CAPÍTULO 2 - ALEJANDRA

1808 Words
— ¡Alejandra! ¡Alejandra! — ¡Voy mamá! —Date prisa niña, vas a llegar tarde. —Ya voy, ya voy… —Ese peinado es un desastre, ven te lo arreglaré, en 5 minutos llega el taxi, no puede ser, en este apuro y aún me falta arreglarme. —Puedo ir en el taxi sola, solo explícale dónde voy. —No voy a mandarte sola en un taxi, debo ir contigo, me maquillaré allá. —Pero mami… —Mami nada, además tu papá se enojaría. —Bueno mami, pero llegará el día en el que me iré sola en un taxi y no solo eso, tendré mi propio auto. —Falta mucho para eso. —Ya llegó el taxi. —Vamos, vamos, no olvides nada, estoy tan emocionada y tan orgullosa, mi hija va a ser galardonada, sé que no es la primera vez, pero siempre me emociono. —Una medalla más a la colección, no sé porque hacen tanto escándalo por eso. —Bueno Alejandra, déjanos estar orgullosos, si sigues así tendrás una gran vida por delante, llena de triunfos y éxitos, podrás ir a la universidad que quieras. —Yo solo quiero bailar mamá. —Esa no es una carrera hija. —Es mi sueño. —Tu padre no está de acuerdo. —Él nunca está de acuerdo en nada. —Eres muy pequeña todavía, nosotros estamos para guiarte por el camino correcto, este mundo es difícil pequeña, sé que a los 11 años no se tiene conciencia de lo que puede pasar, pero a veces las oportunidades no se presentan dos veces en la vida, por eso, debemos saber discernir siempre qué es lo mejor para nosotros, lo que hará que vivamos felices depende de ello. —Yo creo que la gente debe hacer lo que le gusta y nada más. —Si fuese así de fácil hija, todo sería tan sencillo. —Sencillo tal vez no, pero al menos lo haríamos con gusto. —Buenos, vamos, ya es hora, tu padre ya debe estar en el colegio. —Presumiendo con todos como siempre. —Déjalo Alejandra, son de las pocas cosas que hacen feliz a tu padre, tener una hija tan inteligente lo llena de emoción y es natural que hable. —Bueno, ya vamos mami, por favor, ya quiero que esto se acabe, como quisiera cerrar los ojos y abrirlos cuando ya tenga 20 años. —Disfruta tu tiempo Alejandra, porque los años pasan sin sentir y cuando menos te lo esperes esos 20 años llegarán y te pesará no haberlos disfrutado, vive cada momento, atesóralo porque esos recuerdos tal vez sean lo único que te levanten cuando te sientas mal. —Si mamá, como tú digas. Pero así fue, tal como mamá me dijo, los años pasaron sin sentirlos , muy pronto llegaron mis 15 años, mi fiesta y mis amigas, amigas, porque mi padre era tan celoso que no me permitía llevar amigos, sin embargo, pasé bien, conocí a un muchacho que comenzó a flirtear conmigo, me llamaba a la hora que mis padres no estaban, mi hermana Gila nos ayudaba a vernos a escondidas, solo que Jaime en poco tiempo dejó de tener interés, pues no podía acompañarlo a ningún lugar, éramos jóvenes y pues, simplemente conoció a alguien más. —Ya Alejandra, ya deja de llorar. —No puedo, me duele mucho. —Conocerás a alguien más, se ve que Jaime no te quería mucho, no supo esperarte, es mejor que lo entiendas para que lo olvides y sigas adelante. — ¿Y cómo haré eso?, lo voy a ver a diario en los ensayos, además también está ella, me voy a sentir fatal, en mala hora se le ocurrió unirse al grupo de baile y a la obra. —Entonces retírate de la obra. — ¿Cómo dices? —Renuncia. —Sabes que no quiero hacer eso, bailar es mi pasión. —Entonces enfréntalo y continúa, no seas cobarde. —Me va a costar mucho, Gila, ven conmigo. —Claro que no, yo tengo una vida, unos sueños, un novio, una carrera, no tengo tiempo para las desilusiones juveniles de mi hermana, hay cosas peores en la vida por las que me necesitarás y para eso contarás conmigo, pero esta vez te toca a ti enfrentarlo, no es gran cosa. —Para ti, para mí es como si se me acabara el mundo. —Apenas tienes 15, se te pasará con el tiempo, conocerás a alguien más y te olvidarás que Jaime existió. —Él es mi primer amor. —El primero, pero no el último, ánimo hermana demuéstrale de lo que se perdió y ya no dañes tus lindos ojos llorando por un muchacho como él. —Está bien, pero no es mal chico, solo dejó de quererme. —Lo sé, no es mal chico, pero si un idiota, mira que cambiarte por otra del mismo grupo. —No somos amigas, no hizo nada desleal. —Lo quieres tanto que lo defiendes. —Es la verdad. —Bueno, al mal paso darle prisa, vas a llegar tarde el ensayo, vete y baila con el corazón, que no te afecte y dalo todo, eres de las principales bailarinas, te lloverán pretendientes y ya verá lo que es bueno, cuando vea que te están rondando galanes estoy segura que no le gustará. —Ojalá Dios te oiga hermana. —Dios no se preocupa de estas pequeñeces, hay cosas más importantes en la vida. — ¿Cómo qué? —Como la vida de los niños con los que trabajo. —Eso sí, hermana, en fin, como dices al mal paso darle prisa, me voy, respiraré hondo y haré de cuenta