Capitulo 10: Desliz. Sus manos apretaron suavemente la piel de su cintura, atrayéndola a su pecho con necesidad. El deseo que lo impulsaba a no alejarla y no alejarse, provenía de más allá de un lujurioso sentimiento. Tom la recordaba. Y era su recuerdo el que lo guiaba ciegamente a caer ante ella. — No me hagas daño. —No lo hare. —¿Quién eres? Tom abrió los ojos. Su boca pidió un respiro y se despegó despacio de Margaret, dejando una estela de remolinos inquietos y deseos nuevamente enjaulados. No podía hacerlo, no podía destruir la oportunidad que la vida le había ofrecido. No por el pasado… ni por ella. —T-Tom… —Ella temblaba aun entre sus brazos, con los labios húmedos e hinchados, y la ferviente emoción cautiva de continuar. Abrió los ojos, y se encontró con

