Mi nombre es Camila, y soy la secretaria ejecutiva de Mauricio Bustamante, el CEO de una empresa multinacional que parece tener el mundo a sus pies. Conozco a Mauricio desde hace casi tres años, desde que me contrató para ser su mano derecha en la oficina. Recuerdo el día que lo conocí como si fuera ayer. Entré a la sala de reuniones con mi currículum en la mano, nerviosa por la entrevista, y allí estaba él: sentado en una silla de cuero n***o, con su traje impecable y su sonrisa radiante. Me impresionó desde el primer momento.
Mauricio es un hombre impresionante, no solo por su inteligencia y capacidad para liderar una empresa tan grande, sino también por su físico. Mide unos 1.90 metros de alto, con un cuerpo trabajado en el gimnasio que parece haber sido esculpido por los dioses griegos. Su cara es perfecta: ojos azules profundos, nariz recta y labios finos que se curvan hacia arriba cuando sonríe. Es como si hubiera salido directamente de una revista de moda masculina.
Pero no solo es su apariencia lo que me ha cautivado desde el principio. Es su personalidad: carismático, seguro de sí mismo y con un sentido del humor que puede hacer reír a cualquiera en cualquier momento. Me encanta cómo se mueve con confianza por la oficina, cómo habla con autoridad sin ser arrogante y cómo siempre parece saber exactamente qué hacer en cualquier situación.
Me he enamorado profundamente de él desde hace mucho tiempo, pero he aprendido a mantener mis sentimientos ocultos detrás de una sonrisa profesional y eficiente. Después de todo, soy su secretaria ejecutiva, no su novia ni su amiga íntima. Mi trabajo es ayudarlo a gestionar la empresa y mantener viva su relación con Maribel, la mujer con quien sale actualmente.
Pero hoy ha sido un día diferente. Hoy he sentido algo extraño cuando me ha mirado durante una reunión importante. Algo que me ha hecho sentir como si estuviera flotando sobre mi silla durante varios segundos antes de poder recuperar mi compostura.
No sé qué pasará mañana ni qué cambios pueden ocurrir en nuestra relación laboral o personal (si alguna vez llegamos a tener alguna). Pero lo único que sé es que estoy lista para enfrentar cualquier cosa que venga después.
La mañana había comenzado como cualquier otra en la oficina de Mauricio Bustamante. El sol brillaba a través de las ventanas, iluminando el espacio moderno y elegante que habíamos diseñado para reflejar la personalidad y el estilo de nuestro jefe. Yo, Camila, me encontraba en mi escritorio, organizando los archivos y preparando todo para el día que se avecinaba. La oficina estaba en silencio, solo interrumpido por el sonido del café que se preparaba en la máquina automática.
Mauricio llegó puntualmente a las 9:00 am, como siempre. Se dirigió directamente a su despacho, saludándome con un gesto amable mientras pasaba por mi lado. Me gustaba cómo se movía con confianza por la oficina, cómo su presencia parecía llenar todo el espacio.
— Buen día, Camila — me dijo mientras se detenía un momento en mi escritorio — ¿Qué tenemos hoy en la agenda?
— Buen día, señor Bustamante — respondí con una sonrisa — Tenemos una reunión con los representantes de la empresa Smith & Co. a las 11:00 am para discutir el posible acuerdo de colaboración.
— Excelente — asintió — Asegúrate de tener todos los documentos listos y preparados.
Asentí con la cabeza y anoté algunas notas en mi libreta mientras él continuaba hacia su despacho.
La mañana transcurrió sin incidentes, con reuniones y llamadas telefónicas ocupando gran parte del tiempo. Pero justo cuando pensábamos que iba a ser un día tranquilo, escuchamos el sonido de tacones altos resonando por el pasillo.
Maribel había llegado.
Era una modelo famosa, conocida por su belleza impresionante y su personalidad... digamos "fuerte". Siempre vestida al último grito de la moda, Maribel era una mujer que sabía cómo llamar la atención. Su cabello largo y rubio caía por su espalda como una cascada dorada, y sus ojos azules brillaban como dos joyas preciosas. Pero lo que tenía de hermosa lo tenía de perra malvada y déspota.
Se acercó a mi escritorio con una sonrisa falsa pintada en su rostro — Hola, Camila — dijo con un tono sarcástico — ¿Cómo estás hoy?
— Estoy bien, gracias — respondí intentando mantenerme neutral — ¿En qué puedo ayudarte?
Maribel se rió leve mente antes de responder – No necesito nada en particular... solo vine a visitar a mi novio – miró hacia el despacho de Mauricio – ¿Está ocupado?
— Sí... tiene una reunión dentro de unos minutos – expliqué – Pero puedo anunciar tu llegada si deseas.
Maribel asintió antes de dirigirse hacia el despacho sin esperar respuesta alguna. Entró sin llamar siquiera; simplemente abrió la puerta y se adentró dentro como si fuera dueña del lugar.
Mauricio levantó la vista desde los papeles que estaba revisando cuando Maribel entró - Ah... hola - dijo - No esperaba verte aquí hoy
- Quería sorprenderte - respondió Maribel - Y además quería asegurarme que no estuvieras haciendo algo malo detrás mío
- Sabes perfectamente bien dónde estoy durante mis días laborables- respondió él
Se notaban claramente ciertos problemas subyacentes entre ellos; cada palabra contenida parecían desafiar más allá aún.
Alrededor hay mucho qué gestionar dadas circunstancias actuales.