida, iba a dar la lucha, batallar hasta el último momento para lograr que él desistiera. Después de pasar la mañana orando decidió comunicarse con el arzobispo Miguel, él era un gran hombre de Dios y había sido un buen amigo para ella, lo conoció cuando aún era muy joven y rogaba constantemente a Dios porque le diera el milagro de un hijo. Decidida a solicitar su ayuda optó por llamarle. Tres veces repicó el teléfono an

