Mientras todo su mundo falso de honradez, fidelidad, altruismo, buena esposa de Olga y Lissa, cayó peor que si un terremoto hubiese dañado todos sus bienes, porque esta vez fue su vida, su linda, lujosa vida se fue a la mierda. Allí estaban ante la mirada de todos sus esposos, no testigos cualquiera, eran sus esposos, sus parejas de vida, los padres de sus hijos, estaban tan furiosos que medían nada en ese momento, sus reclamos eran escuchados por todo el país La periodista seguía todo ese espectáculo dado por esas dos parejas, enfocaba a cada momento a los hombres jóvenes allí parados, con sus pechos descubiertos y húmedos. Cada vez que les preguntaba ellos contestaban de la manera más natural lo que había sucedido, además como por arte de magia, los recibos de pago al motel con el númer

