Capítulo 8: Mis memorias Tom Holmes. —No quiero ser un estorbo aquí, mucho menos vivir sintiendo el agobio de la amenaza de aquel hombre. Me iré. Volveré a Londres. Lo repetía, incontrolablemente me apuñalaba con sus palabras. ¿Sangraba? No, pero si molestaba, era como tener cortes por papel en las manos, una ligera incomodidad que me hacía detenerme. —Tom. Me despabilé, y puse en marcha el vehículo al ver el semáforo en verde. —Ha sido un día horrible. —El señor Kane suspiró. —Mi hermana esta atemorizada, la agencia vuelta loca, y yo muy agobiado. Me sienta mal tener que regresar a casa, pero ahí podré trabajar mejor. El señor Kane tenía su propio “rincón”, en donde manejaba y solucionaba asuntos que no deseaba hacer en la agencia. No tendía a desvelarse en su

