Max —Te amo Julieta, y amo a nuestro hijo. Estamos juntos en esto, ¿sí? —Asintió mordiendo su labio inferior, en un intento para contener las lágrimas que ya caían sin remedio por sus mejillas. Ya está, lo dije. Finalmente dejé salir la bola de sentimientos atorada en mi corazón que no me permitía dormir tranquilo. Ella tenía que saberlo, yo tenía que decírselo de una buena vez, o me volvería loco. Julieta tenía una mezcla de emociones en su rostro, asombro, conmoción, alivio, temor, felicidad. ¿Era por la noticia del embarazo que aún tenía su mente alucinando? O ¿Era por lo que acababa de decir? Mierda, soy idiota. Le acabo de decir que la amo, después de enterarse de que lleva a nuestro hijo en su vientre, y estando en un hospital encima. Pero tenía que decirlo, liberar a mi alma

