Mentiras Cuidadosas Londres Nicholas descendió del automóvil con una quietud calculada. La estación bullía de actividad, pero él apenas la notaba. El eco de sus pensamientos lo mantenía apartado de la vida cotidiana de los demás. Sujetó con fuerza el asa de su bolso de cuero, sus ojos recorriendo los detalles del estacionamiento de la Fundación Kingsley con una mezcla de nostalgia y desconfianza. Todo se sentía a la vez familiar y extraño, como si estuviera caminando por los pasillos de un sueño al que no pertenecía del todo. El aire de Londres era más frío de lo que recordaba, aunque sabía que esa sensación no provenía del clima. No era Nicholas Kingsley quien caminaba ahora hacia las puertas de la gran casa convertida en oficinas. Era Nicholas Cedric Kingsley, un hombre dividido entre

