Apenas había salido del departamento de Joaquín y voy en camino hacia mi consultorio, me despedí de él y salí a toda prisa, porque al parecer tengo pacientes por atender. Tome un taxi cuando estuve por unos momentos en la esquina de alguna avenida. Pero lo más inusual es que alguien venía siguiéndome por toda la acera, tenía puesto encima un gorro, lentes oscuros y una chaqueta de cuerina, que dificultosamente no pude ver exactamente quién era, a pesar de que justo se detuvo detrás de mi hasta un metro de distancia, no dejaba de mirarme y mucho menos en señalarme. Me había asustado por unos momentos, ante tantos riesgos que pudiese pasar por este dicho desconocido. Pero se detuvo un taxi justo para mí, me acerqué a él para irme rápido. Dejando atrás al extraño hombre, que me di cuenta de

