Capítulo #1
Max
—Muy bien, ahora voltea un poco el rostro hacia la derecha por favor. Eso es. —La hermosa chica delante del lente de mi cámara sonrió a la vez que hacía lo que le había dicho. Disparé el flash varias veces, capturándola desde todos los ángulos favorecedores.
—Me encanta tu nuevo estudio, es muy espacioso y agradable, como tú —susurró Sasha.
—Sasha, ya conoces las reglas. Fue solo una vez, no volverá a ocurrir, ¿vale? —Sé que sonaba como un idiota, pero, ¿qué podía decir?
—Bien, tú te lo pierdes. —Rodó los ojos a la vez que se encogía de hombros.
Sasha era mi fiel modelo de desnudos desde hace un año. Habíamos hecho muchos trabajos juntos y era hermosa en todos los sentidos, grandes ojos azules, piel blanca con un toque de bronceado, piernas por kilómetros y cabello largo, castaño y sedoso.
No era tímida ni asustadiza, podía posicionarse en cualquier pose y lugar sin miedos ni tapujos, en fin, la modelo perfecta.
Fue hace dos meses que entre sesión y sesión fotográfica ambos caímos en la tentación y tuvimos sexo, pero fue solo eso, sexo y nada más.
No quería involucrarla más de lo debido, no quería lastimarla, porque a pesar de ser hermosa y talentosa sabía que no tendríamos un futuro juntos. Pero aun así, desde ese día, Sasha sigue insistiendo en volver a repetir, no me lo dice directamente, ni se insinúa descaradamente, pero siempre lo deja caer de una forma u otra, a pesar de mis negativas.
Ella era un espíritu libre, una aventurera de la vida. Llegó a los Estados Unidos como mochilera desde Rusia, junto a un grupo de amigas. Luego de recorrer Europa y Latinoamérica, decidieron que la gran manzana sería su parada final.
En cambio, yo estaba encadenado eternamente a mi familia y su legado de cinco generaciones de antigüedad.
Sí, me llamo Maximiliano V, a pesar de no ser el primogénito, y seré amargamente el heredero de una de las mayores compañías hoteleras de New York.
Los Collins siempre hemos sido reconocidos por nuestro dinero y nada más. Tener este pequeño pedazo de anonimato como fotógrafo es lo mejor para mí.
Solo pocas personas saben que me dedico a esto en los ratos libres que el agotador trabajo me permite tener, porque es mi sueño anhelado; mi madre, hermana mayor y algunos amigos íntimos.
—Eres mi amiga Sasha, te aprecio lo suficiente como para no permitir que te enamores de mí y romperte el corazón —respondí entre risas a la vez que me arrodillaba frente a ella y sacaba algunas fotografías desde este ángulo a su costado y perfil.
—¿Y si a mí no me importa que lo rompas? —gimió mientras abría las piernas demasiado, más de lo debido para esta sesión, justo delante de mi rostro.
—La respuesta sigue siendo no —Hizo un cómico puchero sobresaliendo su labio inferior —Solo pude reir—. Ya está, por hoy hemos terminado.
Se levantó delicadamente del suelo donde estaba recostada sobre las mantas de piel negra artificial, buscó su bata roja de seda, «la cual le tuve que comprar porque para ella era un requisito indispensable, no me preguntes porqué», y poniéndola sobre su esbelto cuerpo caminó hacia mí.
—Sabes que en mí puedes encontrar no solo una amante —Guiñó un ojo—, sino una amiga también. —Tomó mi mejilla con su mano de forma tierna y reconfortante.
—Lo sé, Sasha, sé que siempre puedo contar contigo. Sabes... —Fui interrumpido por el sonido de mi teléfono celular en una llamada entrante desde mi bolsillo delantero.
Al ver el nombre brillando en la pantalla un resoplido de puro fastidio escapó de mi boca.
—¿Quién es, el diablo? —Así le decía ella a mi padre, pero ¿quién la podía culpar? Realmente lo era.
Se alejó para darme privacidad en esta llamada no deseada en el día de hoy.
—¿Si, padre? —respondí.
—Maximiliano, hoy a las ocho de la noche tenemos una cena en casa, tu madre cocinará un menú especial y tu hermana vendrá también. Hoy es tu cumpleaños número veinte y siete y tengo una gran noticia que darte. No faltes. —Y dicho su veredicto con voz ronca y profunda por fumar desde que tengo uso de razón, colgó.
«Gracias padre, tan amable como siempre.»
—¿Estás bien? Te cambió la cara —preguntó Sasha preocupada.
—No pasa nada, es solo mi padre siendo su habitual ser. —Me encogí de hombros desviando la mirada.
Siempre había sido así, seco, distante y frío con mi hermana y conmigo. Y lo peor es que tenía la firme certeza de que ese momento antes era su "feliz cumpleaños" para mí. No debía esperar nada más.
—Lo siento cariño. Mira, este es mi regalo para ti, feliz cumpleaños. —Sonrió alegre mientras extendía una pequeña caja de cartón hacia mí.
—No tenías que comprar nada —dije, apenado por su gesto.
—Solo ábrelo, tonto. —Empujó el paquete en mi pecho.
La tomé en mis manos reconociendo el logo de mi marca para electrónica favorita. Dentro había una tarjeta SD de ciento cincuenta gigabytes de capacidad de almacenamiento. La tarjeta perfecta para mi cámara.
—Eres la mejor Sasha, gracias. —Besé su mejilla.
—Lo mejor para ti. —Me abrazó cariñosa.
Luego de recoger nuestras cosas y dejarlo todo organizado, cerré las puertas de mi nuevo estudio de fotografías.
Era un pequeño garaje en un edificio de ladrillos rojos. Tuve que mudarme del anterior, mi primer estudio desde que había decidido rebelarme secretamente de mi padre y cumplir mi deseo, en parte. El edificio se estaba derrumbando, literalmente, y era peligroso no solo para mí, si no para todos los habitantes.
Tenía muchos años y al dueño le faltaban recursos para poderlo reparar. Pensé en comprarlo, realmente me gustaba mi estudio anterior. Allí tenía muchos recuerdos y vivencias únicas, pero no quería llamar demasiado la atención, específicamente la atención de mi padre, y todo se fuera a la mierda.
Nos despedimos con un abrazo, caminando ambos por sendas opuestas, nunca mejor dicho.
Miré el reloj en mi muñeca izquierda, faltaban veinte minutos para las ocho, sino tomaba un taxi no llegaría a tiempo y mi padre realmente odiaba las tardanzas.
(...)
La mansión Collins me devolvió la vista, desde detrás de los cristales del taxi, en todo su esplendor.
—¿Pasa algo amigo? Pareciera que no quieres bajar —dijo el taxista, mirándome desde el espejo retrovisor.
—Es porque no quiero. Nunca me ha gustado ese lugar —respondí mirando aún el monumento de cemento con ventanas de cristal del piso al techo por donde se filtraba la luz del interior.
—¿De verdad? A mí me parece preciosa. —Lo miré por un momento y confirmé lo que ya sabía.
Había deseo y anhelo en sus ojos, saliva caía desde su boca, hipnotizado por lo que miraban sus ojos, un espejismo.
—Gracias por todo. —Pagué y bajándome caminé hacia la guarida del lobo, la que siempre había sido mi prisión.
Hola!!
Muchas gracias por darle una oportunidad a esta historia. Espero te enamore y termines amándola. Bss