Con el paso de los días busque todo lo relacionado con mi familia, pero aún no me atrevía a abrir el sobre, no quería descubrir que sus vidas era mejor sin mi, que el hecho de que yo no estuviera con ellos les había sido de completa felicidad. Por mucho tiempo creí la versión de Marrota, aquella de que fui secuestrada y el mi Salvador, pero que mi familia se había mudado a otro país sin dejar rastro alguno. Cuando me entere de la verdad me moleste, pero eso fue algo momentáneo, jamás podría estar enojada con él, no cuando lo eh visto dar el todo por el todo por mi, preocuparse por mi bienestar, aunque me involucró en esta vida sin opciones, lo hizo para protegerme.
Mi vida no es la mejor, eso se nota a todas luces, pero me acostumbre y amo cada momento de ella incluso aquellas noches en las que se me remueve la conciencia, gracias a Marrota tengo una familia, aunque todos son hombres, me protegen, serían capaces de dar la vida por mi aunque aveces actúen como mujer citas celosas y yo también las daría por ellos. Tomé un largo suspiro y recosté el peso de mi cuerpo del lado izquierdo, no podía conciliar el sueño, mire la pantalla del celular, marcaba las 4am y aún no había dormido nada; me puse de pies y me coloqué ropa deportiva, camine hasta el gimnasio y descargue el estrés con un saco de boxeo.
—¿La consciencia haciendo de las suyas? — Lucky hasta donde me encontraba
—digamos que sí — deje la pesa en su lugar, limpie el sudor con el dorso de mi mano y tome una botella de agua para ir hasta los servicios —te veo abajo– le guiñe un ojo y salí, pero me detuve al escucharlo
—nos saliste más cabrona que bonita—
—¡DIME ALGO NUEVO! — le escuché sonreír.
[…]
—¿Ya viste su contenido? — me sobresalte al escuchar a Marrota, me encontraba leyendo sobre las operaciones para este mes en la comodidad del sillón de reuniones
—no, apenas voy por la mitad— reanude la lectura con la idea de que este se marcharía
—sabes de lo que hablo María — el sillón se embullo dejando paso a su figura sobre él
—no se de que hablas— deje sobre un costado el pequeño compendio de documentos —se más especifico — le sonreí
Suspiro sonoramente —Adam me llamó antes de ayudarte en lo que le pediste— ya me lo imaginaba
—sé que así fue, por lo que ahora pregunto, ¿esta en ese sobre la verdad de todo sin engaños? —
—palabra de honor que sí, es lo que quieres, pues lo vas a tener, solo me ronda la duda del porque no me preguntaste directamente, no tengo problemas en decirte toda la historia— dejó caer su espalda en el espaldar del mueble
—no quiero que pienses que hago esto para desafiar te Marrota, ni quiero incomodarte con el tema, te agradezco todo lo que has hecho por mi en todos estos años…
—lo sé María, eres la hija que siempre quise más no puedo tener— puso una mano sobre mi rodilla —tienes derecho a saber la verdad y cuando la descubras yo estaré aquí para ti como siempre, solo recuerda eso— se puso de pies y besó mi coronilla antes de marcharse con caminar derrotado, sé que todo esto le afecta aunque no lo diga, con el pasar de los años aprendí a leer cada una de sus expresiones y esta no es una de sus mejores. Imite sus pasos no sin antes guardar nuestro sagrado compendio; sagrado, porque en este se escribe a detalle cada operación con archivos adjuntos, por si uno de nuestros queridos clientes quiere pasarse de listo.
Fui directo a mi habitación, levante un poco el colchón de mi cama y saque el sobre blanco rectangular, me senté en el piso y procedí a abrirlo, lo primero que vi fueron algunas fotos con nombres, en total eran seis, cuatro hombres y dos mujeres entre mayores y adultos. En la primera hoja se leía :
Magdalena Sánchez, 42 años
Ocupación, ama de casa. Sufre de reumatismo por lo cual hace poco quedó en silla de ruedas.
Era una mujer hermosa de larga cabellera negra y ojos verdes, pero se veía abatida, sufrida, oprimida.
Pasé la siguiente página :
Damiane Hernández, 56 años
Ocupación: apostador, adicto a todo tipo de estupefacientes, perteneciente al cartel de los petrovak
Era un hombre robusto que a pesar de su edad tenía suficiente masa corporal, en la foto estaba fumando un cigarrillo y tenía los ojos cerrados, por lo que no pude verle el color, su cabello era castaño.
María de Petrovak Hernández, 17 años
Ocupación: ama de casa, esposa de Edrien Petrovak,
Aún la recuerdo, pero su nombre no era María, su nombre era Rebeca. Tenía su cabello rubio en un paje hasta sus mejillas, estaba delgada y Lucía como toda una prostituta fina, enfundada en un mini vestido n***o, llena de joyas en sus dedos y muñeca, una pipa para cigarrillo, unos lentes grandes de sol, una bufanda de simulación animal y unos tacones de infarto.
Steve Sánchez Hernández, 26 años
Ocupación: mano derecha de Edriel, encargado del club: chicas rusas.
Lucía tal como lo recordaba, con una sonrisa despreocupada, había agarrado más tamaño y musculatura, su cabello estaba sujeto a una coleta baja y en su frente se podían apreciar algunas hebras rebeldes.
Edrien Petrovak, 32 años
Ocupación, líder de la Mafia rusa
No seguí la lectura, empecé a atar cabos y corrí hasta la oficina de Marrota, abriendo la puerta sin ser anunciada antes, le encontré como siempre, de pie junto a la ventana, fumando un puro, un vaso de whisky y ópera
—¿por eso no querías que les buscará verdad?— me miro por encima de su hombro y me incito con un gesto de mano a que fuera hasta él
—así que lo abriste— expulsó el humo y tomó un sorbo de su vaso —¿leíste todo?, le pedí a Adam ser lo más detallado posible—
—no hizo falta que lo hiciera para darme cuenta de todo… no puedo creerlo— le mire fijamente
—¿ahora me entiendes? — hice un gesto de afirmación
—no sabía tus razones pero te entendía, pero no sabía hasta que nivel podía llegar la bajeza humana, no hasta hoy, pensé que había visto todo —
—¿piensas ir? — su vista permaneció fija en la ventana mirando la lluvia caer
—así es, quiero conocer la historia de mi madre, hay muchas cosas que necesito que ella me las aclare— le quite su trago y lo tome de golpe
—veo que te ha golpeado aquella información —
—no lo negare, fue como un puñetazo en mi estómago, pero es necesario que vaya— camine hasta el estante donde Marrota ordenaba sus bebidas, serví otro trago y me lo tome, luego le lleve uno a Marrota —si me es preciso contraer matrimonio con Javier para destruirlos, no me tentare el corazón.