Al entrar en la mañana a la escuela, todo era diferente y lo notaba. He sido el centro de atención al caminar por los pasillos pero la mirada de los demás ahora era distinta. Los saludos no llegan y la sonrisa de algunos la noto de burla. Yo esta mierda ya la conozco. Hay algo rondando sobre mí y no es precisamente bueno. Si fuese algún halago más todo fuese igual. Tomo el iPhone y busco en las redes. No hay nada. Suspiro y sigo caminando por el medio de la escuela. Seguía los murmullos y la risa de burla. «Puedo lidiar con esto» Tecleo un mensaje para Melo: ¿Dónde estás? Levanto la pantalla del iPhone y cuando lo hago desearía haberla dejado en el puto teléfono. Les cuento algo que nadie sabe sobre Kimberly. Es una mojigata. Con dieciocho años aún conserva su virtuad. La popular

