Julieta —Hola, cariño. Ya llegué —habló una voz a mi espalda. —Hola. ¿Quieres un café? —Saludé a Alana que se encontraba detrás de mí, fisgoneando en la vitrina de cristal llena de dulces. —Sí, iré a sentarme en una de las mesas. Pídeme una manzana roja también. —Depositó un ruidoso beso en mi mejilla y fue a sentarse en una de las mesas del comedor de la empresa. Miré su espalda, la bata blanca de doctora se balanceaba con el viento a su paso. Me sentí tan orgullosa de mi amiga, que dentro de poco ya se graduaba, completando su carrera con una nota brillante y su cordura intacta. —¿Un capuchino repugnantemente dulce? —Grité lo que ya sabía era su tipo de café favorito, y de paso llamé la atención de todos lo que pasaban su descaso aquí. —¡Ya me conoces! —Guiñó un ojo divertida, se