que Jaime ya está olvidado. Mi hermana sabía de lo que hablaba, con el tiempo fui superando a Jaime, en realidad era un muchacho muy centrado para su edad, sabía lo que quería —y no era yo—, entró a la universidad y yo seguí en el bachillerato, siempre fue un amigo con el que podía contar, solo que jamás volvió a interesarse en mí, seguí estudiando, luego me gradué, tuve un par de novios más que no fueron significativos, cosas de niños, nada importante, se fueron como vinieron, no causaron daño ni dejaron huella, entré a la universidad a estudiar administración, el baile quedó de lado, el sueño de ser bailarina de ballet profesional quedó en el olvido, la realidad era que no se podía vivir de ello y el irse al extranjero era algo que no podía costear, así que lo dejé, dolió, pero no tanto, finalmente era mi pasión, pero no mi razón. La vida universitaria era bastante agitada, conseguí un empleo y conocí a Gustavo, mayor que yo con 5 años, deportista nato, su desempeño era excelente, solo que por su estatura nunca pudo dedicarse de forma profesional, estudió administración para tener una profesión y un trabajo que le permitiera subsistir, pero no era su pasión, por tanto no llenaba su espíritu, su carácter era amable, sin vicios y con un recuerdo de alguien especial que estuvo en su pasado y que nunca pudo olvidar. Nos hicimos novios y con él aprendí y viví muchas primeras veces, mi primera cerveza, mi primer y último cigarrillo, mi primera resaca y mi primer momento de intimidad, algo que es tan común y normal hoy en día, pero para mí solo significaba una cosa: Gustavo era el hombre de mi vida, el futuro padre de mis hijos, la persona con la cual envejecería y con quien compartiría el resto de mis días, el pasar al siguiente nivel solo era cuestión de tiempo, ni siquiera hizo falta el rito de la pregunta de rodillas con un anillo, ambos sabíamos que el próximo paso era el matrimonio, algo que solo era parte del proceso, no hubo emoción ni lágrimas, solo el conocimiento pleno de que debíamos fijar una fecha para la boda. Así mismo fue para nuestras familias, llevábamos algo más de dos años de noviazgo, todos sabían que en la práctica ya éramos marido y mujer, era un secreto a voces, algo que mi madre se negaba a admitir; aunque, escuchó claramente cuando mi hermana me dijo que era necesario ir al ginecólogo para tomar las precauciones debidas y evitar un embarazo, sé que lo escuchó, al igual que mi padre, solo que se negaban a admitir que su “pequeñita” se había convertido en una hermosa e inteligente mujer que vivía plenamente su sexualidad con un hombre que aparentemente la amaba con todo el corazón. Modestia aparte, soy muy inteligente, sensata y profesional, comencé a trabajar en una organización internacional dedicada a la educación popular, con presencia en varios países, era muy dedicada y me gané la confianza de los directivos, viajé a varias ciudades, salí del país, era joven y no a todos les cayó bien que la “nueva” tuviera tantas atenciones, así que también tuve que soportar ciertas hostilidades, pero no me importaba, amaba mi trabajo y esperaba trabajar allí por mucho tiempo. Gustavo iba a recogerme casi siempre, estaba ya cursando los últimos semestres de la carrera y a la vez planeando el matrimonio, solo que no sentía la emoción que se supone sienten todas las novias, nunca me gustó todo ese glamour, vestidos, encajes y velos gigantes, no me veía así, esperaba tener un vestido sencillo sin tanto adorno, un tocado discreto y nada más. La boda religiosa era algo importante para mí, Gustavo tenía muy claro que si no había matrimonio eclesiástico yo no me iría a vivir con él, eso era para mí algo tan elemental y natural que por ningún motivo se me hubiera ocurrido siquiera pensar en la posibilidad de que yo, Alejandra Montenegro no saliera de la casa de mi madre vestida de blanco rumbo a la iglesia, donde tomada del brazo de mi padre caminaría en medio de los cantos y las flores hasta donde un elegante Gustavo me estaría esperando para jurarnos amor eterno y recibir la bendición de Dios. Mi novio tenía eso tan claro como el agua, solo que en los últimos meses empezó a portarse un poco distante, los planes seguían su curso, aún no definíamos fecha, pero era un hecho casi consumado que más temprano que tarde me convertiría en su esposa, creo que lo tenía tan seguro que pensó que no era ya necesario el mostrarse amoroso y atento, para él, el ser su novia, su mujer, era suficiente para mantener vivo el amor, yo no me daba cuenta que poco a poco esa falta de atención iría dejando una g****a que se profundizaría cada vez más, nunca me puse a pensar siquiera en la posibilidad de que mi corazón se inclinaría por alguien a quien ni en mi más loco sueño hubiera esperado llegar a amar.
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