Sentía que todo lo que creí...mi mundo se estaba desmoronando, pero entonces recordé que una persona no está acabada cuando cae, sino cuando deja de levantarse y no es momento de dejarse caer, echarse a llorar o hacer un estúpido berrinche, es el momento de tener la mente despejada y calcular de ahora en más cada uno de mis movimientos
-nunca quise ocultar nada para ti María, pero esto me superaba a mi mismo, eres...eres mi sangre, todo lo que quiero y aprecio- se acercó hasta mí
-ahora entiendo aquel afán de que me saliera de este clan, de que desapareciera de todo esto- arregle desenfrenadamente mi cabello e introduje mi mano izquierda en uno de mis bolsillos delanteros
-daria lo que me queda de vida para que no pasaras por esto, al menos no es así como queria que supieras la verdad- le mire fijamente a los ojos y lo abrace, porque no podía estar molesta con él, es el hombre que me ha cuidado en todos estos años y ahora nos une un lazo de sangre, algo más fuerte aún, nos separamos y limpie mis lagrimas
-debo conocerlos-
-no Maria, eso jamás, volver a tu casa pone en riesgo tu vida- Marrota fue hasta su silla
-por mi culpa ellos ahora están en peligro, debo protegerlos y saber el porque mi madre permitió que mi padre me separara de ellos-
-no María, lo mejor que te podría pasar es no volver aquella casa, no te gustara ver con lo que te encontraras- se veía contrariado
-perdoname Marrota pero no puedo ceder a lo que me pides, debo protegerlos-
-puedo mandar un grupo para que vea por ellos al sol y sereno... María debes entenderme, me prometí a mi mismo protegerte siempre y que jamás volverías a ese lugar- acarició mi rostro
-me resulta difícil hacer lo que me pides, lo siento- me gire hacia la puerta, debía de hacer lo que mi corazón indicaba que era lo correcto
-no, perdoname tu por protegerte- cerré la puerta, ya había tomado mi decisión y no iba a claudicar, esta era mi forma de descubrir mi pasado, de saber la respuesta de preguntas que surgen desde el momento en el que Manuel empezó ha hablar, este era el camino hacia la verdad, esta era mi guerra.
Marrota es alguien a quien quiero y admiro, esta por demás decir que es la persona más cercana a una familia que tengo, crecí viéndolo así y hoy se afianzó más aquel lazo.
No se si hago lo correcto, no estoy segura, pero si no lo hago sé que me lamentare el resto de mi vida y si lo hago tal vez, puede que entonces me arrepienta y que luego considere que la mejor opción era no ahondar más en el tema, dejar toda esta maraña en mi cabeza, pero también estaba el hecho de que están en peligro y... Aghs, ya no se que esta bien o mal, solo necesito tomar una buena revolcada, si, en definitiva es lo que necesito.
Cambie de rumbo, ya no iba hacia mi habitación, estaba bajando las escaleras, de camino me encontré con Markos y le pedí que me siguiera, no hizo Preguntas, se mantuvo en silencio mientras nos dirigíamos hacia uno de los autos.
-iremos al club donde inició todo esto-
-¿a que te refieres?- dudo un poco antes de volver a hablar -espera, ¿hablas de aquel club en el cual nos quitamos las ganas por primera vez? -
-no lo digas así, haces que suene como si era una demente- sonreí
-¿y que te hace pensar que ya no lo eres? - ambos reímos con fuerza. Tomé un Jeep y conduje lineal por las calles esquivando uno que otro coche, me adentre en algunas calles hasta llegar al club, el lugar al cual Marrota me trajo para celebrar mis dieciséis años, donde conocí a Markos, este pertenecía a la organización, pero trabajaba encubierto, era un agente federal, así que nunca le había visto, esa noche lo vi porque Marrota necesitaba información sobre un cargamento de armas que la FDA había incautado. Cuando lo vi me pareció una cara bonita, nada más que eso, así que luego de algunos coqueteo lo hicimos de manera salvaje en el baño del lugar, ahí recibió una llamada para formar parte de una operación para capturar a Marrota y fue entonces que tuvo que tomar su lado del bando.
Caminamos hasta la entrada al club, el cual ya poseía un mugriento aspecto, las letras color azul que iluminaban su nombre se estaban descolgando del barandal, ya la palabra : Diablillos Azules no estaba completa, pero por dentro, una vez atravesamos la oscura puerta de cristal, todo seguía siendo tal como lo recordaba, mesas de billar separadas por columnas de madera de las mesas de comida, grandes arañas colgadas del techo con luces tenues, el área de fumadores con sus peculiares clientes y el viejo barman que al vernos sonrió ampliamente y abrió sus brazos
-¡Elías!, ¡Elías, debes venir a ver esto! - gritó Luis emocionado -¡esto es un verdadero milagro!, ya los dábamos por muertos- reímos
-¿A qué se debe tanta algarabía Luís? - Elías cargaba algunas cajas las cuales colocó en un espacio despejado, luego sacudió sus manos y se dirigió hasta donde estaba su socio, su mirada recayó en nosotros y una sonrisa bailo en sus labios -no lo puedo creer- camino hasta estar más cerca -¿dónde está el infeliz de Marrota?, ese viejo me debe reparaciones desde hace más de cuatro años- reímos hasta el dolor
-a nosotros también nos alegra verlos- hable entre risas
-no hemos vuelto a saber de Marrota desde el día de tu cumpleaños- señaló Luís -luego de su partida apresurada, toda una manada de policías vino por vosotros-
-es por ello que Marrota perdió todo el contacto, no quiso ponerles un blanco en la espalda- dijo Markos tomando asiento al igual que yo
-¿les sirvo algo de tomar? - Luís limpiaba algunos vasos, se coloco el palo sobre su hombro y acomodo sus manos sobre la barra -tengo un whisky escocés recién llegado y es toda una delicia-
-¡por Dios Luís!, ¿qué formas son esas de tratar a la familia?, trae la mejor botella que tengas- acotó Elías mientras daba la espalda y se esmeraba en preparar algo. Minutos después volvió con algunos snack y aceitunas, mientras Luis traía el mentado whisky escocés, que resultó ser de la destilería de los Glenfiddich, el whisky amado por Marrota.