Mire a través de la ventana, Christian aguardaba frente a la puerta con la mano derecha en el bolsillo del vaquero. ¿Cómo supo dónde encontrarme?
Tamara fue hacia la puerta, lo cual me dio un mini infarto, la detuve antes de que abriera la misma.
- ¿Qué haces? - espete con mis ojos fuera de orbita.
- ¿No es obvio? Lo dejare entrar- contesto, quito el seguro.
-No lo hagas, te lo pido- junte mis manos, implorándole.
Sonrió con malicia- Bien sabes el dicho, si juegas con fuego te quemaras- dijo, giro el pomo y abrió la puerta.
Christian y yo cruzamos miradas, sonrió. Llevaba unos vaqueros azul oscuro, una camiseta blanca ceñida a su torso y zapatillas del mismo color.
- ¡Hola! Christian ¿Verdad? - lo saludo, la traidora de Tamara.
-En carne y hueso- dijo- Tu debes ser la amiga de Anabel…
-Tamara
Mire al techo, increíble.
-Perdona ¿Cómo me has encontrado? – hable, cansada de su flirteo.
-Tengo mis fuentes- se limito a decir, observo a mi amiga- ¿Te importa si me la llevo? Hay un asunto pendiente que necesito discutir con Ana- hablo, todo un encanto.
-Anabel. Para ti soy A-n-a-b-e-l – deletree, molesta.
Tamara poso una mano en mi espalda, empujándome hacia afuera.
-Claro, toda tuya- dijo. Gire, boquiabierta, mi mejor amiga acababa de dejarme a mi suerte- Diviértete- me sonrió, acto seguido cerro la puerta bajo mis narices.
- ¡Tamara! - grite, cerrando mis manos en puños. La odio por dejarme con este engendro, que no hacía más que incomodarme con su estúpida sonrisa.
-Acabo de hablar con tus padres, me dieron la orden de llevarte a casa- comento.
-No iré a ningún lado contigo- hable entre dientes, sin mirarlo.
-Bien, no quería llegar a esto, pero no me dejas opción
Antes de que pudiera protestar, Christian me cargo sobre su hombro como si fuera una bolsa de papas. Le di un puñetazo en la espalda.
- ¡Bájame! - chille, ruborizándome. Probablemente, Tamara nos estaba espiando por la ventana, lo cual hacía que la situación fuera más embarazosa. Christian me metió en su coche, una eco sport 4x4, y abrocho el cinturón.
-Luces igual que la luz del semáforo- comento, divertido.
-Te odio- escupí, viéndolo. El paso una mano detrás de mi oreja, atrapando un mechón de cabello.
-Lastima que sea unilateral- dijo, luego cerro la puerta y rodeo el coche para subir del lado del conductor.
Cruce los brazos sobre mi pecho y gire el rostro de forma tal que quedara viendo por la ventanilla. Christian encendió el motor y el coche comenzó a moverse.
-Deja de mirarme- espeté al cabo de unos minutos- Tendremos un accidente si no lo haces, y no quisiera morir aquí contigo- dije, sin mirarlo.
-Lo siento, presiento que podrías fundir el cristal con una mirada- dijo.
Exhale- Este carro ¿Es tuyo? – le pregunte, solo para sacar un tema de conversación.
-Regalo de mi padre antes de morir- respondió, dando un golpecito en el volante.
-Ya veo, imagino a cuantas muchachas sin suerte has llevado en este mismo asiento- comente, suspirando.
- ¿Quién hablo de llevar? - ladeo una sonrisa, mi rostro se desconfiguro y soltó una breve carcajada- Descuida, eso sucede en el asiento trasero- señalo.
-Que asco- dije, volviendo la vista al parabrisas.
El coche se detuvo frente a casa, estaba a punto de abrir la puerta cuando Christian activo el seguro. Voltee, el pánico me atenazo.
- ¿Qué estas haciendo?
-No te dejare ir hasta que te disculpes- dijo.
- ¿Por qué? - quise saber. Me miro, entrecerrando los ojos.
- ¿No recuerdas? – negué con la cabeza- Me llamaste idiota dos veces, sé que no parece, pero tengo sentimientos
Ay, pobre bebe.
-Vale, puedo vivir aquí por toda la eternidad. Ya puedes ir comprando un inodoro portátil, eso sino quieres que haga pipi en el otro asiento- dije, sonriendo al final. Christian paso una mano por su rostro, exhausto.
-Bien, no quieres disculparte- tradujo, permaneció unos segundos mirando más allá de la carretera, ladeo una sonrisa- Bésame entonces
- ¡QUE! – Exclame, agazapándome a la puerta. Dios, no hablara en serio ¿O si?
Asintió- Si no puedo obtener una disculpa, tendré un beso- dijo, inclinándose en mi dirección.
-No, no espera- lo detuve, mis manos estaban en su pecho. ¿Qué estaba haciendo? ¿Cómo logre caer en su juego? Fui una tonta al dejarme coger por el en casa de Tamara, debería haber echado a correr en cuanto lo vi. Podía sentir el sereno latir de su corazón bajo mi palma, en cambio el mío iba a toda máquina. Si pedía perdón perdería mi orgullo, si lo besaba estaría a su merced ¿Qué otra opción tenía?
-Vale, lo hare, me disculpare- acepte, el arrugo el entrecejo, viendo por mi ventanilla.
-Aguarda ¿No es ese el chico de One Direction, Niall Horan? - señalo.
- ¿Qué?
Volteé, no había nadie. Regrese para mirarlo, lista para lanzarle un improperio y… me beso.
Christian, el chico que todas las mujeres deseaban, me estaba besando. Debería apartarlo, gritarle, darle una bofetada… sin embargo, me encontré devolviéndole el beso. Traicionándome a mi misma. Me quité el cinturón de seguridad, acercándome mas a su cuerpo, sentí su mano viajar por mi muslo erizándome la piel… me senté a horcajadas sobre su regazo sin despegar mis labios de los suyos y busqué con una mano el botón del seguro de la puerta. Presioné el botón y deshice el beso.
- ¿Lo ves? Mejor que una disculpa- hablo, sonriendo.
-Idiota- masculle, abrí la puerta y baje. Podía sentir el cosquilleo del beso en mis labios, demonios, estaba en problemas.
-Ana ¿Qué sucede? – me alcanzo al pie del umbral.
- ¡Acabas de robarme un beso, tramposo traidor! - solté.
- ¡Uno que correspondiste! – exclamo- Admítelo, te gusto
- ¡Claro que no! Solo te seguí la corriente para bajar de tu estúpido coche- señalé, aunque no era del todo verdad. Cogí las llaves de mi bolsillo y abrí la puerta, Christian dio un paso al frente, lo detuve- NO, tú te quedas fuera
-Olvídalo, no- dijo, poniendo un pie dentro. Clave mi rodilla en su estomago y lo empujé hacia atrás, finalmente cerré la puerta con llave.