Los chicos salieron de nuevo de cacería, llevaban los micrófonos escondidos, fueron en un auto hasta un bar en donde sabían con toda seguridad que estaban las dos amigas de su madre. Lin sabía la hora en que ellas visitaban ese lugar, los dos ingresaron casi una hora antes para estar allí cuando ellas llegaran y los notaran, por eso no las llamaron, para que su encuentro se sintiera muy casual. Olga y Lissa llegaron al bar a la hora acostumbrada, observaban alrededor en búsqueda de presas jóvenes como les gustaba cuando se fijaron en dos figuras conocidas y deseadas sentadas en la barra. Se acercaron para susurrarles en los oídos —Hola, dulzura, ¿sabes quién soy? —Mi amor, parece que la suerte está con nosotros, que los encontramos aquí Ambos se viraron para saludarlas provocativamente

